lunes, 17 de junio de 2013

Cuentos con moraleja: La epidemia en alta mar

Hoy toca un chiste que le escuché muchas veces a mi padre cuando era pequeño:

En un barco que realizaba una larga travesía por el océano se declaró una epidemia de peste. Estaban muy lejos de cualquier costa y lo intentaron todo para frenar el contagio. Aislaron a todos los enfermos, alejaron a la tripulación y a los pasajeros de las zonas afectadas, y mandaron arrojar por la borda los cadáveres. Pero todo fue en vano. Las camas que dejaban libres los muertos que engullía el mar pronto eran ocupadas por nuevos enfermos.
            Llegó un momento en que la situación se volvió tan crítica que empezaron a perder toda esperanza. Solo era cuestión de tiempo que todos acabaran muertos. Estaban muy lejos de su destino y la epidemia se propagaba a toda velocidad.
            Una noche accedieron a la bodega del barco y empezaron a beber con desesperación. Se montó una juerga increíble a la que se unieron incluso los miembros de la tripulación. Se cogieron una borrachera de órdago, casi como si prefirieran morir de un coma etílico que postrados en una cama padeciendo los tormentos de la peste.
            Ya bien entrada la noche, dos de los pasajeros que regresaban a sus camarotes intentando acompasar el bamboleo de la borrachera con el del barco descubrieron a otro pasajero caído en mitad de la cubierta y totalmente exánime. Cuando se disponían a ayudarlo, tuvieron un presentimiento. No sabían si aquel hombre estaba así por culpa del alcohol o de la peste. Así que llamaron al médico.
            El médico, totalmente curda y visiblemente molesto porque habían ido a avisarle, se acercó al hombre y certificó su muerte.
            –La peste –dijo–. Arrojadlo al mar.
            Los hombres, aunque con cierto reparo, tuvieron que obedecer al hombre. Levantaron el bulto y se acercaron a la barandilla. Justo cuando se disponían a dejarlo caer a las frías aguas del océano, el hombre reaccionó. Totalmente alarmado se esforzó por vencer los síntomas de la borrachera y se dirigió a ellos articulando las palabras a duras penas:
            –Eeeeh, ¿pero qué hacéis?, ¿estáis locos?, ¿pero no veis que estoy vivo?
            Los dos hombres, con ojos estrábicos y sonrisa sardónica, le miraron como si fuera un imbécil que no sabe lo que dice y justo antes de arrojarlo al agua le dijeron:
            –¿Pero tú te piensas que vas a saber más que el médico?


La misma reacción que esos dos buenos hombres es la que tiene en este país la prensa de derechas. Da igual que vean que el número de parados bate todos los récords, que los comedores sociales están a reventar, que millones de personas no pueden hacer frente a sus hipotecas o que los jóvenes tienen que huir al extranjero para encontrar trabajo. Sale el ministro Cristóbal Montoro –que tiene un doctorado en Ciencias Económicas pero que a lo mejor está borracho o gagá– dice unas palabras más o menos huecas y ya tienen el titular que buscaban: Montoro garantiza que España «está saliendo de la crisis».

Ni que decir tiene que somos nosotros los que caemos por la borda en la oscuridad de la noche y de cabeza hacia las frías aguas del océano.

1 comentario:

Rubén Bravo dijo...

Una parte de la presa "seria" le está haciendo la competencia desleal a El Mundo Today. Es como el Intermedio y el Telediario, hay ratos que no sabes quiénes son los humoristas y quienes los periodistas.