domingo, 1 de diciembre de 2013

Cuentos con moraleja: el chiste del cubano

Cómo me reía hace unos años contándoles este chiste a mis amiguetes procastristas:

Dos hombres que no se conocían coincidieron en los asientos contiguos de un avión y en mitad del vuelo se pusieron a charlar. En un momento dado, uno le preguntó al otro:
–¿Y usted de dónde es?
–De Cuba –respondió.
–Ah, de Cuba. ¿Y qué tal les va ahora por allí?
–No nos podemos quejar.
–Ah, pues me alegro de que os vaya mejor que antes.
–No, no me ha entendido. Lo que le digo es que en Cuba no nos podemos quejar.


Esta semana volví a toparme con el chiste en internet y el protagonista ya no era cubano, sino español. Y no me hizo tanta gracia.

Con las leyes que tenemos, ahora mismo están pidiendo cuatro años de cárcel para cinco profesores que en septiembre de 2011 se manifestaron de forma espontánea en Guadalajara. Y han sido muchos los ciudadanos que han recibido multas de 600 u 800 euros por participar en concentraciones improvisadas, una cantidad muy alta para un trabajador en apuros o un parado, que suelen ser los que acuden a este tipo de convocatorias.

La “ley mordaza” quiere imponer sanciones de hasta 30.000 euros por perturbación grave en oficios religiosos para poder multar a los que abuchean a la Cospedal cada vez que va al Corpus; o por concentrarse ante el Congreso aunque esté vacío; o por escalar un edificio público como acción protesta, que deben de ser muy peligrosos esos individuos de Greenpeace. Y las hay mayores, de hasta 600.000 euros por convocar una manifestación o por acudir a ella el día de reflexión previo a las elecciones; o incluso por celebrar un espectáculo público o una actividad recreativa que ha sido prohibida por las autoridades. Y esta es la versión light de la ley, que el proyecto inicial era más salvaje.

Vuelven los chistes de españoles, y en esos chistes siempre somos los más graciosos, pero también los más tontos.