domingo, 16 de agosto de 2015

Cuentos con moraleja: Los ciegos y el elefante

Hoy me viene a la memoria una historia oriental, probablemente de la India, que recoge Jean-Claude Carrière en El círculo de los mentirosos. Como tengo por costumbre en mis Cuentos con moraleja, no copio, sino que recreo mi propia versión con lo que recuerdo:

Un rey recorría su país y llegó a un pueblo que estaba habitado únicamente por ciegos. El rey viajaba a lomos de un elefante y pronto la noticia corrió de boca en boca. En aquel pueblo nunca habían oído hablar de ese animal y les entró la curiosidad por saber cómo era.
    Tres ciegos del consejo de sabios del pueblo se acercaron a saludar al rey, que los recibió amablemente, y, tras charlar un rato con él y ofrecerle su hospitalidad, le pidieron que les dejara acercarse al elefante. El rey no tuvo ningún problema en concederles lo que querían.
    Cuando los tres ciegos regresaron de ver al rey, hubo una asamblea a la que acudieron todos los vecinos del pueblo. Querían saber qué les había dicho el rey y, sobre todo, cómo era ese animal fabuloso en el que viajaba.
    El primer ciego, que le había tocado una pata al elefante, contó que era como una columna muy consistente.
    El segundo ciego dijo que se engañaba, que se trataba de un extraño tapiz ancho, delgado y rugoso que se movía. Este era el que había tocado la oreja del elefante.
    El tercero había palpado la trompa y se extrañó mucho de las descripciones de sus compañeros. El animal era como una extraña manguera que no dejaba de agitarse y que tenía una fuerza increíble.
    Los ciegos pensaron que sus tres consejeros les estaban tomando el pelo y se enfrentaron a ellos. Pero ninguno de los tres quiso dar su brazo a torcer, se caldearon los ánimos y acabaron intentando resolver la discusión a porrazos y bastonazos.
    Después de la trifulca, el consejo decidió que lo mejor sería que otra comisión de sabios fuera a reconocer a ese extraño animal para saber cuál de los tres consejeros decía la verdad. Pero cuando fueron a ver al monarca, este ya había partido.
    En aquel pueblo nunca nadie supo cómo era un elefante. Ni siquiera los tres ciegos que en una ocasión habían tenido el privilegio de acercarse a uno.

Sin duda, para saber cómo era el elefante, lo mejor que podrían haber hecho los ciegos era relacionar y poner en común las diferentes descripciones del animal. Quizá no habrían sido capaces de describirlo perfectamente, pero al menos hubieran tenido una idea más aproximada que la que ofrecían las descripciones individualizadas de cada una de sus partes.

La realidad no deja de ser como un enorme elefante del que solo conocemos porciones insignificantes. En una situación normal, para conocer nuestra realidad económica, social y política, solo habría que esforzarse un poco y escuchar las diferentes versiones que nos ofrecieran los distintos medios de comunicación. Es posible que no consiguiéramos una imagen de la realidad del todo acertada, pero sería mucho mejor que la que tenemos ahora. Vivimos en un país en el que los intereses políticos y empresariales controlan a la mayoría de los ciegos más poderosos, que repiten al unísono, con mayor o menor convencimiento, la misma versión del elefante. Y los que aún se atreven a llevarles la contraria son tan pocos que es fácil caer en la tentación de pensar que esconden oscuras intenciones.

martes, 21 de julio de 2015

Marketing

Mucha gente cree que el término marketing alude a una suerte de campaña publicitaria para vender un producto, pero el marketing es algo mucho más complejo, y la publicidad solo es una parte del proceso, su cara más visible y creativa. El marketing puede empezar incluso antes de la creación del producto que se va a vender. Porque el marketing, o mercadotecnia, es un proceso comercial que comienza siempre con la identificación de las necesidades y preferencias del público potencial al que quiere dirigirse una empresa. Una vez conocido el perfil y los intereses de esos clientes potenciales, la empresa se marca unos objetivos, entre los que se cuentan la creación de un producto que satisfaga a los consumidores y la puesta en marcha de unas estrategias publicitarias que capten clientes, den valor al producto y lo hagan competitivo. Dentro de este mercado global en el que vivimos todo está controlado por el marketing. Nada es ingenuo y espontáneo, y si algo lo es en su origen pronto es fagocitado por las estructuras del mercado.

No es raro que el último éxito del marketing a nivel mundial haya estado protagonizado por una empresa que lleva en activo desde el siglo IV, concretamente desde los tiempos del emperador Constantino, que fue el que creó esa multinacional llamada cristianismo. Me refiero, claro, al increíble éxito que está cosechando la iglesia católica, una de sus franquicias más potentes, con la elección del nuevo papa, Jorge Mario Bergoglio. Una empresa que lleva en pie casi diecisiete siglos y que ha sabido adaptarse a todo tipo de estructuras sociales, económicas y políticas ya usaba el marketing antes de que nadie le hubiera puesto nombre. Por tanto, sería ingenuo pensar que a los cardenales que se reunieron en cónclave para elegir un nuevo papa se les ha colado un rebelde.

En este mundo nuestro en el que las clases medias se empobrecen y millones de pobres terminan cada día en el arroyo, era necesario un cambio de discurso acorde con este nuevo contexto. Conseguir reformar el discurso del Vaticano sin que ello cuestionara las prebendas y privilegios de la iglesia católica era el reto. Casi parece de chiste imaginar en el cónclave a los cardenales planteando la necesidad de encontrar a un papa de corte franciscano, que hablara mucho e hiciera poco, y que terminaran proponiendo a un argentino.

Una vez elegido el producto, es fundamental ponerle un nombre con gancho. La elección del nombre de Francisco en homenaje a Francisco de Asís, el santo de los pobres, ha sido uno de los grandes aciertos de esta campaña. Igual que su presentación. La imagen de un producto es determinante. Un hombre santo que no deja de hablar de los pobres no puede ir vestido con ostentación. Por eso era importante que el papa Francisco vistiera y viviera con cierta humildad. De ahí que lleve un anillo más modesto que sus predecesores, que calce zapatos baratos o que haya cambiado el trono de oro por otro de madera. También se ha negado a vivir en el lujoso apartamento pontificio que han ocupado los papas desde 1903. Puro postureo franciscano y acertadísima estrategia de marketing, que no tenemos conocimiento de que el apartamento, las joyas y las vestimentas caras que ha rechazado se hayan subastado para repartir los beneficios entre los pobres.

También debe de ser postureo su pose de comunista evangélico, que le ha llevado a disputar el patrimonio de los pobres con los marxistas, a los que solo puede ver como a competidores oportunistas que llevan más de un siglo intentando arrebatarles el monopolio de la pobreza. Supongo que el mohín de disgusto que hizo el otro día el papa Francisco cuando Evo Morales le regaló un cristo crucificado en una hoz y un martillo es algo así como si quedas con el presidente de la Coca-Cola y le invitas a una Pepsi.

La elección de un argentino que hable mucho y haga poco está dando unos resultados extraordinarios, que este papa ha conseguido que le aplauda un nutrido sector de agnósticos y ateos, algo inédito desde los tiempos de Juan XXIII. La estrategia utilizada siempre es la misma. El papa modifica el discurso de la iglesia para adaptarlo a la moral y a la visión de gran parte de la sociedad actual, pero sin que sus declaraciones lleven aparejados cambios y reformas en el funcionamiento de la iglesia católica. Así, hemos podido ver cómo no condena a los homosexuales, pero tampoco propone que el matrimonio gay pueda celebrarse en las iglesias; o perdona a los divorciados, aunque no les permite volver a casarse, a no ser que apoquinen, como Dios manda, lo que cuesta la concesión de la nulidad; o elogia constantemente a las mujeres sin que se sepa que vaya a luchar por abrirles las puertas del sacerdocio. En esta misma línea de predicar mucho y dar poco trigo han ido sus últimas intervenciones, apoyando a Tsipras en la crisis griega o atacando a los que dañan el medio ambiente en su encíclica sobre al cambio climático.

En las apuestas empresariales fuertes siempre hay que asumir riesgos. De ahí que el papa Francisco haya dejado aparcado el papamóvil y se juegue la vida por las calles con un coche descapotable. Aquí los expertos han debido de valorar que ganarse a la clientela con un servicio cercano y eficaz es más importante que la seguridad de un hombre que, de cualquier forma, es sustituible.

Pero el departamento de marketing del Vaticano no debe dormirse. En un mercado competitivo y despiadado, más difícil que llegar es mantenerse. Es cierto que tienen un buen producto y que están obteniendo unos resultados espectaculares, pero aún da fallos y es necesario mejorarlo. Ya ha habido reclamaciones de ciertos consumidores, y no solo de consumidores ricos, que ese sector del público ya lo dan por perdido, sino de sus nuevos adeptos, que no entendieron que, tras los atentados a la revista Charlie Hebdo, censurara la libertad de expresión y mostrara cierta empatía con los yihadistas diciendo que era normal que los musulmanes atacaran a los que se burlaran de su fe. Y cuando quiso ilustrar sus palabras con una parábola y dijo que si alguien insultara a su madre, le partiría la cara, no hizo nada más que empeorarlo todo, que sus nuevos adeptos son más de recuperar el espíritu pacifista de los evangelios y de poner la otra mejilla.

sábado, 27 de junio de 2015

Qué bien pensado está el mundo: La censura

Qué alegría que vuelva la censura a España. Del todo del todo nunca se fue, eso es cierto, pero durante dos o tres décadas ha sido tan nimia que por un momento hemos tenido la extraña sensación de vivir en un país plenamente democrático. Pero afortunadamente todo eso ya se acabó. No sé si va a ser mucho pedir, pero el colmo de la dicha sería que volviera la Inquisición (¡Viva las cadenas!) con sus autos de fe, sus sambenitos y sus condenas ejemplarizantes. Los espectáculos de humillación y escarnio público siempre han gustado mucho a todo el mundo, sin distinguir clases sociales, que igual los disfruta el pueblo llano que la aristocracia más refinada, algo así como lo que pasa con los toros.

La dicha no es completa, lo sé. Porque en principio, por lo que sea, parece que no van a detener a ningún sacerdote de esos que desde sus púlpitos incitan al odio contra los homosexuales, o que fomentan la discriminación de la mujer, o a esos políticos que trivializan y enaltecen delitos de genocidio que gozan de la simpatía de la casta que está en el poder. Tampoco les va a pasar nada a los que humillan a los que murieron en la Guerra Civil o en la cruel posguerra. Ni a los que dicen en Twitter que habría que cargarse a todos los vascos y catalanes, que a esos lo mismo terminan dándoles alguno de los innumerables y variopintos premios Princesa de Asturias. De momento habrá que conformarse solo con los rojos que se atreven a contar chistes macabros en Twitter o que se van de manifestación y tienen la osadía de corear ripios que desagradan a los que mandan, y no por razones estilísticas, claro, que la censura en ese caso quizá estuviera más justificada. Me estoy leyendo la bien llamada Ley Mordaza y no veo por ningún lado que sea un agravante formar parte de algún gobierno de izquierdas, pero en vista de lo que les está pasando a Rita Maestre y a Guillermo Zapata debe de serlo, y lo que pasa es que yo no sé buscarlo, que esto de las leyes fácil, lo que se dice fácil, no es.

La verdad es que lo que nos ha pillado de sorpresa es que esta nueva forma de hacer justicia tenga carácter retroactivo, que menos mal que no quedaron grabados los chistes que algunos contábamos en el instituto que si no, a muchos nos tocaba la “prisión permanente revisable” esa que tanto le gusta al PP. Fíjate que hasta los chistes del parvulario me parecen ahora mismo peligrosos, que seguro que si algún concejal rojo cuenta en estos momentos el chiste del perro “mis tetas” la Fiscalía dice que su intención era humillar a todo el género femenino y hacer apología de la violencia de género.

¿Y por qué no pensábamos que podía volver la censura? Porque nos la figurábamos como en tiempos de Franco, con señores gordos, amargados y rijosos prohibiendo la publicación de libros y cortando fotogramas con muslos, pechugas y besos en las películas. No nos habíamos dado cuenta de que la historia se repite, sí, pero cambiando el decorado para hacernos creer que esto es otra cosa. Aunque la realidad es que la censura que tenemos hoy, que es la autocensura, es la que más ha trabajado en todas las épocas en las que se ha perseguido la libertad de expresión.

Pero los límites de la autocensura los pone uno mismo. Los pusilánimes la llevan a rajatabla, eso es cierto, pero también los hay que se arriesgan, y esto es lo bonito, interesante y creativo de la censura. Los atrevidos siempre andan buscando mil maneras para burlarla con los ardides más sutiles. Y es aquí donde entra la habilidad para decir las cosas sin decirlas, cuando todos los recursos expresivos se ponen a trabajar para decir lo que no se dice sin que parezca que se dice gracias a las metáforas, las alegorías, las dilogías, los juegos de palabras y la ironía, la bendita ironía, que es el recurso estrella de todas las etapas inquisitoriales. También nos queda, al menos de momento, el reino de la ficción, el cine y la literatura. Viene una buena época para los creadores de mundos imaginarios, fantasías futuristas y terribles distopías que sirvan de espejo de la realidad del momento.

Y debéis reconocer que decir las cosas sin decirlas es mucho más meritorio que decirlas a bocajarro y de forma llana. Y es que con libertad de expresión plena se gana en sinceridad pero se pierde en riqueza expresiva y en creatividad. Con la libertad de expresión también se vuelve muy difícil escandalizar a la gente, si es escandalizar a la gente lo que en ese momento te apetece, claro. André Breton, adalid de los surrealistas franceses y experto, por tanto, en el escándalo gratuito, se lamentaba a mediados del siglo pasado de que ya nadie se escandalizaba por nada en París. Y lo lamentaba con razón. Porque el mundo, cuando todo está permitido y no hay posibilidad de cometer transgresiones y herejías, se vuelve mucho más aburrido. Esa es la pura verdad.

Por eso estoy convencido de que viene un tiempo maravilloso para los creadores de ficciones y para los mártires que se sacrifican por una causa noble. Ya veréis qué buenas novelas y qué películas más interesantes se van a hacer a partir de la entrada en vigor de la bien llamada Ley Mordaza. Y no solo van a ser buenas las obras que se creen durante el tiempo que esté vigente, sino que su estela perdurará. Los creadores de ficciones del futuro no dejarán de volver a relatar aquellos años oscuros en los una serie de políticos corruptos arrebataron los derechos fundamentales a los españoles con la complacencia de una gran parte de la ciudadanía que obstinadamente seguía manteniéndolos en el poder. Seguro que dentro de unas décadas habrá una serie estupenda con gran éxito de audiencia que recreará estos tiempos aciagos, algo así como Follar en tiempos confusos.

Esto no ha hecho nada más que empezar y ya estoy emocionadísimo, y no quiero emocionarme demasiado por si al final todo esto queda en nada, que lo mismo viene en cualquier momento el Tribunal de Estrasburgo o cualquier otro organismo internacional de esos que velan por los derechos humanos y nos jode la fiesta.

domingo, 17 de mayo de 2015

Espectáculo

Vivimos en un mundo en el que todo es susceptible de transformarse en espectáculo. Cualquier cosa que quede plasmada en fotografía o vídeo y pase a formar parte de los contenidos que difunden los medios de comunicación se convierte automáticamente en materia para el show business. Las noticias, sin ir más lejos, no dejan de ser un entretenimiento más. Fijaos, si no me creéis, en la indiferencia con la que vemos en muchas ocasiones los bombardeos o los terremotos que suceden en países lejanos. Os pongo un ejemplo curioso. Yo no veo casi nunca un partido de fútbol, pero, sin embargo, me gusta ver los deportes en el telediario. Me divierte la sociología del fútbol, saber qué equipos ganan o pierden y conocer las aspiraciones y frustraciones de las diferentes aficiones futboleras. Ese conocimiento me ayuda, además, a poder participar en ciertas conversaciones de barra de bar, lo que me supone un plus de diversión.

Esto lo digo porque, sorprendentemente, estoy empezando a disfrutar de las corridas de toros. Y es algo de lo que me alegro, que vivo en una comunidad en la que se destina una gran partida de dinero público, de mi dinero, de vuestro dinero, a subvencionar ese entretenimiento cruel en el que un señor que marca paquete, lleva medias ceñidas y se adorna con lentejuelas tortura hasta la muerte a un animal, que tiene que agradecerle al tipo de las lentejuelas la buena vida que se ha dado hasta ese momento porque si no hubiera corridas de toros, ni existiría.

En otras cosas no se ha lucido la señora doña Dolores de Cospedal, pero en lo de los toros sí, que le faltó tiempo para declararlos Bien de Interés Cultural y para ofrecerles a los ganaderos y empresarios taurinos todo tipo de facilidades. Y ha funcionado, que en menos de cuatro años ha conseguido que sea Castilla-La Mancha la región de España que lidera el ranking de los festejos taurinos. También ha organizado el I Congreso Internacional de Tauromaquia en Albacete y no deja de invertir dinero público en plazas de toros y en escuelas, de tauromaquia quiero decir, que las otras, las de estudiar, las tiene dejadas de la mano de dios.

Como os decía, desde hace un tiempo me he dado cuenta de que la tauromaquia también puede ser un buen entretenimiento para los que creemos que las corridas de toros son un espectáculo repugnante y bárbaro. No deja de producirme placer, por ejemplo, observar cómo los telediarios se esfuerzan por rellenar como sea sus minutos dedicados a los toros, en ocasiones con noticias totalmente ridículas o intrascendentes. O ver televisados los enfrentamientos entre los grupos animalistas y los taurinos, que, la verdad, si a los animalistas tanto les gustan los animales deberían tener un poco más de respeto por los taurinos. También me divierte mucho ver a ciertos artistas, pongamos que hablo de Joaquín Sabina, defendiendo los toros con argumentos infantiles y balbuceos intelectualoides. O escuchar a intelectuales de la talla de Fernando Savater decir que los animales están ahí para que los seres humanos hagamos con ellos lo que nos salga del culo. Y debe de ser verdad, que Savater es un tipo listísimo y es bien sabido que solo dice bobadas cuando habla de UPyD, de la ETA o de las carreras de caballos. Disfruté también mucho viendo una corrida de toros en Youtube. Vi solo un trocito, ese en el que le brindaban un toro a la señora doña Dolores de Cospedal, y todo el público, para expresarle la gratitud que sentían por sus desvelos en defensa de la tauromaquia, la abucheaba sin compasión. Y me gustan, para qué nos vamos a engañar, como a la mayoría de vosotros, las cornadas que se llevan los toreros. Si no fueran entretenidas, no las televisarían. Quién no disfruta con una buena cogida de José Tomás. Los toreros de hoy, gracias a los avances de la cirugía, ya casi nunca mueren en el coso, pero eso es casi mejor porque así valen para más veces. El otro día un toro ensartó por el cuello a un muchacho y al día siguiente ya estaba en el telediario diciendo que se moría de ganas de volver al ruedo. No seré yo el que se lo impida, que ese muchacho seguro que en el futuro nos ofrecerá muchas más tardes de gloria.

Tengo que aclarar que no disfruto con todas las noticias que tienen que ver con los toros. El otro día se escapó un toro en Talavera y no me hizo tanta gracia. Hizo daño a personas que nada tienen que ver con el espectáculo de la tauromaquia y eso me pareció mal. Como mal me parecería que me obligaran a participar en un encierro. A mí me gusta ver cómo cornean y patean a los mozos en los encierros solo porque ellos se han prestado voluntariamente a grabar esos vídeos que tanto nos divierten.

A veces tengo ensoñaciones y fantaseo con que un día algún toro con inquietudes políticas salte al tendido donde esté la señora doña Dolores de Cospedal con su mantilla y su peineta y se la lleve por delante para regocijo del público presente. Sin consecuencias graves, que una mujer que ha hecho tanto por el entretenimiento nacional es mejor que siga viva. Me atrevería a decir que medio guion de El Intermedio se lo hace ella solita. Pero una buena cornada en el glúteo de la señora De Cospedal compensaría con creces todo el dinero público que estamos invirtiendo en ese espectáculo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Feria del Libro de Toledo

Este sábado comienza la Feria del Libro de Toledo y tengo el honor de dar el discurso inaugural. Será a las 12 de la mañana en la plaza de Zocodover.

Ese mismo día y en ese mismo escenario estaré por la tarde, a las 19 horas, con los Poetas Sustitutos, que ocuparemos el espacio de una actividad que se ha cancelado por motivos ajenos a la organización. Tendré unos compañeros excepcionales: Carlos Ávila, Marc García Arnau, Ruth Rodríguez y Tony Kuratti, que llevará la guitarra y nos deleitará con algunas canciones.

Espero que podáis acompañarnos en alguno de estos dos eventos. Yo, de momento, sigo ensayando, que lo del discurso me pareció mucho más sencillo el día que me lo propusieron que ahora mismo.

Y si no podéis pasar este sábado por la Feria del Libro, no dejéis de intentarlo otro día. Estará hasta el día 17 de mayo. Os dejo aquí un enlace para que consultéis toda la programación, que merece mucho la pena:



sábado, 25 de abril de 2015

Pulso

Hace más o menos un año que se publicó Segundas personas y hoy me apetece volver a hablar de este libro. Al ser un libro de relatos, cada lector suele elegir su preferido. Afortunadamente, los lectores con los que he hablado no se ponen de acuerdo. Y eso me alegra porque significa que hay más de uno que merece la pena.

Hoy quería compartir con vosotros uno de los relatos, "Pulso", porque han sido varios los que me han comentado lo mucho que les ha impresionado. Eso debe de significar algo. Entrad en mi web y podréis descargaros este relato de forma gratuita:

sábado, 11 de abril de 2015

La izquierda

Algunos nos quieren hacer creer que la izquierda y la derecha han dejado de tener sentido en la política del siglo XXI. A saber por qué ese empeño de unos y otros. La izquierda y la derecha siguen ahí. Puede que con otros nombres, disfrazados con otros ropajes y posiblemente despojados de la autenticidad que tuvieron en tiempos más heroicos, pero ahí están. A la izquierda se la reconoce desde lejos.

La izquierda se desorganiza en asambleas. Se supone que las asambleas sirven para escuchar la voz de la ciudadanía. Sin embargo, en la práctica, se parecen más a peleas de pandilleros, guerras civiles de pacotilla por una cuota de poder o por cinco miserables minutos de protagonismo. Las guerras civiles de los militantes de izquierdas, que piensan todos más o menos igual, aunque con ciertos matices que ellos creen insoslayables, acaban atomizando la izquierda en galaxias de partidos minúsculos que se arrogan los valores verdaderos e inmarcesibles de la izquierda al tiempo que se niegan a reconocer su condición de grupúsculos inoperantes y narcisistas. Si alguno de estos partidos de pronto despunta, el resto de partidos de su misma órbita lo machaca sin piedad. En la izquierda no se perdona el éxito de los partidos afines, y cualquier concesión al entendimiento general de los que alcanzan una cuota de poder se interpreta como una traición imperdonable. Es probable que muchos de los políticos que alcanzan el poder dentro de estas formaciones no sean realmente de izquierdas. La verdadera gente de izquierdas es autocrítica y nunca pasa de las discusiones bizantinas e inútiles de las asambleas. Y los que llegan a alcanzar cierto poder terminan en la picota por cualquier gesto que pueda malinterpretarse. El mínimo que se exige a un político de izquierdas para que sea incuestionable es la santidad. También puede que los verdaderos políticos de izquierdas nunca lleguen a lo más alto porque acaban abatidos sin piedad en el fragor de las batallas de sus guerras intestinas o ejecutados en alguno de los ajustes de cuentas cainitas de las bases de sus propios partidos. Y si llega alguno, debe de estar tan sumamente asqueado y exhausto después de tanta refriega fratricida que no sería raro que se sintiera sin fuerzas para enfrentarse a sus verdaderos adversarios. Por eso no debería extrañarnos que muchos políticos de izquierdas lleguen a su madurez convertidos en unos auténticos cínicos, ni que desconfíen de esas bases ineficaces y onanistas que en lugar de hacer aportaciones prácticas se dedican a despellejarlos en cuanto tienen ocasión.

En los próximos comicios, supongo que volveré a votar a alguno de los innumerables partidos que fraccionan y debilitan a la izquierda, pero eso no significa que no pueda pensar de vez en cuando que quizá nos mereceríamos, especialmente nosotros, los de izquierdas, la peor de las dictaduras fascistas.

jueves, 19 de marzo de 2015

En la inauguración del sepulcro de Miguel de Cervantes

(parodia de un conocido soneto con estrambote del autor inmortal)

No dudéis que me asombra la belleza
del sepulcro que guarda en esta villa
el fémur, la tibia y una costilla
del manco de Lepanto sin cabeza.

Millones de turistas con certeza
vendrán a contemplar la maravilla
y en ninguna terraza habrá una silla
libre para tomar tapa y cerveza.

Seguro que los huesos de este muerto
darán más beneficios que el legado
de Sancho, Rocinante y don Quijote.

Y después la alcaldesa dijo: "Es cierto
todo lo que el ministro os ha contado,
y si alguien lo cuestiona, es que es un zote."

Luego dieron un bote,
llevaron al ministro hasta la entrada,
cortaron una cinta, y no hubo nada.

sábado, 14 de marzo de 2015

Cuentos con moraleja: la fábula del viento y el sol

Hace mucho tiempo que no aparece en esta sección una fábula del viejo Esopo. Hoy me apetece recuperar una que seguro que casi todos conocéis:

Un día discutieron el viento y el sol porque no se ponían de acuerdo en quién de los dos era más poderoso. El viento, que era muy orgulloso y siempre andaba presumiendo de su fuerza, se atrevió a proponerle al sol una prueba para salir de dudas. La prueba consistiría en arrebatarle a un caminante que pasaba el abrigo que llevaba puesto.
    Como el hombre llevaba el abrigo desabrochado, casi lo pierde con las primeras embestidas del viento, que empezó a soplar con todas sus fuerzas. Pero el caminante lo agarró con las manos y a duras penas consiguió abrochar los botones. El viento no se rindió y siguió soplando con mayor empeño. No le sirvió de nada. El hombre se refugió detrás de una roca y esperó a que acabara aquella ventisca.
    Cuando el viento se dio por vencido, el sol empezó a lucir, primero con moderación, pero lo suficiente para que el hombre abandonara su refugio y desabrochara los botones de su abrigo. Luego el sol fue aumentando la intensidad de sus rayos hasta que consiguió que el caminante no solo se quitara el abrigo, sino también todas sus ropas. Acabó dándose un baño en un río que encontró en su camino.

Las chicas y mujeres musulmanas que cubren sus cabezas con el hiyab siempre me traen a la memoria esta fábula. Cada vez que las veo, no puedo evitar pensar por qué se condenan a llevar una prenda que esconde parte de su belleza. A algunas las obligan sus familias, pero otras lo hacen por decisión propia. Eso es lo que me preocupa y desconcierta.

Sé que la fuerza no serviría para quitarles el velo islámico, que seguro que sujetan con decisión cuando sopla el viento. No serviría ni con las que llevan el velo islámico ni mucho menos con las pobres que han decidido enterrarse en vida bajo un burka. Por eso siempre termino preguntándome qué tipo de sol nos haría falta para que fueran ellas mismas las que quisieran descubrirse y dejar que sus hermosos cabellos de azabache cayeran libres sobre sus hombros.