martes, 11 de enero de 2011

Mundos perdidos: La biblioteca de fumadores de Noviciado

A principios de los noventa había una biblioteca en Madrid con un reservado para fumadores. Algo totalmente insólito. Era una biblioteca que dependía de la Universidad Complutense y estaba en una de las calles que salen de San Bernardo, muy cerca del metro Noviciado. Soy muy malo para las fechas, pero supongo que iba por allí más o menos por el 92 o el 93.
A finales de los 80 ya habían prohibido el tabaco en muchos espacios públicos. Sin embargo, se comprendía entonces más a los fumadores. Los últimos veinte años de demonización mediática de este colectivo están dando sus frutos. Por eso resultaba chocante, aunque comprensible, que en aquella biblioteca los usuarios de la misma hubieran llegado a un entendimiento que se saltaba la ley.
Más que una biblioteca de préstamo era una biblioteca de estudio. En las épocas de exámenes estaba a reventar. Disponía de tres salas. En la planta baja había dos: la sala de Humanidades y la de Derecho. En el segundo piso estaba la de Ciencias, que sería tan grande como las dos salas de abajo juntas. Al no estar comunicadas se pudo habilitar una de ellas, la de Derecho, para los fumadores. Vendría a ser la cuarta parte de la biblioteca o algo menos.
Era una sala totalmente dañina para la salud, deletérea y cancerígena de necesidad. En sus momentos de apogeo, esto es, en los exámenes, su atmósfera era una densa nube de humo en la que se sumergían los estudiantes que encontraban hueco en alguna de sus mesas. Era la sala con más aforo ocupado.
Los no fumadores no protestaban. Disponían de más sitio y nadie les molestaba. Estoy seguro de que los que estaban a cargo de la biblioteca hubieran acabado con el experimento si no hubiera habido un clima de entendimiento y tolerancia.
Me gustaba mucho aquella biblioteca porque me parecía un ejemplo de civismo y de respeto entre los distintos intereses de los miembros de una misma comunidad. No lo digo ahora a toro pasado. Ya entonces lo comentaba.
Esta biblioteca ya no existe. Y creo recordar que en sus últimos años ya no dejaban fumar en ninguna parte. Probablemente terminaron llamándoles la atención. Hoy alguien les hubiera denunciado a los cinco minutos. La culpa la tiene esa puta moralidad mal entendida que nos inculcan constantemente para imponernos lo que se considera bueno, correcto y educado en nuestra sociedad. La censura –en ocasiones autocensura- de lo políticamente correcto. Es curioso que los que están en sintonía con la moral estándar de una época se presumen poseedores de la verdad absoluta sin darse cuenta de lo cuestionables que son todas las convenciones.
Yo no comparto la prohibición de fumar en los bares porque me parecen negocios privados y entiendo que uno en su negocio debería poder hacer lo que quisiera, siempre que sea legal. Y el tabaco, en principio, lo es. Pero, en fin, si aceptamos que los bares son sitios públicos y que en los sitios públicos no debemos fumar, no entiendo que no se permita construir reservados para los fumadores. Aunque sea sin camareros. Los hay en otros países.
Tampoco entiendo que hayan prohibido en las empresas las smoking rooms. O que vayan a prohibir los smoking points en los aeropuertos.  Poco gasto suponían para las empresas estos reservados. Y servían para aliviar a esos seres cada vez más patéticos que son los pobres fumadores. No me digáis que no sentís pena por ellos en los aeropuertos cuando los veis a través del cristal en los smoking points como peces encerrados en un acuario de vertidos radioactivos. Que sí, que no son mayoría, pero un 30% de la población me parece una “minoría” bastante populosa. No olvidemos que la democracia bien entendida no es el sistema político en el que se hace lo que imponen las mayorías, sino el que nunca desatiende ni discrimina a ningún sector de la población.
No puedo soportar que el Estado –hipócrita por cobrar unos impuestos abusivos por la compra de este producto- me diga lo que debo o no debo hacer con mi salud y con mi vida. Me molesta que el Estado me trate como a un niño al que hay que castigar por malo. El otro día un colega defensor de la nueva ley me decía que también la gente protestó cuando nos obligaron a ponernos el cinturón de seguridad. Pues también me parece mal. En lo que solo me puede perjudicar a mí nunca debería meterse el Estado.
Información y madurez para asumir las consecuencias de los propios actos. Ese debería ser el camino. Caiga quien caiga. También me parecen despreciables esos fumadores cínicos que un día enfermaron y demandaron a las tabacaleras. Todo el mundo sabe que el tabaco es malo para la salud. Si fumas y enfermas, te jodes.
El debate en la calle es pueril y maniqueo. No fumo: estoy contento con la ley. Fumo: no estoy contento con la ley. Para mí es la intromisión de un Estado hipócrita en nuestra libertad personal. Y una discriminación de gran parte de la sociedad. Estamos tratando a los fumadores como a leprosos sin ofrecerles ninguna alternativa. Como no sea la de no fumar. Que es como cuando la Iglesia dice que la mejor forma de evitar los embarazos no deseados es no follar.
Por cierto, no fumo. De momento. Cada día se me antoja más atractivo.

6 comentarios:

Laura dijo...

Buenas Félix.
Estoy de acuerdo contigo casi en todo, menos en algunas cosas...
No creo que el humo del tabaco solo te afecte a ti...si usas la seguridad social, los costes por un probable cáncer, enfermedades respiratorias o etc...las asumimos todos. Igual que un incauto que vaya en motocicleta sin casco y se quede paralítico.
Además, conozco muchos fumadores, sobre todo aquéllos que todavía no han llegado al nivel de "seres patéticos encerrados en acuarios radiactivos", que están de acuerdo con la ley porque no son tontos, saben que fumar es malo y cuanto menos fumen, aunque sea por obligación, mejor para ellos.
y tb conozco no fumadores en contra de la ley, veáse un ejemplo.
Así que aunque solo sea por no tener que ponerte tú mismo a airear en la terraza después de una noche de marcha, me alegro de esta ley...
Por cierto, soy exfumadora habitual, no por ley, sino por catarro, aunque algún cigarro eventual siempre cae.

Félix dijo...

Sí señor, totalmente de acuerdo en todo. Tengo mil argumentos (tal vez alguno menos) para estar en contra de la ley pero como soy fumador no cuentan los argumentos porque la gente sentencia que estoy en contra porque fumo.

Félix Chacón dijo...

Félix, quería escribir este post justamente porque no soy fumador. En mi caso no puede haber intereses particulares. Tampoco tengo un bar.

Félix Chacón dijo...

Laura, el tema de la Seguridad Social para mí es mucho más complejo. Yo lo veo como el pago de un seguro. Lo pagamos todos y luego solo algunos tienen que utilizarlo. No todos los fumadores necesitan la seguridad social más que los que no lo son, que algunos pueden ser muy longevos. Me acuerdo ahora mismo del gran Compay Segundo, que seguía cantando con 90 años.

Si pudiéramos echarnos en cara todo lo relativo a nuestra salud, tendríamos que perseguir a los que beben, a los que comen demasiado, a los que comen demasiado poco y se hacen anoréxicos, a los que no hacen deporte, a los que hacen demasiado deporte y siempre están lesionados, a los hipocondriacos que siempre se están medicando, a los viejos que van al médico para tener algo que hacer... Además podríamos echarnos en cara las aportaciones que cada uno hacemos, que no todos pagamos lo mismo y luego todos disfrutamos igual del servicio. Por eso mejor no entrar en ese tema.

Dejémoslo como un servicio al que todos tenemos derecho independientemente de nuestros excesos y desviaciones personales.

Me gustaría pensar que mi vida me pertenece. Antes nos decían que pertenecía a Dios. No me gustaría que ahora me dijeran que pertenece al Estado.

Para terminar quiero que conste que yo por supuesto os recomiendo no fumar. Luego haced lo que os salga de las narices.

Pimpinela Escarlata dijo...

Comparto vuestras dos visiones pero Laura ha dado en una clave......los fumadores ahora fumamos menos.........

PEDRO dijo...

Esteee, guau :)