domingo, 8 de junio de 2014

Escenas memorables: Los caballeros de la mesa cuadrada

Hace unos días enseñaba a mis alumnos de 2º de ESO a leer la prensa digital. No solo veíamos las diferentes secciones que ofrecen los periódicos, sino también las distintas perspectivas que adoptan ante la realidad económica, política y social dependiendo de la ideología y los intereses que hay detrás de cada uno de ellos. Los animaba a que contrastaran diferentes medios para que conocieran distintos enfoques de la realidad y pudieran extraer sus propias conclusiones.

Como los titulares del día se centraban en la abdicación del rey y en sus inminentes consecuencias, también les ayudaba a resolver las innumerables dudas que tenían sobre monarquías, repúblicas, sucesiones y Borbones, (¿para qué sirve un rey?, ¿cómo es una república?, ¿por qué tiene que reinar el hijo del rey y no las hijas?, ¿será algún día reina Leonor?, ¿y por qué el príncipe no se casó con una princesa?, ¿cuánto cuesta mantener a todos esos?, ¿es cierto que el rey mató a su hermano?). En un momento dado, uno de mis alumnos, un muchacho estudioso, razonable y normalmente respetuoso, interrumpió la clase totalmente soliviantado y soltó algo así: “Pues ese dirá lo que quiera (se refería al príncipe Felipe), que es rey o lo que a él le dé la gana, pero no es mi rey. No lo es ni lo será. ¿Por qué alguien tiene que ser el rey? Yo no acepto que nadie sea el rey. Nadie es más que yo y no me da la gana. Nadie tiene por qué ser más que nadie.” Supongo que sonreí, sobre todo porque me recordó una escena genial de Los caballeros de la mesa cuadrada de los Monty Python.

En la escena a la que me refiero, el rey Arturo se acerca a preguntarle a un pobre hombre por el dueño de un castillo cercano y una serie de malentendidos les llevan a terminar discutiendo. “Me opongo a que automáticamente me trate como a un inferior”, le espeta entonces el campesino. “Porque yo soy rey”, dice Arturo, que va dando saltitos simulando que cabalga mientras su escudero va tras él golpeando unos cocos que imitan el sonido de unos cascos de caballo. El pobre hombre se echa a reír, pero enseguida reacciona y le empieza a echar en cara lo que habrá tenido que hacer para llegar a ser rey: “… explotando a los trabajadores, aferrándose a un dogmatismo imperialista que perpetúa las diferencias económicas y sociales de nuestra sociedad. Si alguna vez queremos progresar…” En ese momento les interrumpe una desharrapada que anda buscando basura y que se sorprende cuando Arturo se presenta como “rey de los bretones”. La mujer se muestra extrañada porque no tenía ni idea de que ellos fueran bretones, ni mucho menos de que tuvieran rey. “Creí que éramos una colectividad autónoma”, dice. “Pues te equivocas”, le explica su compañero, “vivimos en una dictadura, una autocracia que se autoperpetúa y en la que las clases trabajadoras…” El hombre continuará soltando sus soflamas pseudoanarquistas hasta que Arturo, que quiere saber quién es el dueño del castillo, pierde los nervios y le ordena que se calle. La mujer le suelta que quién se piensa que es. “Soy vuestro rey”, afirma Arturo con convencimiento. “Pues yo no le voté”, repone la mujer. “A los reyes no se les vota”, explica Arturo. “Entonces ¿cómo llegó a ser rey?”, le pregunta la mujer, que no se rinde. Arturo, solemne, les cuenta la historia de la Dama del Lago y la espada Excalibur. El pobre se indigna aun más: “Oiga”, le dice, “que a una mujer le dé por repartir espadas mojadas no es base para un sistema de gobierno. El supremo poder ejecutivo deriva de la voluntad de las masas, no de una absurda ceremonia acuática”. Arturo le vuelve a decir que se calle, pero él continúa: “No pretenderá ostentar el supremo poder ejecutivo porque una furcia natatoria le tiró una espada”. Arturo, desesperado, va hacia él y lo zarandea para que se calle de una vez. Conseguirá todo lo contrario: “¡Ya está! La violencia inherente al sistema”, añadirá el pobre hombre, que gritará pidiendo ayuda porque según él lo están reprimiendo. Esto terminará por desesperar a Arturo que finalmente se largará de allí sin haber averiguado quién es el dueño del castillo.

Aunque en clase intenté mostrarme razonable y quise tranquilizar al alumno diciéndole que, de alguna forma, nuestra monarquía era parlamentaria y permitía un sistema de gobierno democrático (como docente hago esfuerzos denodados por mostrarme todo lo imparcial que puedo para que mis alumnos piensen por sí mismos), mis sentimientos no eran muy distintos de los suyos. Ahora pienso que igual que me acordé de la película de los Monty Python podría haberme acordado del cuento de “El traje nuevo del emperador”. Como a este alumno mío, me indigna vivir en un Estado que perpetúa un sistema de gobierno que atenta contra los rudimentos más básicos del pensamiento democrático. Me indigna mantener en la jefatura de Estado a una dinastía que repuso un dictador porque provocó una guerra y la ganó. Me indigna que las élites del poder (banqueros, grandes empresarios y políticos) respalden la monarquía parlamentaria porque a ellos ya les va bien con lo que tenemos y sería arriesgado para sus intereses alterar el “statu quo”.

Por eso y porque no nos van a dar la oportunidad democrática de decidir qué sistema de gobierno queremos los españoles, yo digo que no reconozco la legitimidad, ni moral ni histórica, de la corona española, y mucho menos la titularidad de los Borbones, y que es un Estado represor -con sus policías, sus guardias civiles y sus soldados, sus políticos apesebrados, su administración kafkiana y una agencia tributaria que me quita el dinero contra mi voluntad para mantener un sistema que yo no he votado- el que me impone por la fuerza esta monarquía parlamentaria por la que nadie me ha preguntado.

martes, 27 de mayo de 2014

"Segundas personas" en el Café La Palma

Este jueves, a las 19.30 horas, os esperamos en el Café La Palma para presentaros Segundas personas. En esta presentación contaré con la complicidad de Jorge Agenjo, que es profesor de literatura, un gran lector y, sobre todo, un buen amigo. Nos ayudarán en esta misión Nerea Tello Heredero, Ana Camuñas y Germán Hughes. A todos les doy las gracias por su apoyo y generosidad.

Y si queréis saber más sobre Segundas personas, pasaos por mi web:





martes, 20 de mayo de 2014

Cuentos con moraleja: El padre, el hijo y el burro

Llevo una temporada pasando de puntillas por los temas políticos, no sé si por agotamiento, aburrimiento o desesperanza. Pero se acercan las elecciones europeas y de alguna forma necesito expresar el sentimiento de desconcierto e indecisión que me bloquea. Para conseguir este propósito voy a echar mano de uno de mis cuentos con moraleja, que tan esclarecedores me han parecido en otras ocasiones. Si estáis tan perdidos como yo, supongo que os servirá de algo.

El cuento que recreo, de memoria y a mi gusto, es harto conocido:

Un padre y un hijo iban con un burro de camino al mercado. Al salir de su pueblo, se cruzaron con dos agricultores y uno de ellos le dijo al otro: “Mira qué dos tontos. Llevan un burro y van los dos andando.”

El padre, que no lo había pensado hasta ese momento, reflexionó unos instantes y llegó a la conclusión de que el muchacho podía subirse en el burro para que al menos uno de los dos fuera más descansado.

Cuando llegaron al primer pueblo del camino, pasaron delante de unos viejos que tomaban el sol en la calle y el hombre los oyó murmurar: “Qué poca vergüenza tiene ese muchacho, que permite que su padre vaya andando mientras él va subido en el burro.”

El hombre pensó que tenían algo de razón y le propuso a su hijo que intercambiaran posiciones. Y así él subió a lomos del burro mientras el chaval cogía los ramales del pollino y encabezaba la marcha. Al rato se cruzaron con unas mujeres a las que oyó decir: “Míralo, menudo padre, que permite que su hijo vaya andando mientras él va subido en el burro”.

El padre decidió entonces que los dos debían montarse en el burro y así lo hicieron, pero un hombre que venía del mercado les espetó: “¿Pero es que no veis que lleváis al pobre animal con la lengua fuera? ¡Qué crueldad!”

El padre entonces se apeó del burro y mandó a su hijo que buscara una vara larga. Luego ataron las patas del burro y las engancharon a la vara, que cargaron sobre sus hombros. Al llegar al pueblo donde estaba el mercado, todos los lugareños empezaron a reírse de ellos al ver cómo cargaban con el burro. Justo en el momento que cruzaban un puente, el pobre animal se puso nervioso y empezó a dar coces. El padre y el hijo no pudieron controlarlo, lo soltaron y lo dejaron caer en las profundas aguas del río.


La moraleja de esta historia es que nunca se puede dar satisfacción a todo el mundo, o que por querer hacerlo terminarás echándolo todo a perder. Para mí también quiere decir que hay cuestiones que uno tiene que resolver por sí mismo, cuestiones que dependen del criterio personal y en las que no te servirán de nada las desconcertantes encuestas de opinión.

Me pasa ahora mismo con el voto del desencanto o la indignación, que no sé cómo ejercerlo. Mi primera opción sería no ir a votar, o votar nulo, que viene a ser más o menos lo mismo. Y no solo porque tengamos una democracia cancerígena y corrupta, sino también porque tenemos un sistema electoral amañado cuyo único fin es perpetuar en el poder a los dos partidos mayoritarios. Muchos me dicen que estoy equivocado porque, según ellos, no participando en las elecciones estaré, de alguna forma, legitimando a los que gobiernan y siendo cómplice de sus abusos.

Tampoco es una opción el voto en blanco, que aumenta el porcentaje de votos que hay que sacar para obtener un escaño. Si votara en blanco, seguro que vendría alguien a recordarme que de ese voto solo se benefician los dos partidos mayoritarios.

He pensado incluso en la posibilidad de votar al PSOE, aunque solo sea por el hecho de fastidiar al PP, que al fin y al cabo sería algo que, sin valer para nada, me produciría cierta satisfacción. Pero ya me imagino a todos los indignados reprochándome, probablemente con mucha razón, que así solo sigo alimentando al monstruoso PPSOE. Por cierto, en Europa, PP y PSOE suelen votar lo mismo en un elevadísimo porcentaje de ocasiones.

A ratos me inclino también por votar a algún grupo minoritario, que habría sido mi primera opción si de verdad alguno me resultara convincente. Pero como no es así, al pensar en esta opción, lo único que me imagino son los miles de votos que entrarán en las urnas como en un inmenso desagüe para perderse en las cloacas de nuestro sistema electoral. No faltará quien pueda decirme que he tirado mi voto para nada y que votar a los partidos minoritarios nunca será una opción. De hecho, ya están amenazando el PP y el PSOE con un gobierno de concentración en el caso de que una constelación de partidos minoritarios ocupara un porcentaje elevado de escaños en futuras elecciones autonómicas y nacionales.

Resumiendo, que los que no sabemos qué votar a estas alturas lo tenemos jodido para encontrar una solución genial antes del domingo. Eso sí, para que no nos pase lo mismo que a los protagonistas del cuento, lo mejor que podemos hacer es dejar de escuchar a unos y a otros y elegir aquello que, en conciencia, nos haga sentir menos mal, y más como una terapia que porque pensemos que vaya a solucionar algo.

Para terminar os dejo esta reflexión: no deja de ser curioso que, al establecer el símil entre la historia que os he contado y mis preocupaciones electorales, la democracia tenga que ser el burro.

viernes, 16 de mayo de 2014

Presentación de "Segundas personas" en el Café La Palma de Madrid

Tengo el placer de anunciaros que la presentación de Segundas personas en Madrid será el jueves 29 de mayo a las 19.30 horas en el Café La Palma, y es algo que me emociona especialmente.

En el Café La Palma guardo muchos recuerdos estupendos de noches memorables. Y aunque nunca he presentado allí ninguno de mis libros, el Café La Palma guarda mucha relación con ellos. Fue allí, por ejemplo, donde terminamos la celebración cuando me concedieron el Premio Ciudad de Móstoles, que sería muy importante para mí porque gracias a él publiqué mi primer libro. También me trae a la memoria la publicación de Entelequia, que, aunque se presentó en la Fnac, fue acompañada de una fiesta inolvidable en el Café La Palma.

Estoy muy agradecido a Germán Hughes, que nos ha hecho un hueco en la programación, incluso cuando la agenda de mayo ya estaba cerrada. Seguro que después del 29 de mayo tendré más recuerdos estupendos que guardar en mi álbum particular de momentos memorables.

Espero que todos los amigos y amigas que aún tengo en Madrid quieran formar parte de este encuentro tan especial.


domingo, 11 de mayo de 2014

80.000 libros

Desengañémonos: la gente lee muy poco. Para leer hace falta mucho tiempo y mucha dedicación, y el que más y el que menos tiene muchas cosas importantes que hacer o muchos otros entretenimientos con los que amenizar los ratos de ocio.

Conozco a profesores y profesoras de literatura que apenas leen. Una vez hicieron una carrera, se leyeron unos cuantos libros y aprobaron unas oposiciones. Fin del proceso. Ahora repiten sin cesar aquellas listas de nombres que machacaron una y otra vez en sus lejanos días universitarios. Puede que muchos de ellos fueran lectores voraces en el instituto y que por eso eligieran estudiar una carrera de humanidades. Puede. Veo a muchos alumnos que terminan el Bachillerato y se van a estudiar Filología, Historia o Filosofía sin apenas haber leído en su vida. Me refiero a algo que no sea lo que les mandamos en clase.

También conozco a escritores que leen poco o nada, sobre todo poetas, que muchas veces la atracción por el texto corto no es otra cosa que vagancia. Los escritores no son de aprenderse temarios con nombres de autores y obras, pero sí tienen olfato para pertrecharse de una serie de lecturas estratégicas que les permitan dar el pego: un par de clásicos, dos o tres escritores con su dosis de malditismo, un par de autores raros que no conoce nadie y una serie de poemas o citas más o menos efectistas para sorprender a la audiencia en caso de necesidad. Un dato: he estado en algunos aquelarres de poetas, digo, jam sessions de poesía en las que vendían libros y pocas veces he visto a los asistentes comprar alguno.

Luego están todos esos que dicen que les gusta mucho leer, pero que no tienen tiempo porque están estudiando inglés, se han matriculado en un curso de la UNED, van a jugar al fútbol dos tardes por semana o están yendo a clases de flamenco. En esos casos, siempre pienso que se toman muchas molestias para encontrar excusas que les libren de la lectura.

Os cuento todo esto porque me he dado cuenta de que yo tampoco leo mucho. Le dedico tiempo, sí, pero apenas avanzo. Y yo sí que evito otras distracciones para poder hacerlo. Pero no me vale de nada. Los libros pendientes se acumulan en las estanterías y van desapareciendo lentamente bajo una pátina de polvo, en muchas ocasiones, hasta volverse invisibles.

Anoche una librera me dijo que en España se publican 80.000 títulos al año, y que, con este aluvión de novedades, ningún libro consigue tener ni importancia ni hueco en las librerías. El abaratamiento de los medios de producción y su democratización han provocado una avalancha de títulos y de editoriales alternativas imposible de asumir. Otro dato: en España hay gente que dice que lee mucho porque se lee un libro al mes. Si alguien con ese ritmo de lectura estuviera leyendo durante cincuenta años, solo habría alcanzado la irrisoria cifra de 600 libros. En toda una vida.

Salvo fenómenos editoriales de consumo masivo normalmente efímeros, que van desde El código Da Vinci a las Cincuenta sombras de Grey pasando por Juego de tronos, los escritores, incluso los que tienen cierta fama, pueden aspirar a muy pocos lectores. Están rifados. Los tiempos del escritor profesional están tocando a su fin. Los que escribimos no lo hacemos por dinero. No sé si es por vocación, por inconsciencia o por vanidad, pero por dinero desde luego que no. Supongo que habrá alguno que fantasee con una hipotética e improbable fama póstuma e inmarcesible, y tenga poluciones nocturnas soñando con ella.

Me temo que las editoriales, salvo en casos de autores muy consolidados, ya no dan grandes anticipos por los derechos de edición de ninguna obra. Lo que yo veo en el mundo que me rodea me recuerda mucho más a mis tiempos de músico alternativo en el circuito madrileño de salas de conciertos, allá por la década de los 90 (no creo que ahora sea muy distinto). No recuerdo que hubiera ningún local que nos ofreciera la posibilidad de tocar en una sala llena de público para darnos a conocer. Ni siquiera gratis. El sistema era otro: nos dejaban una sala vacía, los del grupo convocábamos a nuestros amigos, se la llenábamos y así dábamos de comer al dueño del negocio y a un par de camareros. Cobrábamos un porcentaje de la entrada o un tanto por ciento de la barra. En cualquier caso, una mierda. Incluso currándotelo mucho y llenando algún que otro local no nos daba ni para cubrir gastos. Algo así pasa ahora con la multitud de editoriales alternativas que pululan por ahí: hacen pequeñas tiradas, les venden el libro a las amistades del escritor y, con mucho esfuerzo, muchos autores y muchos amigos, consiguen mantenerse en la cuerda floja haciendo arriesgados ejercicios de funambulismo contable.

No sé si os he dicho que acabo de publicar un libro. Tampoco sé si sabéis que tengo la suerte de no vivir de eso.

domingo, 4 de mayo de 2014

Presentación de "Segundas personas" en Hojablanca

Se acerca el día de la presentación de Segundas personas y ya os puedo contar que en esta misión contaré con la complicidad de Juan Carlos Pantoja, que será el maestro de ceremonias, y con la colaboración inestimable de Ana Camuñas, Nerea Tello Heredero, Federico de Arce y Pedro Carlos Almodóvar. A todos les doy las gracias anticipadas por querer acompañarme.

Y para ir calentando motores, os dejo otro relato en mi web. Si ya leísteis Cielo abierto, le toca el turno a Signos. Seguid este enlace:


domingo, 27 de abril de 2014

La espiral del silencio

La espiral del silencio es una teoría sociológica que sostiene que la gente se suma a las corrientes de opinión mayoritarias para evitar el rechazo social. Al final puede que todos, de una manera o de otra, seamos como Leonard Zelig, aquel personaje genial de Woody Allen que se mimetizaba con las personas que le rodeaban, incluso convirtiéndose en negro si todos los que estaban con él lo eran.

La teoría de la espiral del silencio partía de un análisis hecho en la sociedad occidental de la segunda mitad del siglo XX, un momento en el que los grandes medios de comunicación monopolizaban la opinión pública. La conclusión era que los seres humanos hacemos un constante sondeo a nuestro alrededor para saber si nuestra postura en un tema coincide con el de la mayoría o no. En caso de que exista coincidencia, normalmente no hay miedo de expresar lo que pensamos. Pero si no es así, si nuestras opiniones no coinciden con las mayoritarias, solemos reprimirnos para no ser rechazados. De esta forma, la espiral del silencio ayuda a fortalecer una opinión que no encuentra oposición y sigue ganando adeptos mientras silencia a los que no la comparten.

Solo una minoría fuerte y sin miedo al aislamiento social se atreve a enfrentarse a las corrientes mayoritarias. Normalmente son personas formadas y con una posición socioeconómica solvente las que forman parte de esas minorías que se atreven a defender posturas diferentes a las de la mayoría. También los hay que simplemente son artistas o intelectuales rebeldes e inconformistas sin miedo a las consecuencias de sus afirmaciones. Las opiniones minoritarias, en ocasiones, calan en parte de la sociedad y empiezan a ganar seguidores. De esta forma las opiniones minoritarias de una época pueden llegar a ser mayoritarias en otra. Supongo que eso explicaría fenómenos como el del rechazo y posterior aceptación de la homosexualidad por nuestra sociedad, cómo es posible que en pocas décadas haya pasado de estar mal vista e incluso perseguida por la ley hasta llegar no solo a la tolerancia de gran parte de la sociedad, sino a su aceptación y comprensión.

En una sociedad dominada por los grandes medios de comunicación, la espiral del silencio podía resultar positiva si, por ejemplo, servía para extender opiniones favorables a la democracia, la libertad o la solidaridad. Por el contrario, en momentos de crisis, podía alimentar ideologías como el nazismo. Sin ir más lejos, Elisabeth Noelle-Neumann, la autora de la teoría de la espiral del silencio, fue nazi en su juventud.

Supongo que ahora mismo se estará estudiando cómo se puede aplicar esta teoría a la nueva realidad mediática en la que vivimos. Por una parte, las redes sociales nos permiten buscar otras opiniones diferentes a los de los medios de masas, lo que les resta poder a quienes los controlan, que, en última instancia, es la clase política. Por otra, las posturas minoritarias, incluso aquellas que son execrables, irracionales o disparatadas, pueden encontrar partidarios en el vasto universo de Internet. Los machistas, los racistas o incluso los pederastas, gracias a la red, pueden combatir la soledad y el aislamiento al que hubieran estado condenados en otro tiempo. Internet les permite relacionarse con otros que son como ellos y reforzar sus posturas.

Escribo esto porque también he observado cómo ciertas ideas que hace unos años nos hubieran parecido despreciables aparecen de vez en cuando en los medios de comunicación (estoy recordando ahora mismo la aparición estelar de Marine Le Pen en el programa de Ana Pastor), y cómo esas ideas se convierten en larvas que se incuban en las redes sociales, que son el verdadero caldo de cultivo que garantiza su futuro.

Internet y las redes sociales son una vía de escape para todos aquellos que quieren defender posturas diferentes a las que intentan imponer los medios de comunicación de masas. Y eso a los amantes de la libertad de expresión es algo que nos fascina. Pero el problema es que las relaciones en la red son en gran medida horizontales, lo que quiere decir que lo mismo vale la opinión de un genio que la de un cretino. Mi poca fe en el ser humano no me hace pensar que en una batalla dialéctica en la red vayan a ganar los genios. No dudo de lo atractivas que resultan para muchas personas las opiniones de algunos cretinos con cierto desparpajo.

Que nadie piense que estoy pidiendo que se censuren algunas opiniones en Internet. Ya se hace y me parece terrible. Recientemente dos personas (Pablo Hasél y Alba González Camacho) han sido condenadas por expresar en la red sus opiniones y, aunque no estoy de acuerdo con lo que defendían, no comprendo ni siquiera que se les haya juzgado. Las opiniones o las canciones (aunque sean tan malas como las de Hasél) no son actos de terrorismo. Lo que quiero decir es que si Internet se convierte en una guerra de opiniones, no tengo ninguna fe en que triunfen los que más razón tengan. Las guerras las ganan los más fuertes, que en ocasiones son también los más imbéciles. “¡Muera la inteligencia!”, gritó Millán Astray, un tipo que ganó una guerra, fue jefe de Prensa y Propaganda en la dictadura franquista y todavía tiene en Madrid una calle dedicada a su memoria.

martes, 22 de abril de 2014

"Segundas personas" llega a tiempo para el Día del Libro

Mi nuevo libro llega justo a tiempo para el Día del Libro. Este libro se distribuye de forma alternativa desde la página de Bubok. Podéis comprarlo en formato digital o como un libro de toda la vida, en cuyo caso os lo llevará a casa un mensajero:


En Toledo también podéis conseguirlo en las siguientes librerías:



Si os pasáis por mi web, podréis descargaros gratis "Cielo abierto", el primer relato del libro:


SINOPSIS

Un hombre en una tumba vertical, un camionero peligrosamente aburrido, una actriz porno recreando el cuento de la lechera, un exmarido despechado sin nada que perder, unos adolescentes que juegan a retarse, una siniestra madre coraje o un aprendiz de psicópata son algunos de los personajes que se pasean por este libro de relatos. Seres humanos que dan asco, miedo o pena, y que cobran vida con el lenguaje áspero, crudo y sin concesiones de un narrador que los trata de tú y los condena a afrontar, no siempre como esperamos, las consecuencias de sus actos.

Segundas personas es un recopilatorio de individuos que se ocultan entre las sombras y que Félix Chacón consigue sacar a la luz para que no olvidemos esa parte sucia, latente e inevitable de la condición humana. Al seguir sus pasos puede que los odiemos o los justifiquemos, pero al final solo encontraremos una respuesta: no preguntarnos nunca si podríamos ser como ellos.



domingo, 13 de abril de 2014

Pulgarcito rojiblanco

Estos días he escuchado o leído en las redes sociales a muchos madridistas y culés que esperan y desean que gane la liga el Atlético de Madrid. Podríamos pensar que unos y otros lo dicen porque preferirían eso antes de que la victoria fuera para su histórico archienemigo, pero no lo creo. Aparte de cierta deportividad y admiración hacia un equipo luchador y un entrenador ejemplar, debe de haber algo más. Y se me antoja que ese algo más no es otra cosa que el mecanismo de tantos cuentos infantiles en los que el ser débil e indefenso acaba derrotando a sus enemigos y triunfando frente a las adversidades.

¿No os habéis preguntado por qué en los cuentos tradicionales siempre ganan los niños, los hermanos pequeños y los débiles? Pienso ahora en Hänsel y Gretel, en el sastrecillo valiente, en la pobre Cenicienta y, cómo no, en Pulgarcito. Por no hablar de la infinidad de cuentos en los que siempre hay, curiosamente, tres hermanos que tienen que superar una prueba y en los que, contra todo pronóstico, termina triunfando el pequeño. En las historias de Las mil y una noches también aparecen muchos personajes humildes que con ingenio y picardía consiguen derrotar a los malvados, como Alí Babá o aquel pobre pescador que tuvo que engañar a un genio cruel para encerrarlo en una botella antes de que lo matara. Tampoco me quiero olvidar de la Biblia y de su mítico enfrentamiento entre el joven David y el gigante Goliat.

Es lógico pensar que los niños se identifican con este tipo de personajes y que es esta identificación lo que ha hecho que todos estos cuentos sobrevivan a lo largo de los siglos. Sin embargo, creo que no son solo los niños los que se sienten atraídos por este tipo de personajes. Lo que no saben los niños de los mayores es que en muchas ocasiones nuestra perspectiva de la realidad no es muy distinta de la suya. Los problemas del mundo nos parecen inmensos e inabarcables y nos vemos pequeños e insignificantes frente a una realidad adversa a la que no sabemos cómo enfrentarnos.

Entonces es cuando llega el Cholo Simeone y nos hace soñar, nos hace creer que Pulgarcito vestido de colchonero puede derrotar a los gigantes blancos y azulgranas, a dos manos, y a la manera de los cuentos tradicionales, en los que los personajes débiles tienen que valerse del ingenio para derrotar a los más fuertes. Así explicó el Cholo hace unos días su victoria frente al Barça: “Las guerras no las ganaban los mejores, sino los que tenían mejor estrategia”.

Ojalá este cuento tenga el final feliz que se merece. Incluso muchos de los que sufrirán con la derrota de su equipo se alegrarán y no sabrán muy bien por qué. La pena es que el fútbol solo sea un juego. Cuánta falta nos haría un Atleti, un Cholo Simeone o un Pulgarcito para derrotar a los gigantes en las urnas.

miércoles, 2 de abril de 2014

La portada y una fecha

Dentro de pocas semanas estará a la venta mi libro de relatos Segundas personas. A ver si llega a tiempo para el Día del Libro. De momento os puedo enseñar la portada, que ya la he recibido.

También podéis anotar la fecha de la presentación. Será el jueves 8 de mayo, en la librería Hojablanca de Toledo.

Espero que pronto podamos hacer más presentaciones. Me gustaría ir a Madrid, que allí he presentado siempre todos mis libros, y, por supuesto, a Villafranca, mi pueblo.

Iremos a presentarlo allí donde nos inviten. Ojalá estemos todo el año de gira.