Este jueves también acompañaré a Óscar Aguado en la presentación que hará en Toledo de El falso llano.
martes, 16 de mayo de 2017
lunes, 8 de mayo de 2017
Presentación en Madrid de 'El falso llano', de Óscar Aguado
Este jueves estaré en el Aleatorio de Madrid presentando El falso llano con Carlos Ávila y Óscar Aguado, su autor. Óscar Aguado me concedió el honor de escribir el prólogo de
su poemario y será todo un placer acompañarle en esta presentación. El
Aleatorio está en Malasaña, en la calle Ruiz, número 7. El acto será a las 21
horas.
sábado, 1 de abril de 2017
En la picota
A
mí me da miedo la Audiencia Nacional, lo que pueda hacer con ciertas leyes que
a unos jueces les permiten decidir, de forma subjetiva y parcial, y con un
sesgo ideológico marcado, qué es o no “enaltecimiento del terrorismo”. Pero más
miedo que la Audiencia Nacional me dan todas esas personas que aplauden y jalean
que condenen a alguien por un puñado de chistes de humor negro.
He
leído comentarios en Internet de gente que se alegra de la condena de Cassandra
Vera porque sus chistes no les parecen graciosos, porque el humor negro no les
gusta, porque la consideran moralmente despreciable por ciertos tuits en los
que deseaba la muerte a alguien. También he visto a algunos que se referían a ella en
masculino para burlarse de su condición de trans o a otros que directamente la insultaban. Esta chica no solo ha sido
condenada a un año de prisión y siete de inhabilitación, sino también a la
humillación en la picota de la opinión pública.
En
otros tiempos, las ejecuciones, los tormentos y las humillaciones públicas se
llevaban a cabo en mitad de las plazas –con picotas de verdad, sambenitos y
autos de fe– para disfrute de gran parte de la plebe, que insultaba, escupía y
arrojaba inmundicias a los condenados para participar de la fiesta de la
justicia. Hoy estas humillaciones públicas tienen lugar en las redes sociales y
los medios de comunicación. Basta con echar un rápido vistazo a los comentarios
de las noticias en los periódicos digitales para saber de lo que estoy
hablando. El único avance significativo de estos tiempos es que en Internet no se
puede escupir ni arrojar inmundicias, como no sea metafóricamente.
En
el caso de Cassandra Vera han dado mucho que hablar unos tuits que se le
atribuyen en los que se burlaba del accidente de moto que tuvo Cristina
Cifuentes en 2013. Si son suyos, no deberíamos olvidar que se trata de bromas
–de dudoso gusto, por supuesto– de una chica que, por entonces, ni siquiera
tenía dieciocho años. Seguro que muy pocos de nosotros soportaríamos un
escrutinio meticuloso de todo lo que hemos dicho y opinado a lo largo de
nuestras vidas, y mucho menos si pudiéramos rescatar los disparates que
probablemente dijimos en nuestra adolescencia, ese periodo de la vida sin
grises ni tonos intermedios. Si tuviéramos que condenar a todas aquellas
personas que en algún momento han deseado la muerte de alguien o que se han
reído de alguna desgracia ajena, en España casi no quedaría nadie fuera de las
cárceles. Para empezar habría que meter en ellas a algunos de los que hoy están
celebrando la condena de Cassandra Vera, que es lo mismo que celebrar que en
España haya desaparecido la libertad de expresión.
No
sé cuántos miles o millones de personas jalean hoy las sentencias represoras de
la Audiencia Nacional, pero tengo la sensación de que no es una parte
desdeñable de nuestra sociedad. Y eso es lo que me aterra. En democracia, los
políticos solo se atreven a legislar despropósitos como la bien llamada Ley Mordaza
cuando saben que cuentan con un gran respaldo de su electorado. Y nuestra
sociedad parece estar olvidando que la defensa de la libertad
de expresión debe ser firme y sin fisuras, sin peros, sin disensiones. Incluso
para defender la libertad de expresarse de gente como los de Hazte Oír. Otra
cosa muy distinta es que piense que esas asociaciones deberían perder todo tipo de
subvenciones públicas o exenciones fiscales por difundir mensajes de odio y
rechazo hacia ciertos colectivos. Tampoco me parecería bien, obviamente, que
ningún organismo público patrocinara el Twitter de Cassandra Vera.
Si
en las redes sociales hay personas que te desagradan porque no te gusta el
humor negro, porque te parece que sus chistes no tienen ni puta gracia o porque
piensas que son repugnantes, no hace falta que las metas en la cárcel
para que desaparezcan de tu vida. Es tan fácil como hacer clic y dejar de
seguirlas. La libertad para expresarse siempre debe ir acompañada de la libertad
para taparse los oídos o dejar de leer. Y esa de momento nadie nos la ha
arrebatado.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Cuentos con moraleja: Los esclavos y la libertad
Un hombre que era dueño de
varios esclavos los mandó llamar y les dijo:
–He decidido concederos la libertad.
Los esclavos encajaron mal
la noticia y el hombre no entendió sus caras de disgusto. Uno de los esclavos
habló en nombre de todos:
–Es que así no puede ser. La libertad la
tenemos que conseguir nosotros. Si tú nos obligas a ser libres, ya no somos
libres de elegirla.
–Bien, de acuerdo, lo entiendo. Decidme entonces
si queréis que os dé la libertad o no. Pedídmela vosotros y os la concederé.
El enfado de los esclavos
fue en aumento:
–¡Pero
no nos puedes dar órdenes!
–¡Así nunca podremos ser libres!
–¡Somos
nosotros los que debemos decidir cuándo y de qué manera!
Ni los esclavos ni su amo fueron capaces de
solucionar aquel malentendido y el conflicto terminó en una guerra larguísima,
una guerra en la que los contendientes llegaron a olvidar la razón por la seguían luchando.
Siempre
que pienso en los problemas que nuestra sociedad tiene para llegar a la
emancipación femenina o a la liberación total de la mujer, me acuerdo de esta
historia, y hoy me ha parecido un buen día para contarla. Para un hombre, opinar sobre este tema es terreno resbaladizo y
peligroso. Esa es la razón por la que no suelo atreverme. No quiero parecer
como esos hombres que se declaran abiertamente feministas y de forma condescendiente
y paternalista les conceden a las mujeres, al menos de boquilla, el derecho a ser
iguales. La condescendencia y el paternalismo implican siempre un podio más
elevado, y no me parece un buen punto de partida para llegar a la igualdad que
uno de los bandos se sitúe en un plano superior.
Por
eso estoy convencido de que deben ser las mujeres, de que debéis ser vosotras
las que tenéis que poneros a la altura de los hombres, a nuestra altura, y
ocupar el espacio que os corresponde sin necesidad de esperar a que os demos
ningún tipo de autorización. Nosotros no podemos concederos lo que solo vosotras, por
vosotras mismas, podéis conseguir.
Después
de al menos cien años de lucha, es bastante desolador ver que en los países
occidentales –de los otros mejor no hablamos– las mujeres aún no se han
liberado de las obligaciones que la sociedad heteropatriarcal les ha impuesto.
Vivimos en un mundo en el que un puñado de feministas gritan mucho en las
barricadas mientras son legión las que, en mayor o menor medida, se siguen
resignando a cargar con esas imposiciones. Quizá todo se acabe el día en el que
todas, o al menos la mayoría, lo tengan claro. Ese día poco importará lo que
pensemos los hombres.
Y
aquí lo dejo, que seguro que a estas alturas, como el amo de los esclavos, ya he metido la pata
en algún punto y hay por ahí alguna feminista que se está cabreando mientras
lee estas líneas. Hoy, para variar, no es mi intención meterme en ningún lío, y
menos con las feministas, que de alguna forma me imponen mucho respeto. Tenía
este cuento en la cabeza y no he podido evitar contarlo.
miércoles, 22 de febrero de 2017
miércoles, 15 de febrero de 2017
Poetas del Tajo Muerto en La Esquina del Zorro
Este viernes, a las 20 horas, participaré en el ciclo Poétikas junto a otros poetas toledanos. Este ciclo de poesía está coordinado por Gsús Bonilla y tiene lugar en La Esquina del Zorro, una de las librerías de Madrid que más se preocupa por la poesía. Está en la calle del Olivar, 34, metro Nueva Numancia.
lunes, 13 de febrero de 2017
Asedio
Durante
años no les abrí mi corazón
No
dejé entrar a nadie y resistí el asedio
Ni
siquiera los amigos traspasaron mis muros
Aunque
me llamaran insensible tantas veces
Cedí
por fin un día
Y
aún no sé por qué
Les
dejé entrar
Saquearon
mi casa
Me
desnudaron
Y
me apalearon
Exhibieron
mis vergüenzas
Violaron
mis secretos
Lo
arrasaron todo y se fueron
jueves, 9 de febrero de 2017
Trainspotting
En
1996, cuando se estrenó Trainspotting,
los yonquis de la vida real no eran nuestros personajes favoritos. En aquellos
años se estaban convirtiendo en una especie en vías de extinción, aunque aún te los tropezabas de vez en cuando por las calles de Madrid. Si estaban de buenas,
podías tranquilizarlos fácilmente con alguna excusa o dándoles veinte durillos.
Si el mono era galopante y te amenazaban con una jeringa sidosa, los encuentros
no solían ser tan agradables. Pero el caballo empezaba a estar pasado de moda y
se imponían otras drogas, como las anfetas, los equis, los tripis y la cocaína,
que era ya entonces la reina de la fiesta.
Por
ese desajuste entre la realidad y la ficción, resulta muy curioso que Trainspotting, que cuenta las aventuras
y desventuras de un puñado de yonquis con aficiones despreciables, se
convirtiera en un fenómeno generacional. Porque atrapó no solo al público que
consumía drogas y transitaba por el lado más salvaje de la vida, sino a un
amplio abanico de espectadores entre los que estaban muchos que no se habían
fumado un porro en su vida.
Para
mí la clave del éxito de Trainspotting
se encuentra en las primeras frases de la película, en voz en off y al ritmo del “Lust for life” de
Iggy Pop: "Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una
familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches,
equipos de compact disc y abrelatas
eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar
hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa
deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una
amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los
domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que
embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida
basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo
miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has
engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida... ¿pero por qué
iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa.
¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”
Esta es la idea sobre la que se construye toda la película. En la vida solo hay
dos opciones: aceptar las reglas del juego de los mayores (buscar trabajo,
conseguir dinero, ligar, tener una familia…) o negarte a pasar por el aro. La
heroína, en ese caso, viene a ser, metafóricamente, la manera de decir no a
todo eso. De una forma tajante, demencial y suicida. De una forma poética.
La
novela de Irvine Welsh es excepcional, pero creo que no pasa de ser el retrato
de una parte de la juventud de Edimburgo en los años ochenta. Supongo que los
escoceses, o acaso los británicos, que vivieron aquellos años también se verán
muy identificados en el libro. Pero Danny Boyle con su película hizo que la
historia trascendiera y fuera más allá de una época y un lugar. Y sin
traicionar en ningún momento el espíritu del libro, su realismo crudo y su
humor grueso, en ocasiones brutal y escatológico. O el interés por la música,
que en la película se plasmó en una banda sonora memorable. También se
respetaron muchos temas secundarios que pueden aún hoy captar el interés de los
jóvenes: las amistades peligrosas, la importancia de la lealtad, las
dificultades para conseguir relaciones sexuales…
Muchos de los que éramos
jóvenes hace veinte años estamos esperando con gran expectación la segunda
parte de la película, y no solo por nostalgia. Los protagonistas de la película
vuelven con veinte años más, los mismos que han pasado para nosotros, y
queremos saber qué fue de ellos. Queremos saber lo que eligieron Renton, Sick
Boy y Spud, y en qué clase de basura se ha convertido Begbie. Porque necesitamos
ver si han envejecido peor que nosotros. Porque de alguna forma queremos compararnos con
ellos. Porque puede que muchos de nosotros aún no estemos seguros de haber elegido la
opción correcta.
miércoles, 1 de febrero de 2017
lunes, 30 de enero de 2017
Bichos raros
La vida es divertida
porque somos extraños
Hacemos cosas raras,
algunas sorprendentes
Hablamos para nada,
viajamos por viajar
aprendemos idiomas y
hacemos cursos tontos
(alfarería, cábala,
lírica medieval
tarot o quiromancia,
religiones de Oriente o bailes de salón)
inventamos historias,
vestimos a la moda
creamos oenegés,
invadimos países
nos hacemos adictos a los
chats
a las drogas, al sexo, a
la consola
gastamos más en porno que
en comer
llevamos en el culo
tatuajes
leemos libros raros para
hacernos los listos
mejoramos el mundo
consumiendo más drogas
nos acicalamos por una
hipotética y remota
posibilidad bastante
improbable de follar
cultivamos la tierra y
rezamos al cielo
estudiamos carreras y
levantamos inmensos edificios
enterramos nuestra vida
bajo una hipoteca
y, en general, somos los
bichos más sorprendentes
de este documental que
algunos llaman vida
Y eso sin ser muy
rebuscado, que luego están los raros
los que tocan el arpa,
los que escalan montañas
los que van a la ópera,
los que van al espacio
los que arden a lo bonzo
por una causa justa
los que pagan por ver
torturar animales
los que se hacen ascetas
los que van a la tele a
contar sus miserias
los que se hacen
políticos por tener ideales
los que se hacen los
cínicos para ser hijoputas
los que amputan su pene o
bailan la jota
los que adoran estatuas y
se hacen peregrinos
y los que no salen nunca
de su mente o su pueblo
de sus ideologías nunca
bien digeridas
o de su mal ventilada
habitación
Yo también soy extraño,
pero no demasiado
Leo, escribo y estudio
estoy con mis amigos
hago el amor
bebo y tomo drogas a
veces
amo
si me dejan, opino
trabajo para pagar lo que
rompo o necesito
descreo en todo lo divino
e intento conocer la
parte del planeta
que puede costearme mi
saldo actual
El Universo, mientras, se expande inútilmente
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




