sábado, 24 de marzo de 2012

Perdidos (3)

Los posts que he escrito sobre cine son de los que más visitan los internautas que bogan a la deriva por las procelosas aguas del ciberespacio. No sé qué pensarán al llegar a mi blog. Algunos supongo que pensarán que soy idiota. Puede que se pregunten: ¿Por qué nos cuenta este tipo la escena y no se limita a poner un enlace a Youtube para que podamos verla? Ah, amigos, el amor por la palabra escrita, que en nada es incompatible con el amor con la creación audiovisual. Es solo que mi blog no va por esos derroteros. Para eso ya existen otros blogs estupendos, como Cinetario, que lo podéis encontrar en mi lista de enlaces recomendados.

El último post que dediqué al mundo del celuloide es uno de los más concurridos:


Estas son algunas de las palabras clave de búsqueda que llevan a los internautas a mi blog:
escenas deuna vez en america
era se una vez america escena
erase una vez america escena online

He descubierto que la escena que tanto me gusta también ha fascinado a mucha otra gente. Aunque leyendo algunas palabras de búsqueda no sé si les interesa más la escena o la protagonista de la misma:
secuencia pasteles erase una vez en america
erase una vez en america escena peggy
peggy erase una vez america
erase una vez en america escena puta
peggy erase una vez en america follando


Los fanáticos del día de la marmota también abundan:


escenas día de la marmota
como termina la pelicula el dia de la marmota?
hotel pennsylvania el dia de la marmota
si no hubiera mañana significaría que no habría consecuencias.

Los hay que no entienden la película y buscan respuestas. Ahí puede que sí les haya servido de algo la visita a mi blog. Me satisface comprobar que algunas de las cosas que hago porque sí a veces sirven para ayudar al prójimo:
significado dia de la marmota
significado el dia de la marmota
el significado de la marmota en español
que significa la expresion en español dia de la marmota
metaforas en el dia de la marmota película

A otra gente con otro tipo de confusiones también puede que mi blog les haya ilustrado:
alex de la iglesia el dia de la marmota

Y no podían faltar los frikis:
poema dia de la marmota
poema de pelicula dia de la marmota
mazo magic el día de la marmota


Los seguidores de Forrest Gump no se quedan atrás:


escenenas forrest
forrest gump scena del adios de Jenny
el banco de forrest gump
frase forrest gump por que corres forrest?
escenas más importantes en forrest gump
escenas memorables de forrest gump

Hay algunos que no sé si buscan la escena en la que Forrest se cansa de correr como un imbécil o están hasta las narices de la película. Las construcciones gramaticales son confusas:
estoy muy cansado forres gump
estoy muy cansado de forrest gump


Y en los últimos tiempos, vaya usted a saber por qué, el post que escribí sobre Los lunes al sol recibe un aluvión de visitas:


escenas lunes al sol
escenas relevantes de los lunes al sol
escenas memorables los lunes al sol
escenas de subempleo los lunes al sol
escenas más importantes de los lunes al sol
escena los lunes al sol criterio
escena los lunes al sol criterio félix
la cigarra y la hormiga los lunes al sol moraleja
ensayos de los lunes al sol
escena los lunes al sol mejor
cuanto cuesta 8.000 pesetas lunes al sol
escenas impactantes de la pelicula lunes al sol
escena más impactante de los lunes al sol


Y, cómo no, también hay de vez en cuando algunos que saben de cine y buscan información sobre la película más grande del cine español.  Temo ser redundante si digo que me refiero, como no podía ser de otra manera, a Amanece, que no es poco. Este post lo titulé con una de las últimas frases memorables de la película:


Curiosamente es lo mismo que escriben muchos internautas:
me cago en el misterio


Para terminar esta nueva entrega de Perdidos, os dejo algunas de las últimas palabras clave que han llevado a mi blog a esos seres humanos que muestran algún tipo de interés por la especie canina. Lamento que su paso por aquí no haya satisfecho sus expectativas:
perros ladradores
perro ladrador solución
persecucion contra los perros en lavapies
muertes de perros por musulmanes en España
perro de froilan de marichalar
follando niña paseando perro
se queda enganchada follando con perro
jovencitas cachando con perros
lecturas de mujeres follando con perros
follando duro con perros
ninas cojiendo con su perro
mejeres cojiedo con perro
perro   folla   con  una mujer   y  se  queda  enganchado
camara  oculta  follando   con  su  perro
jovencita follando se queda enganchada con su perro
hombre penetrando a perro
follada por perros y hombre al mimo tiempo

martes, 13 de marzo de 2012

Los santos inocentes

Aunque tengo 40 años recién cumplidos, yo diría que empecé a trabajar allá por los albores del siglo XX, y no digo el XIX porque más o menos por las fechas en las que nací mi padre vendió las mulas y compró un Barreiros de segunda mano, lo que vino a traer la revolución industrial a mi casa.  El Barreiros y la aparición de la cosechadora, que acabó con las hoces y los segadores,  eran los únicos elementos anacrónicos en un escenario más propio de una sociedad agraria preindustrial, en parte de autoconsumo y principalmente de subsistencia. Los calendarios que te regalaban las cajas de ahorros, que llevaban un ritmo distinto, andaban por los primeros años de la década de los 70.
Yo empecé a ayudar en el campo siendo muy niño y nunca me pareció raro. Casi todos los chicos de mi edad cuyos padres tenían tierras ayudaban en las labores agrícolas. Nunca se nos pasó por la cabeza que aquello pudiera estar mal. Ni mucho menos que pudiera tratarse de explotación infantil. Era la costumbre en el terruño manchego.
Siendo ya  un adolescente gané mis primeros jornales vendimiando ajeno, que así se llama en mi pueblo ir a recoger la uva de otro a cambio de un jornal exiguo. Por entonces, para estas recolecciones no te daban de alta en la Seguridad Social y el amo, que así se llamaba y creo que se sigue llamando al dueño de las viñas, te pagaba en metálico. En el campo incluso había trabajos en los que aún pagaban en especie, o más bien en especia, que recuerdo que a los que mondaban la rosa del azafrán se les daba una tercera parte de su producción. Los sicalípticos calendarios de los talleres mecánicos andarían ya por la segunda mitad de la década de los 80 y todo lo que yo sabía de la modernidad se lo debía a La bola de cristal, aunque muchas veces me quedaba sin ver el programa por la inveterada costumbre que tenía mi padre de llevarme casi todos los sábados al campo.
Por todo este bagaje supongo que no me resultó extraño empezar a trabajar de camarero sin que me hicieran contrato. Cuando dejé de ser aprendiz y me concedieron los galones de camarero, recuerdo que mi jefe me ofreció alguna vez, sin mucho entusiasmo, la posibilidad de darme de alta en la Seguridad Social a cambio de restar de mi triste salario el importe de ese capricho. Por entonces trabajaba solo los fines de semana y los periodos vacacionales y necesitaba todo el dinero que pudiera conseguir para pagarme los estudios. Le dije que no, claro. Tampoco me parecía tan raro trabajar sin contrato. Era algo que llevaba haciendo toda la vida.
En los 90 me fui a Madrid y pasé varios veranos en la construcción a las órdenes de contratistas que me hacían firmar mi despido voluntario el mismo día que firmaba el contrato. En mi solicitud de despido quedaba en blanco la fecha para rellenarla cuando estimaran oportuno. Salvo un mes que trabajé para unos impresentables, nunca tuve ningún problema. Todo se basaba en la buena voluntad de ambas partes y tengo que reconocer que siempre me despidieron cuando yo lo pedía, que solía coincidir con el final del verano y el arranque del curso universitario. Yo sabía que todo aquello era, cuanto menos, irregular, pero me parecía de lo más natural. Era lo que todo el mundo hacía. Y a mí al menos me hacían contrato, que por entonces ya había en la construcción muchos inmigrantes trabajando de forma ilegal y por un sueldo inferior al mío.
En aquellos primeros años de la década de los 90 también tuve mi primer contrato totalmente legal. Fue con una empresa de limpieza, que me contrató para que sacara lustre a los cristales de algunas sucursales bancarias. En aquel trabajo me sorprendió que la nómina reflejara con exactitud las horas que trabajaba y el dinero que cobraba. La falta de costumbre. En la construcción, que había sido hasta el momento mi único trabajo más o menos regularizado, solía cobrar en B las horas extras.
A rachas volví a trabajar de camarero, sin contrato o con un contrato de veinte horas semanales por si algún inspector de trabajo tenía la feliz idea de darnos una sorpresa, que en aquellos tiempos las inspecciones empezaron a ser un poco más serias.
Cuando terminé la carrera, la crisis era tan galopante que tuve que volver a la hostelería para no tener que irme de Madrid. Encontré trabajo en una cadena de cafeterías. Firmé un contrato de 40 horas semanales para terminar trabajando más de 60 sin cobrar horas extras, y a un ritmo tan frenético que solo algunos inmigrantes desesperados eran capaces de aguantar durante mucho tiempo. Yo lo conseguí durante todo un verano.
Ese fue el último sitio en el que me explotaron. Poco después encontré un trabajo que me gustaba y en el que, aunque no me pagaban mucho, todos mis derechos sindicales estaban reconocidos según convenio.
No quería contar todo esto para hacer un retrato dickensiano y lacrimógeno de mi infancia y juventud, sino para reflexionar sobre las ideas que me inculcaron, ya en plena democracia, sobre los derechos laborales. Supongo que las vivencias de muchos españoles no distan mucho de las mías. Son prácticas que incluso hoy, cuando los calendarios de los móviles indican que estamos en el siglo XXI, se han seguido manteniendo, aunque los afectados hayan sido en muchas ocasiones inmigrantes. Hasta ayer mismo veíamos con normalidad, incluso con comprensión e indulgencia, el incumplimiento de los convenios sindicales. Y de los sindicatos verticales del franquismo, que fueron anteayer, mejor no acordarse.
Puede que todo esto explique por qué en este país no hay un sentimiento sindical arraigado. Estoy convencido de que los cuarenta años de dictadura franquista son los responsables de que el movimiento sindical no haya evolucionado en España de forma natural. Supongo que lo mismo hubiera pasado en toda Europa si Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial.
Con la llegada de la democracia intentamos importar el sistema de las socialdemocracias europeas. Sin revoluciones, sin violencia, sin estridencias, como no se cansan de repetirnos. Pero esa transición pactada con los reaccionarios e impuesta por un referéndum sin alternativas solo nos sirvió para crear una copia defectuosa de lo que debería ser una democracia. Los sindicatos nacieron de la mano del Estado y nunca han llegado a cuajar porque los liberados sindicales no dejan de parecernos una suerte de funcionarios pesebreros y protestones.
No sé si en Madrid, en Cataluña, en el País Vasco y en el resto de zonas más industrializadas de España el sentimiento sindical tiene un arraigo mayor, pero sí sé que muchos españoles pasamos de un día para otro del Antiguo Régimen a una revolución industrial tardía lastrada por las convenciones del régimen franquista, que poco a poco había ido haciendo concesiones a los oropeles de la sociedad de consumo para disimular sus taras.
Muchos españoles todavía no han terminado de creerse que los trabajadores tengan que tener unos derechos. Seguro que ven mucho más razonable –porque así ha sido desde siempre- agachar la cabeza y obedecer sin rechistar al patrón (o al amo), que para eso es el que paga.

viernes, 2 de marzo de 2012

Perdidos (2)

Esta segunda entrega de Perdidos la voy a dedicar a esos posts que escribí con mucha ilusión pero sin ninguna esperanza de que llegaran a entrar en el top ten de los más visitados. Y es que a veces las sorpresas que les deparan los buscadores de internet a los internautas son tan desconcertantes como los mismos internautas.

Nunca me hubiera imaginado que hubiera tanta gente buscando en la red una fórmula mágica (y gratuita) para escribir poemas, cuentos y novelas. Ni mucho menos que su número pudiera rivalizar con la multitud que busca recetas de cocina o métodos para fabricar bombas caseras.

Para todos ellos escribí este post:


Espero que a mucha gente le haya servido para ahorrarse tiempo. O dinero. O ambas cosas, después de haber considerado seriamente la firmeza de su vocación literaria.

Esta es solo una muestra de las palabras de búsqueda que encuentro cada día en mi blog:
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Y hasta en otras lenguas romances:
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Tampoco esperaba que mi sección de cuentos con moraleja causara tanto furor. Ideé la sección por lo irónico que resulta ver la realidad de nuestro siglo a la luz de los cuentos tradicionales. Y también porque me divierte mucho coger un cuento clásico y hacer una adaptación más moderna. Ya dije en mi anterior entrega de Perdidos que el cuento de El traje nuevo del emperador  y El cuento de la inundación estaban en el podio del blog. Aquí os dejo otros cuentos muy visitados y las palabras de búsqueda que a muchos les han llevado a ellos:


moraleja de dios


cuento las ranas y el sol
el sol y las ranas moraleja
el sol y las ranas fabulas fedro


cuento moraleja búho


juan manuel: cuento 6:la golondrina
las golondrinas y el lino
cuento las golondrinas
cuento ocn moraleja de golondrina


cuentos tomelloseros


el cuento de la zorra
cuento la zorra y las uvas
la zorra y las uvas samaniego comentario texto

Otros llegan al blog buscando cuentos y moralejas y acabarán en cualquier parte de la sección:

blog relatos con moraleja
cuentos inventados con moralejas
moraleja de los que no creen en dios
cuentos con honda
cuentos resolución de problemas moraleja
cuentos del dia de las mdres con moraleja
cuentos de esopo fecha y siglo cuando se iso el cuento
las 3 ranitas moralejas
cuento con moraleja sobre cotillas
moralejas del 2012
moraleja desanimo
ideas para hacer un cuento con moraleja
moraleja de un cuento de evitar ser engañado
cuentos con moraleja bloggers
moraleja el enemigo y el espejo
cuentos  trabajadores con moraleja
plegarias con moraleja


Para terminar os dejo una selección de las búsquedas de los innúmeros amantes de la especie canina que acuden a mi blog engañados por el reclamo de su título:
acabar perros ladradores blog
un cuento de el perro ladrador
bañar a un perro despues del froila
perro ladrador solución
perros ladradores comunidad de Madrid
ladrador bebe precio
chiste del perro con contrato fijo
me agache a recogerlo y el perro
mujeres austriacas follando con perros
jovencita se deja follar por perro y se queda enganchada

martes, 21 de febrero de 2012

Cuentos con moraleja: Los extraterrestres y el tricornio

Alguien podría pensar que este chiste tiene el regusto de tiempos pretéritos. Sin embargo, han sido las últimas actuaciones de los Cuerpos de Seguridad del Estado en tierras levantinas las que me lo han traído a la memoria:

    Llegaron dos extraterrestres a la Tierra y empezaron a recoger muestras para analizar en su planeta. Lo tuvieron fácil porque habían aterrizado con su nave espacial en un vertedero de las afueras de Madrid.
     Allí la tarea que se les había encomendado resultaba la mar de sencilla. Uno recogía una bota; el otro, un peine; el primero, una botella de Fanta vacía; el segundo, una jaula de canario sin inquilino. Y así iban recogiendo y catalogando transistores rotos, escobas, ratas y cualquier cosa que encontraban en aquel hacinamiento de desechos.
       Como habían estudiado las peculiaridades del planeta Tierra antes de venir, identificaban con facilidad la mayoría de los objetos o bichos que se incautaban. Hasta que uno de ellos encontró un tricornio de la Guardia Civil y no supo qué apuntar. Lo miró intrigado durante un rato y después le preguntó a su compañero si sabía qué era aquello.
         -No sé. ¿Una palangana?
         -¿De este color? ¿De este material?
         -Bueno, pues una maceta.
         -No tiene agujero.
         -Una bota.
         -¿Has visto tú algún pie humano que tenga esta forma?
         -¡Ya lo tengo! ¡Ya lo tengo! ¡Un sombrero! ¡Un casco!
         El marciano que sostenía el objeto lo observó unos segundos y luego se lo puso en la cabeza. En efecto, era un casco. Un casco con picos. Le gustó tanto que se lo dejó puesto mientras seguían recogiendo muestras.
         Un par de horas más tarde, el marciano que llevaba puesto el casco se quedó mirando a su compañero con una cara de mala leche que echaba para atrás.
         -¿Qué te pasa? –le preguntó el otro.
         -Pues no lo sé, pero por lo que sea me están dando unas ganas increíbles de darte un hostión.

En estas últimas décadas han pasado a formar parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado jóvenes nacidos o educados en el periodo democrático. Por eso hemos querido creer que en la Policía y en la Guardia Civil todo estaba cambiando. Incluso quise pensarlo la noche del 20 de marzo del año pasado, cuando miles de ciudadanos nos apiñamos en Sol dispuestos a no dejarnos desalojar y pudimos ver un comportamiento ejemplar de la Policía Nacional, un comportamiento que se correspondía con el de las miles de personas que se manifestaron pacíficamente.

Supongo que el mérito fue del Ministerio del Interior, entonces en manos de Rubalcaba. Las peticiones desaforadas de Esperanza Aguirre para que la Comunidad de Madrid tuviera su propia policía parece que así lo demuestran. Y da la sensación de que a la presidenta de la Comunidad de Madrid, ahora que sus colegas controlan el Ministerio del Interior, ya no le urge la creación de este cuerpo.

Por eso no quiero responsabilizar a la Policía Nacional o a la Guardia Civil de la que se nos viene encima. Son sus amos los que les azuzan para que muerdan. Y no suelen fallar cuando sueltan a los antidisturbios, que son sus perros de presa preferidos.

Supongo que en la Policía Nacional o en la Guardia Civil necesitan algo así como un código deontológico, unos límites éticos que les sirvan para oponerse a los despropósitos de los que mandan. No recuerdo el caso de ningún policía o guardia civil que haya hecho uso de la objeción de conciencia para desobedecer una orden que atente contra la ciudadanía.

Ni voy a culpar a todos los antidisturbios ni voy a exonerar al colectivo. En las imágenes de estos días se ve claramente cómo son solamente algunos los que aplican con violencia y rigor las órdenes que supuestamente reciben. Porque dar o no el último golpe en muchas ocasiones solo depende de la voluntad de cada agente. Me pregunto si son tan fieles por la mierda de hueso con el que los recompensan o si es que hay algo de sadismo en algunas de esas acciones.

Me duele ver que hay ciertas cosas que no cambian. Sobre todo porque sé que esos policías son gente como nosotros: tipos que fueron a las mismas escuelas que nosotros, que vieron los mismos programas de la tele que nosotros, que tienen en sus casas problemas parecidos a los nuestros, y que incluso puede que pertenezcan a nuestras mismas familias. No puedo entender por qué se transforman cuando se ponen el uniforme y esconden su rostro tras la pantalla de policarbonato que les protege. Supongo que se sienten igual de desinhibidos que los que se disfrazan en Carnaval y saben que todo lo que digan o hagan  bajo esa máscara no tendrá consecuencias.

viernes, 17 de febrero de 2012

Perdidos (1)

Ya hace mucho tiempo que descubrí que, como administrador de mi blog, podía acceder a un apartado muy interesante donde aparecen las estadísticas de las visitas al blog. Probablemente uno de los más visitados por los blogueros, que es muchas veces la vanidad, y no otro sentimiento más noble, la que nos anima a escribir en internet sin que el sacrificio nos reporte beneficios económicos. Sin embargo, a pesar de ser asiduo visitante de esta sección, tardé bastante tiempo en darme cuenta de que había un apartado aledaño llamado “Palabras clave de búsqueda”. En cuanto lo encontré supe que aquello era un potosí para cualquier aficionado a las desviaciones psíquicas del género humano. En las “Palabras clave de búsqueda” aparecen, de forma casi milagrosa, las palabras que los internautas han introducido en los buscadores para haber terminado allí.

Fue también una cura de humildad. Comprendí que muchos individuos que engordan el número de visitas de un blog llegan a él por casualidad y se van decepcionados.

Voy a aprovechar este post para rescatar viejos posts con la misma técnica que usan las series americanas para hacer de vez en cuando y por la cara un capítulo recopilando, con cualquier excusa, recortes de otros anteriores.

Por ser el primer post que hago sobre este tema me voy a centrar en los tres posts que ocupan el podio de mi blog.

El número 1 corresponde a:

Supongo que las mermadas capacidades hermenéuticas de algunos ciudadanos son las responsables de que aparezcan constantemente búsquedas de esta guisa:
moraleja el traje nuevo del emperador
moraleja del cuento andersen emperador

También los hay que buscan versiones, aunque nunca me dicen si les gusta la mía:
el traje nuevo del emperador versiones distintas
distintas versiones de lo que sucedió a un rey con los pícaros

Y los que me hacen más gracia son los que terminan en mi blog porque no conocen El rincón del vago:
trabajo con el cuento el traje nuevo del emperador

El número 2 del podio está ocupado por los que odian al Real Madrid (no deja de ser irónico que también aquí esté el Real Madrid de número dos):

Las búsquedas más habituales son las que reproducen el prosaísmo del inequívoco título de mi post:
odio al real Madrid
odio el real madrid

Luego están los finos:
detesto al real Madrid

Y los líricos:
poema de odio al real Madrid

Y los reflexivos:
porque se odia al real Madrid

Y los morbosos:
fotos de odio al real madrid fotos

Y los frikis:
el perro que odia el real madrid
camiseta del real madrid para un perro labrador


En el número 3 está este post:

Nunca pensé que mis “cuentos con moraleja” fueran a tener tanto éxito. “El cuento de la inundación” lleva una temporada sin muchas visitas, pero durante mucho tiempo fue uno de los más visitados. Creo que eran hispanoamericanos los que introducían estas palabras clave:
moraleja cuento de la inundación
cuento de la inundación moraleja

Supongo que buscaban algún cuento hispanoamericano con ese título, pero a día de hoy no me ha dado por investigarlo. Me da pereza. Sobre todo sabiendo, como sé, que lo más probable es que todos mis esfuerzos terminen desembocando en mi propio blog.

También ha habido otros que han acudido al reclamo de este cuento buscando cosas como:
cuento hombre helicoptero inundaciones

Y a otros a los que puede que mi post sí les haya servido de ayuda:
una moraleja de inundaciones
cuento dios inundacion cura
cuentos de dios y el hombre con moraleja

Y aquí me planto. Otro día continuaré con este apasionante estudio sociológico.

Os dejo para terminar algunas palabras clave desconcertantes:
"profesores malisimos" van corriendo
hombres penetrando a las chicas
llevo mas de sesenta dias con la cuarentena
juegos de la maria estupida y el felix tan bien
http://comandito-39.blogspot.com (en comandita)
nina desnuda index

En algunos casos ignoro qué era lo que buscaban los seres confusos y desnortados que las introdujeron en un buscador. En otros, no sé por qué misterios de la informática acabaron en mi blog.

En estos últimos tiempos también he tenido algunas visitas muy sospechosas. Es posible que buscaran a alguien con mi mismo apellido, alguien que evidentemente no soy yo. Creo que ha sido una moda pasajera porque en los últimos días no han vuelto a aparecer:
chacon wikipedia
odio a  chacon
la tonta de chacon
chacon en cronicas marcianas
frases de chacón + piratas
estais contentos de no tener a chacon en el ejercito
chacon para follar

lunes, 13 de febrero de 2012

Cuando me paro a contemplar mi estado

Hace pocos días cumplí cuarenta años. No me gustó nada. Y eso que llevaba un par de años diciendo que estaba más en la cuarentena que en la treintena para irme haciendo a la idea. Ahora he visto que una cosa es decirlo y otra bien distinta saber que los tienes. Los años pesan y no solo en la báscula.

Cuarenta años es una cifra redonda que te invita a pensar, a hacer balance. Supongo que cada vez que inicias una década la ocasión se presta.

Sorprendentemente me arrepiento de pocas cosas de las que he hecho en mi vida, prácticamente de ninguna. Supongo que esto, dicho así, suena un poco soberbio y sé que los hombres de vida errática que finalmente se arrepienten de sus pecados y piden perdón gozan de las simpatías del público, pero ya no tengo edad para intentar pasar por lo que no soy.

Desde mis dieciocho años hice lo que quise. Puede que incluso desde los dieciséis. Tomé mis propias decisiones y asumí en todo momento las consecuencias. No es una cuestión de autocomplacencia. A veces me equivoqué y otras acerté. Pero hice míos tanto los errores como los aciertos porque siempre medité mucho cada uno de mis pasos.

Como nunca improvisé demasiado, puede que algunas veces, con tanta prudencia, restara emoción a mi vida. Fue el precio que tuve que pagar por andar durante muchos años en la cuerda floja. Me pasé tanto tiempo haciendo funambulismo sin red que aún me asombra no haberme desgraciado en ninguna aparatosa caída. Supongo que fue en parte gracias a esa prudencia de la que hablaba antes.

Por esa ética contumaz que padecemos todos los que no tenemos creencias religiosas casi toda mi vida me he sentido obligado a ser íntegro, algo que más o menos creo haber conseguido. Por eso no me arrepiento de nada. Como no sea de cosas muy puntuales e intrascendentes. Quizá no debí decir eso en aquella ocasión. Tal vez debería haber dejado ese trabajo un poco antes. No tuvo sentido esperar tanto aquello. Perdí el tiempo con esa gente que no merecía la pena. Etcétera. Nada grave. Tomé mis propias decisiones y no tengo nada que reprocharme.

Por suerte o por desgracia, cuando era joven me despegué lo suficiente de mi familia para no tener que hacerlos partícipes ni de mis éxitos ni de mis fracasos. Luché por lo que quise y si algo no salió, quizá fue porque desistí antes de tiempo, o porque no me lo merecía, o porque la suerte no me acompañó. No tengo nada que reprocharle a la suerte: ni siempre estuvo de mi parte ni siempre estuvo en mi contra. En todo momento intenté tener claro adónde iba y me esforcé todo lo que pude.

Y sin embargo ahora, cuando se supone que todo debería ser más fácil, es cuando más dudas tengo.

Cuando era pequeño nadie me habló nunca de política, pero en aquellos años de la Transición había algo en el ambiente que invitaba al optimismo. Uno podía pensar que con esfuerzo y un poco de suerte cualquier cosa era posible. Lo pasé mal en muchos momentos de mi vida, pero mi trayectoria personal, en líneas generales y dejando aparte las crisis coyunturales,  siempre fue de menos a más. Y eso siempre anima.

Ahora todo está cambiando demasiado rápido. La aguja de la brújula de mi vida, que en otros tiempos tan bien me funcionó, gira de forma alocada. Probablemente ya no encuentra norte al que dirigirse. Nos lo han quitado todo a cambio de una conexión a Internet y un smartphone. Es deprimente ver a tantos individuos con un teléfono que les supera en inteligencia.

Resulta paradójico que toda esa información que tenemos a nuestro alcance no sirva para nada positivo. Porque toda esa información que fluye por caudalosas corrientes invisibles termina anegándonos. Y ya no sé si este empacho de megabytes nos hace más libres o nos obliga a soportar un peso tan oneroso que finalmente nos frena, nos atonta, nos aturulla.

Por eso, después de toda una vida mirando hacia delante, ahora temo equivocarme al dar mi próximo paso. Porque tengo el presentimiento de que la próxima vez que haga balance (¿con cincuenta?, ¿con sesenta?) tendré que arrepentirme por no haber sabido hacia dónde avanzar en estos momentos. O por haberme quedado quieto y no haber ido a ninguna parte.


“¡Me conservo entero!”, se decía el cascote.

                               Rafael Sánchez Ferlosio