miércoles, 28 de enero de 2015

Cuentos con moraleja: el chiste del loco que se creía Napoleón

Hoy me apetece rescatar un clásico del humor por el que siempre he sentido especial devoción:

En un psiquiátrico, un loco se acercó a otro con aire misterioso y este, intrigado y expectante, se quedó observándolo a ver por dónde salía. Había cambiado desde la última vez que se habían encontrado en los pasillos del hospital. Nunca antes lo había visto con un gorro de papel en la cabeza ni con la mano pegada al pecho.
    –¿A que no sabes quién soy? –le preguntó el loco del gorro de papel al otro.
    –Pues no. Ni idea. Creo que nunca hemos hablado ni nos han presentado.
    –Yo soy Napoleón.
    –¿Estás seguro?
    –Claro que sí. Me lo ha dicho Dios.
    –Eh, cuidado –objetó el otro–,  no te inventes las cosas que yo no te he dicho nada.


Esta breve historia vendría a demostrar lo difícil que sería poner de acuerdo a dos creyentes que han concebido la existencia de Dios desde perspectivas diferentes, algo que no deja de suceder entre todas las religiones y la multitud de sectas que conforman el inmenso collage de la religiosidad. Y si eso os parece difícil, imaginaos el reto que supondría intentar convencer a unos y a otros de la posibilidad de que todos ellos estuvieran equivocados.

Por eso, los que no creemos en ningún dios tenemos que resignarnos y conformarnos con que los creyentes se tomen la religiosidad como algo íntimo y privado que no nos implique ni salpique al resto. Los conflictos con los religiosos suelen empezar cuando los creyentes intentan imponer sus ritos, costumbres y creencias a los demás. A mí particularmente me da igual que haya gente que desfile en procesión, que peregrine a la Meca o a Lourdes, que vaya a misa los domingos, que descanse los sábados, que crea que las vacas son sagradas, que no coma cerdo, que no aborte en ningún caso o que no haga dibujos de Mahoma. Lo que no puedo tolerar es que intenten imponernos todo eso a los que no pensamos como ellos. Porque llegados a ese punto, la cosa siempre acaba pasando a mayores. Hoy sucede especialmente con los islamistas radicales que imponen sus leyes en los territorios que controlan y con los alucinados –de acuerdo con que no son todos– a los que les da por pensar que su Dios les ha ordenado que castiguen a los herejes e infieles y se van a matar humoristas, dibujantes, escritores o directores de cine. Los crímenes de Charlie Hebdo tienen antecedentes muy recientes que están en la mente de todos, como el asesinato del cineasta Theo van Gogh o la fatwua que condenaba a muerte al escritor Salman Rushdie. Y sí, vale, entiendo que detrás de todo esto de la yihad hay cuestiones políticas, económicas y sociales que hacen que el problema no tenga solo una dimensión religiosa. De acuerdo. Pero usar la religión como justificación de la barbarie y convertirla así en la munición con la que se ejecuta a personas inocentes me parece tan reprobable e ilícito como el uso de armas químicas o de armas de destrucción masiva.

Si de momento no escuchas psicofonías dentro de tu cabeza ni piensas que Dios te ha envidado ningún libro de instrucciones para convertir tu vida en la gymkana que te llevará al Paraíso, eso que llevas ganado. Aunque no es bueno emocionarse, que la vida es larga y ninguno estamos a salvo de la llamada de la divinidad. Bien lo saben los que juegan la carta trucada del agnosticismo. Y es que la idea de Dios no nace de la falta de inteligencia ni de la predisposición genética de ciertas personas hacia lo trascendente, sino del miedo ontológico, de la angustia que nos produce no saber qué cojones significa todo esto, de la cobardía para aceptar que tenemos fecha de caducidad y que no seremos eternos. No solo miedo, algo de vanidad debe de haber también en todo eso.

Por cierto, si alguien piensa que he llamado locos a los creyentes, creo que se equivoca al interpretar la historia. Sería como si os contara la fábula de la zorra y las uvas y me acusarais de estar llamándoos zorras, o si pensarais que os estoy llamando cerdos por referir el cuento de los tres cerditos. De cualquier forma, si la creencia en Dios fuera algún tipo de locura, los creyentes no tienen por qué preocuparse. Se trataría de una patología muy extendida y perfectamente aceptada por la sociedad. Hasta tal punto que han conseguido que los que no pensamos como ellos parezcamos los raros.

#JeSuisCharlie

domingo, 11 de enero de 2015

Los Impresentables vuelven a El Internacional

Aquí llega la segunda convocatoria de este encuentro poético que Alicia Es. Martínez, Óscar Aguado y yo imaginamos una de nuestras noches épicas en El Internacional. Os animo a todos a venir porque habrá poesía con mucha clase y desparpajo, y además Carlos Ávila nos cantará algunas de las mejores canciones de su repertorio. Esta vez me quedaré entre bambalinas coordinando la actuación, pero seguro que me sentiré como un impresentable más.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Optimismo

Quién nos iba a decir hace solo unos meses que 2015 se iba a presentar con una cara tan amable, tan cargado de ilusión y alegría. Lo hemos pasado mal y ha sido duro, pero por fin hemos salido de la crisis. Esta vez de verdad. Ahí están los indicadores macroeconómicos que demuestran que lo peor ha pasado y que lo mejor está a la vuelta de la esquina. Casi se puede oler ya esta nueva era de prosperidad que nos espera después de las doce uvas. Es como si la primavera se hubiera anticipado y todas nuestras esperanzas volvieran a florecer con bríos renovados.

Se acabaron las manifestaciones, las huelgas y las protestas en general. Y no por el miedo a la mal llamada ley Mordaza, sino porque no habrá ninguna justificación para rodear el Congreso, tomar las plazas o invadir las calles inopinadamente. A nuestro querido presidente del Gobierno no le cabe ninguna duda y a la prensa más objetiva e imparcial tampoco. Ahí están periodistas de raza como Francisco Marhuenda para certificarlo. Muchos de los que se han metido con él durante estos últimos años deberían pensar en ir pidiéndole disculpas, que la realidad, que es obstinada y pertinaz, ha terminado dándole la razón. Este prohombre del periodismo, que nunca flaqueó y que, contra viento y marea, siempre mantuvo su fe en el Gobierno, nos ha dado una gran lección de la que tendríamos que sacar muchas conclusiones.

Sí, ya sé que muchos de vosotros aún sois escépticos y que creéis que el Gobierno intenta tomarnos el pelo. Seguro que me vais a decir que sigue habiendo gente rebuscando en los contenedores, que hay colas interminables en los comedores sociales, que continúan los desahucios, que el paro apenas ha bajado y que mucha gente que trabaja no gana ni para comer. Todo eso no se puede negar, pero lo único que sucede es que no sois capaces de ver más allá de vuestras narices porque los árboles os impiden ver el bosque. ¿Es que no os dais cuenta de que todo eso no es sino el rastro que deja a su paso la tormenta? Pero no hay que perder la calma porque la tormenta ya pasó y España es un ave fénix que está resurgiendo de sus cenizas, mal que les pese a los agoreros. Ahí tenéis los irrefutables e impepinables indicios que lo demuestran. Se acabaron los recortes. El Gobierno acaba de elevar en tres eurazos el sueldo mínimo interprofesional y ha subido las pensiones un 0,25%. No hay más ciego que el que no quiere ver.

Con un poco de paciencia muy pronto veremos los frutos granados de la nueva reforma educativa. En 2015 se implantará en secundaria y seguro que es todo un éxito. Puede que incluso esta sea la oportunidad para que Froilán se saque por fin la ESO y emprenda una exitosa carrera como promotor de fiestas en la Joy. El PP siempre se ha preocupado mucho por ofrecer oportunidades a la juventud con inquietudes. Solo hay que fijarse en lo bien que se han portado con el Pequeño Nicolás. Qué bonito sería que el PP convocara el próximo curso las becas “Pequeño Nicolás” para jóvenes emprendedores.

Y se acabó la preocupación ciudadana por la corrupción. Que sí, que ha existido, eso no lo vamos a negar. Pero es una lección aprendida de la que solo quedan ciertos remordimientos y el propósito firme de no volver a repetirlo. Con solo ver la nueva ley de transparencia del PP queda claro que ellos, especialmente, han quedado totalmente escarmentados. Puede que en el pasado hayan estado más pringados que el resto, pero por eso mismo también han sido el primer gobierno que ha tomado medidas drásticas para extirpar la corrupción de raíz. Ningún partido como el PP a la hora de colaborar con la justicia y dejar que los jueces actúen con rigor e imparcialidad.

Pero como de desagradecidos está el mundo lleno, seguro que hay por ahí gente que les pone alguna pega. Pues no pasa nada, que para eso vivimos en democracia, disfrutamos de un Estado de derecho y podemos manifestar libremente nuestras preferencias en las urnas.

Para todos los quejicas, el 2015 trae un montón de elecciones democráticas en las que habrá opciones estupendas para todos. ¿Que eres de poca aventura pero estás desencantado del PP? Pues ahí tienes al UPyD de Rosa Díez y a los Ciudadanos de Albert Rivera, que no son ni de izquierdas ni de derechas sino todo lo contrario pero al revés, que no es lo mismo.

¿Qué eres un nostálgico de la izquierda de toda la vida porque te gusta el olor a naftalina y la moda vintage? Pues ahí están Pedro Sánchez y Alberto Garzón, que vienen a ser lo mismo que cuando cambiaron el dibujo del bote del Cola Cao y dejaron dentro el producto de toda la vida, que la gracia del Cola Cao auténtico está en que haga grumos para comértelos a cucharadas antes de apurar la leche. Las cosas que están bien no hay por qué cambiarlas.

Pero que no se preocupen los amantes de las novedades, que 2015 les tiene reservadas grandes emociones. De hecho, todo apunta a que Podemos puede ser la gran sorpresa electoral. Multitud de fenómenos paranormales y algunas encuestas del CIS parecen anunciar que Pablo Iglesias se hizo hombre para derrotar a la casta y redimirnos a todos de la tiranía de los banqueros y los grandes empresarios. Que nadie dude de él, que, si las circunstancias lo requieren, convertirá el agua en vino y multiplicará los panes y los peces.

Solo preveo un mal año para los nacionalistas e independentistas. En cuanto los catalanes y los vascos vean lo bien que nos va, no habrá ni uno que quiera irse de aquí. A lo mejor tendríamos que hacer un referéndum a nivel nacional para decidir si les damos la patada y nos los quitamos de encima. Aunque solo fuera para darles un susto y echarnos unas risas.

Y es que lo de votar está bien, pero dentro de un orden. ¿O es que acaso nos ha hecho falta votar para tener un monarca cojonudo? Hay cuestiones que más que democracia lo que requieren es una buena estrategia de jugador de ajedrez. Para dar jaque a sus hermanas, a la tonta y a la listilla, solo tuvimos que mantener una ley de sucesión que las descartaba por ser mujeres. ¿Acaso alguien protestó por un caso de discriminación tan palmario? Pues no. Porque Felipe era el heredero que a todos nos gustaba: alto, guapo, educado, romántico… Resumiendo, un príncipe de esos que salen en los cuentos. Y listo donde los haya. Ni se os ocurra jugar con él al Tabú, que es un crack. El otro día se tiró quince minutos hablando en televisión y no dijo ni una de las palabras prohibidas.

En 2015, hasta la Iglesia va a parecer otra. Se acabaron los escándalos de pederastia y las sectas sicalípticas. El papa Francisco exorcizará todos los males de su grey y la dejará más inmaculada que recién salida del confesionario. Ya era hora de que llegara un papa que se pusiera de parte de los pobres. Seguro que pronto empieza a subastar las riquezas del Vaticano para dar de comer a todos los necesitados del planeta. Su humildad nos ha dejado a todos pasmadísimos, y no solo porque sea papa sino muy especialmente por tratarse de un argentino. Nunca habíamos visto algo así. No me extrañaría que más pronto que tarde renunciara a su cargo de jefe de Estado y convirtiera la teocracia vaticana en una comuna anarquista.

¿Y qué me decís de Estados Unidos? Obama ha terminado con el bloqueo a Cuba y se supone que por fin cerrará Guantánamo. No me parece poco. Aunque tengo que reconocer que el panorama internacional sí me tiene algo preocupadillo. Sigo viendo muy cabreados a los yihadistas y supongo que el problema no tiene fácil solución. Es gente que se queja de vicio y eso tiene mal arreglo. No sé a qué viene tanta mala hostia con lo bien que les va. Cada vez controlan más territorios y ya tienen hasta califa y todo. Fíjate que me da que 2015 para ellos no va a ser mal año.

En fin, espero que todos mis buenos augurios se cumplan y que 2015 os dé a todos lo que os merecéis.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Little Miss Sunshine

Little Miss Sunshine es la historia de una familia de fracasados que llevan a Olive, la hija pequeña, a un concurso de belleza para niñas. Y no lo hacen por vanidad, como tantos otros padres, sino porque a la niña le hace mucha ilusión y creen que tienen que apoyarla. La película se convierte en una odisea con formato de road movie en la que los personajes recorrerán más de mil kilómetros para llegar, tras muchas tensiones, peripecias e imprevistos, a Redondo Beach, la sede del concurso. Allí descubrirán que el concurso es, además de hortera y delirante, totalmente inaccesible para Olive, una niña graciosa, bajita, gordita y cuatro ojos. Antes de que salga al escenario, comprenderán que no tendrá nada que hacer frente a unas niñas que parecen recién salidas de la casa de la Barbie: altas, guapas, estilizadas y con un montón de habilidades insólitas. Para mí este es el mayor acierto de la película, el que consigue que los espectadores se identifiquen con la situación al mostrarnos el éxito como una competición fuera de nuestro alcance y, al mismo tiempo, hacernos comprender que ese tipo de competiciones son algo vacío, afectado, ridículo, que poco o nada tienen que ver con la vida.

Olive solo es una niña ingenua e inconsciente que sueña con participar en un concurso de belleza y sería cruel acabar de golpe con sus ilusiones. Es mucho mejor que salga al escenario, que reviente el concurso y que escandalice a todo el mundo con su baile sicalíptico y procaz. Por eso todos estamos con su familia cuando suben al escenario para bailar con ella y apoyarla.

La única vez que sentí orgullo patrio viendo un concurso fue cuando mandamos a Rodolfo Chikilicuatre a fastidiar el Festival de Eurovisión. Yo fui uno de los que votó por SMS para que nos representara y fuera allí a darles una patada en el culo a los que organizan ese espantoso concurso. Fue de las pocas veces en mi vida que vi Eurovisión y esperé con impaciencia la aparición del representante español. Cuando comenzó su actuación, sentí que yo también estaba allí, en el escenario, con Chikilicuatre, perreando sin parar, tocando la guitarrita de juguete y bailando el brikindans, el crusaíto, el maikelyakson y el robocop.

sábado, 1 de noviembre de 2014

El día de difuntos de 2014

(Paráfrasis o parodia de Larra.)

Supongo que hubo un tiempo –ya ni me acuerdo– en el que me sorprendía por todo lo que tiene que ver con este país: la ineptitud de la clase política, su latrocinio continuado, la necedad de los electores, su pasividad a la hora de pedir dimisiones y reformas profundas… Hoy, día de difuntos de 2014, ya no me sorprende nada. Con la mitad de casos de corrupción que se han destapado últimamente, deberíamos estar, como poco, en la antesala de unas elecciones anticipadas. Pero ni la oposición las pide con la vehemencia necesaria ni la gente sale a la calle a exigirlas por la fuerza. Estamos tan acostumbrados al bochornoso espectáculo de esta lamentable clase política como a ver las miserias de África a la hora de comer. Puede que en algún momento estuviéramos indignados, no lo dudo, pero desde hace tiempo el significado de ese término debe de haberse suavizado. He ahí un término que los académicos deberían haber revisado en la última edición del diccionario de la RAE. Yo habría propuesto lo siguiente: “Dícese del que finge estar muy cabreado con la situación política y no hace nada para cambiarla”. Lo sé muy bien porque yo mismo soy un indignado.

Hace un par de días entré en un estado cercano a la depresión. No sabría decir exactamente por qué, pero sé que me sentía como el interino que lleva tres o cuatro años sin trabajar, como el emigrante español que se va a Alemania siguiendo los pasos de su abuelo, como el inmigrante que se jugó la vida en la valla de Melilla para terminar explotado en régimen de pseudoesclavitud en la finca de algún terrateniente andaluz o como el corrupto que atraviesa el umbral de Soto del Real pensando que es injusto que entre tantos de su misma ralea le haya tenido que tocar a él.

En esas circunstancias, no pude tener peor idea que acercarme a mi pueblo. Si a mi pueblo le pusiéramos una tapa de pino en el lugar del cielo, sería lo mismo que un inmenso ataúd. Anduve recorriendo sus calles a las siete de la tarde y tuve la sensación de caminar por un pueblo fantasma, o por los escenarios donde a veces se ruedan mis pesadillas. Casualmente, pasé por una parte del pueblo donde yo jugaba mucho de niño y me sorprendió ver que ya no había chavales en la calle. Los imaginé en su casa mandando Whatsapps o yendo a todas esas actividades programadas que tanto les gustan a los padres. Casi no me crucé con nadie mientras admiraba las ostentosas viviendas que se construyeron en los felices años de la burbuja inmobiliaria y los muchos solares con vallas de metal que durante las próximas décadas afearán casi todas las calles de España. Aunque ya se iba haciendo de noche, muchas de las casas estaban a oscuras. Intenté calcular cuántas casas de mi pueblo están deshabitadas la mayor parte del año y me perdí en la cuenta. Cada vez son más los que se van. No hay futuro para un pueblo que vivía en gran medida de la construcción y de las fábricas de puertas, que saltaron por los aires en el instante que explotó la burbuja. En el centro del pueblo, en la plaza, algunas madres vigilaban a los pocos niños que jugaban en el parque infantil. En los bancos, algunos viejos miraban sin emoción pasar la poca vida que pasaba. En los bares no había casi nadie. Miré la iglesia. Unos meses antes estaba de reformas. Pensé en pasar a ver qué habían hecho, pero no lo hice. Me parecía una broma de mal gusto que la iglesia fuera lo único que había mejorado desde mi última visita. En una extraña asociación de ideas, me acordé de la gran aportación de nuestro joven alcalde al embellecimiento del municipio: un breve y espantoso monumento a la bandera española en la plaza, supongo que para reafirmar nuestro sentimiento patriótico. Como los que le precedieron, ni se ha planteado quitar de la plaza el monumento a los caídos por Dios y por España. También debe de ser algo muy patriótico. Como se acercaba el Día de Todos los Santos y tenía la sensación de que me faltaba el aire dentro de aquel ataúd, decidí salir corriendo de allí antes de que a alguien se le ocurriera ir a visitarme con una corona de flores.

Volví a Toledo todo lo rápido que pude, entré en mi casa y con un gran alivio cerré la puerta a mis espaldas, como si viniera huyendo de una hueste de walking dead. Momentáneamente me sentí a salvo.

Hoy, sin embargo, me doy cuenta de que haber escapado de un ataúd no me ha servido para salir del cementerio. Y en estos momentos pienso en esos infelices que salen de sus casas para acudir a los cementerios a ver a los muertos. No se dan cuenta de que para cumplir con el rito de ir a ver a los muertos les valdría solo con buscar un espejo. Y si quieren ver zombis caminando torpemente, yendo a ninguna parte, confusos y desconcertados, solo tienen que abrir las ventanas y mirar a los que pasan. Porque estamos rodeados. Cada pueblo de España no es nada más que un sepulcro. Cada ciudad, una inmensa colmena de nichos. El país entero, un cementerio. Quizá para disuadir a los que intentan saltar las vallas de Melilla solo habría que hacerles ver que lo que intentan sortear son las tapias de un enorme cementerio.

Miro los titulares de los periódicos y tengo la sensación de estar leyendo epitafios.

Veo a muchos de nuestros gobernantes corruptos intentando defenderse con el argumento de que todos roban, sin darse cuenta de que incluso dentro del crimen podemos hacer rankings.

Veo a políticos que dicen que la economía española está despegando mientras no deja de aumentar el número de personas que pierden sus casas y van a los bancos de alimentos.

Veo que los políticos que se llaman a sí mismo liberales han sido funcionarios toda su vida y entienden que ser emprendedores es privatizar lo que es de todos y conseguir adjudicaciones de servicios públicos mediante sobornos. Y sabemos que no van a parar hasta expoliarlo todo.

Veo que algunos quieren dejar de ser españoles sin darse cuenta de que para lograr algo así no basta con cambiar de himno y de bandera, ni mucho menos con poner otra tapia para construir su propio cementerio.

Veo la palabra constitución en manos de los que nunca creyeron en ella, salvo cuando se dieron cuenta de que podrían pervertirla para sus intereses.

Veo cómo los grandes empresarios y los banqueros tratan a los políticos como si fueran marionetas y exigen, con el arte del ventrílocuo, que los obreros tengan los mismos derechos y usos que un Kleenex, y que los pequeños empresarios se acostumbren a vivir de sus desechos.

Veo a jueces corruptos que apoyan a los suyos a cambio de prebendas mientras que hay otros jueces condenados por prevaricación por perseguir a tipos poderosos que comparten vajilla y mantel con los ministros.

Veo a algunos periodistas vendidos al poder. Y a otros como simples escribanos que acuden al trabajo a copiar ruedas de prensa sin molestar demasiado.

Y veo a algún corrupto que es detenido como cabeza de turco para distraer a la opinión pública. Es una táctica común de la mafia mejicana. De vez en cuando dejan que caiga uno de los suyos para que la gente crea que la policía, que está a sueldo de las mafias, hace su trabajo.

Que estemos todos muertos y nos hayamos convertido en zombis es la única explicación que encuentro para que no salgamos a la calle, en masa, a reventarlo todo, a poner este país patas arriba para poder empezar a ordenarlo de nuevo. Me gustaría pensar que hay algún superviviente que ha sobrevivido a la invasión zombi, pero en el corazón de un cadáver caben pocas esperanzas y sospecho que, si lo descubriéramos, no duraría mucho entre nosotros.

domingo, 19 de octubre de 2014

Los Impresentables en El Internacional

El próximo sábado tendrá lugar el primer encuentro poético de Los Impresentables, una excusa como otra cualquiera para leer poemas y cantar canciones en El Internacional, algo que, de cualquier forma, ya hacemos normalmente sin anunciarlo en ningún cartel. Lo novedoso de este encuentro será que aprovecharemos para traer poetas de fuera de nuestras fronteras toledanas. En esta ocasión vendrán a vernos dos poetas excepcionales: Antonio Díez y Óscar Aguado (aka Carso Waters). También tendremos la suerte de que nos acompañe a la guitarra Tony Kuratti, el Dylan de Utrera, que lleva mucho tiempo sin actuar en Toledo y que, por supuesto, interpretará algunos temas del genio de Minnesota.


sábado, 4 de octubre de 2014

El Quijote

El Quijote siempre vuelve porque a los que somos fanáticos del libro cualquier excusa nos viene bien para reivindicarlo. Por eso el año que viene, que será el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte, se volverá a hablar mucho del libro y de su autor. No siempre con acierto, claro, que los lugares comunes y los errores de bulto son lo que más abunda cuando se habla de El Quijote, un libro que la mayoría de la gente no ha leído y que de los que sí lo han hecho hay muchos que no lo han terminado de entender.

En El Quijote no solo es fascinante la historia que se nos cuenta, sino también el proceso de su composición y la vida que entonces llevaba su autor. Todo lo que tiene que ver con El Quijote está cargado de significación. Incluso los errores, olvidos y desarciertos que cometió Cervantes en su redacción. Y quizá lo más sorprendente sea que haya alcanzado una fama universal sin parangón en la historia de nuestras letras. Si Cervantes pudiera desembarazarse de su sudario, sacudirse los siglos y volver a la vida, probablemente no entendería nada. Y mucho menos lo entenderían otros ingenios contemporáneos suyos. Y es que esta es una de esas veces en la que lo que consigue un autor es infinitamente superior a las pretensiones que tenía.

Cervantes quiso escribir la historia de un hombre de edad avanzada que se volvía loco por leer las estupideces que aparecían en las novelas de caballerías. Y no pretendía otra cosa que parodiar este género con el fin de desacreditarlo. Si esto fuera lo único que los lectores pudiéramos encontrar en este libro hace siglos que habría dejado de tener algún interés. Casi desde el mismo momento en que se publicó, pues ya entonces las novelas de caballerías eran un género narrativo en decadencia. El éxito de una parodia cuando ya no existe el referente del que se hace burla no deja de ser llamativo y solo demuestra que algo más debe de haber en la historia del hidalgo chiflado que sale en busca de aventuras para desfacer agravios y socorrer a los menesterosos. Lo que se esconde bajo la superficie de El Quijote, como si de un palimpsesto se tratara, es la historia de un soñador, de un idealista que quiere cambiar el mundo y termina estrellándose contra la gris, sordida y decepcionante realidad. El Quijote es una tragedia disfrazada con los ropajes de la comedia, la historia de un desengaño vital, la visión del mundo de un hombre desencantado, frustrado, escéptico y acabado que se acerca a la vejez y que ha perdido todos los ideales y sueños de su juventud.

Quizá por eso es un libro tan inmenso y quizá por eso mismo los jóvenes no lo pueden entender. Y aunque lo sé, este curso obligaré a mis alumnos de Bachillerato a que lo lean. Solo unos capítulos, que mi nivel de sadismo no llega hasta el extremo de mandarles los dos tomos.  Intentaré que disfruten con cada una de las aventuras, que comprendan los términos que han caído en desuso, que elijan una buena edición con las notas a pie de página necesarias para que le pierdan el miedo y no desfallezcan en el intento. Puede que, con suerte, consiga que se enteren del sentido literal del texto y que se rían con alguna de las aventuras disparatadas del protagonista o con alguna de las divertidas conversaciones que mantiene con Sancho, pero dudo mucho que terminen entendiendo el libro, digiriendo su sentido profundo. Me esforzaré en mis explicaciones y seguramente se las dictaré y tendrán que copiarlas. Muchos de ellos, distantes e indiferentes, lo harán con la diligencia del autómata, memorizarán mis palabras y las vomitarán en el examen como el que se libra de una mala digestión. Y yo haré bien mi papel y a los que las merezcan les pondré buenas notas, aunque su recelo o rechazo hacia el libro me venga a demostrar que no terminaron de comprender su sentido profundo. Porque no es posible ni sería justo que un adolescente aceptara la derrota antes de empezar a luchar. La juventud es el mundo de los grandes ideales y de los sueños imposibles, un mundo más propicio para los héroes de Marvel que para el dramático final del antihéroe manchego. Y está bien que sea así. Está bien que los jóvenes sean arrogantes y utópicos, que piensen que antes de ellos solo hubo un hatajo de imbéciles que lo echaron todo a perder, que con ellos todo podría ser de otra manera y que los que lo jodemos todo somos los profes pesados que les amargamos la existencia mandándoles libros gordos y aburridos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Cuentos con moraleja: Lázaro, el ciego y las uvas

El Lazarillo de Tormes es una novela en cuya composición se utilizaron, más o menos modificados, muchos relatos ajenos que el autor hizo pasar por propios al convertirlos en aventuras y desventuras del pobre Lázaro de una manera que hoy nos parecería más cercana al plagio que a la intertextualidad. Por esa misma razón, creo que es lícito rescatar uno de sus pasajes para convertirlo en cuento, pero no como lo hacen los libros de texto cuando seleccionan un fragmento, sino reescribiéndolo de memoria para hacer mi propia versión:

Lázaro era un niño pobre al que su madre había puesto a servir a un ciego para que tuviera algún oficio y pudiera mantenerse por sí mismo. Tras salir de Salamanca, la ciudad donde el muchacho se había criado, no tardó en darse cuenta de que la astucia y la crueldad eran las características más sobresalientes de su amo. La crueldad se le veía en los muchos pescozones y palos que le daba, así como en lo poco que le daba de comer, que, para colmo de virtudes, el ciego también era avaro y mezquino. Su astucia quedaba de manifiesto por lo difícil que era engañarle a pesar de su ceguera.
            Poco tiempo después de salir de Salamanca llegaron a tierras toledanas. Era la época de la vendimia y, al pasar por Almorox, un hombre les ofreció un racimo de uvas a modo de limosna. De haber estado el racimo en buenas condiciones, seguro que el ciego lo habría guardado para que le durara varios días, pero era un racimo medio aplastado, con las uvas a punto de pasarse, y comprendió que no aguantaría ni un día más. Fue por eso por lo que, traicionando sus costumbres, decidió que era una buena idea zampárselo de golpe, a modo de festín, y compartirlo con Lázaro.
            –Lázaro –le dijo–, hoy es tu día de suerte y vas a poder hartarte de comer. Nos sentaremos en algún lugar y partiremos como buenos cristianos el racimo que este hombre nos ha dado. Para que el reparto sea equitativo, cogeremos las uvas por turno y de una en una. Y para estar seguro de que no me engañarás, tendrás que prometerme que no cogerás más de una uva cada vez que te toque.
            Lázaro estuvo de acuerdo y se lo prometió. Se sentaron bajo un árbol y empezaron a dar cuenta del racimo. Al principio respetaron el acuerdo, pero en el tercer turno, el ciego empezó a coger las uvas de dos en dos. Lázaro, sorprendido e indignado, se enfadó tanto que no solo quiso igualarle cogiendo las uvas de dos en dos, sino que le pareció de justicia que se merecía cogerlas de tres en tres. Y así lo hizo, aunque se atragantara de vez en cuando al tratar de engullirlas sin llamar la atención.
            Cuando se acabó el racimo, el ciego se quedó un rato con el escobajo en la mano y empezó a menear la cabeza:
           –Lázaro –dijo–, estoy seguro de que me has engañado. Podría jurar que has estado comiendo las uvas de tres en tres.
            –¿Por qué dice usted eso? – se defendió Lázaro fingiéndose ofendido.
            –¿Sabes por qué estoy tan seguro de que has estado comiendo las uvas de tres en tres? Porque las comía yo de dos en dos y te callabas.


Cuando veo estos días el aluvión de noticias sobre los escándalos de corrupción de Jordi Pujol, no pienso mucho en él. Pienso más en todos los que le rodearon durante los veintidós años que fue presidente de la Generalitat de Cataluña: todos sus cargos de confianza, los numerosos ministros del Gobierno de España que tuvieron tratos con él y, especialmente, los cuatro presidentes del Gobierno con los que coincidió. También pienso en la infinidad de empresarios que supuestamente le estuvieron pagando mordidas del 3% por las adjudicaciones de contratos de obras y servicios de la Generalitat. Y algo no me cuadra. Sobre todo sabiendo como sabemos lo difícil que es guardar un secreto entre españoles con que más de dos lo sepan. Si es verdad que Jordi Pujol estuvo embolsándose dinero público durante tanto tiempo hasta amasar una inmensa fortuna, lo que me pregunto es por qué todos esos a los que me he referido antes, que no eran ciegos ni sordos, callaban.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Lectura en Escena Libre - Festival de Poesía Voix Vives

Me han invitado a participar en el Festival de Poesía Voix Vives, que inundará Toledo de poesía durante los días 5, 6 y 7 de septiembre, y espero que algunos os animéis a venir. El año pasado fue la primera convocatoria de este increíble festival y lo pasé muy bien como espectador. Me hace mucha ilusión que me permitan aportar mi granito de arena en esta nueva convocatoria.

En mi particular performance contaré con la inestimable colaboración de Alicia Avilés. Entre los dos intentaremos hacer un breve recorrido por mi trayectoria poética y presentaremos algunos de mis poemas inéditos.

Os esperamos el sábado, 6 de septiembre, a las 19 horas en el escenario Escena Libre, que estará en la plaza del Colegio de Infantes, más conocida como plaza de la Bellota.

Si queréis ver toda la programación del festival, pinchad en el siguiente enlace:






viernes, 22 de agosto de 2014

Pienso

Las nuevas tecnologías han venido a demostrar que consumimos pienso barato porque de alguna forma nos gusta y no porque sea lo único que nos echan en el pesebre televisivo.

El otro día escuchaba a un humorista quejarse de que los espectadores veían sus monólogos más en Youtube que cuando se emitían por la televisión. Entiendo su preocupación porque el único criterio que tiene la televisión para mantener un programa en antena es la audiencia. Y son verdaderamente crueles cuando deciden que un programa tiene que desaparecer. Crueles y maleducados, diría yo, porque en el caso de las series me parece una falta de respeto para el espectador interrumpir de forma abrupta su emisión porque no alcanzaba el share esperado. Sin embargo, es comprensible que haya gente que prefiera ver un programa de televisión en el día y a la hora que le venga bien y no cuando dispongan los programadores de la televisión.

Ya no estamos en los tiempos en los que la tiranía de unas cuantas cadenas de televisión controlaban el entretenimiento nacional. Actualmente, son las mismas cadenas de televisión las que ofrecen sus programas en sus webs, de forma gratuita, aunque trufados debidamente de cortes publicitarios. Por estos mismos recursos que nos ponen a disposición las cadenas de televisión y por la posibilidad de descargarte infinidad de películas y series mediante programas P2P es por lo que no entiendo que la gente siga viendo la televisión en directo, quitando algunos programas que puedan requerir cierta inmediatez, como los telediarios o los eventos deportivos.

Como tampoco entiendo –y esto lo entiendo menos– que la gente vea programas mediocres pudiendo elegir otros mejores. A lo mejor estáis pensando que son las personas mayores, las que no se ha integrado en el uso de las nuevas tecnologías, las que mantienen la audiencia de los programas de televisión para oligofrénicos, pero, sin quitarles su parte de mérito, no creo que sean los únicos responsables. Twitter, que es una red social más o menos joven, lo desmiente. Son muchos los tuiteros que se dedican a comentar programas lamentables como Sálvame, Mujeres y hombres y viceversa o los realities más inmundos. O lo que es más sorprendente: cuando en la televisión emiten alguna película famosa, infinidad de tuiteros la comentan o expresan su alegría porque por fin van a poder verla. No tiene sentido esa fascinación por lo que emiten en un mundo en el que uno puede ver, legal o ilegalmente, cuando quiera y como quiera, la película que le dé la gana. También me llama la atención que la gente siga en la televisión las series más abominables y no haya visto otras como The Wire o Los Soprano porque no las emiten en un horario razonable y en las cadenas famosas. Me sorprende, en definitiva, que la televisión tradicional siga existiendo y que sigan siendo tan poderosas ciertas cadenas de televisión.

La televisión actual debería ser como la carta de un restaurante en la que uno elige lo que quiere comer a la hora que le viene bien. Y si esto no es así, solo puede haber dos explicaciones: o de verdad nos gusta el pienso barato o, simplemente, la función de la caja tonta es la de ofrecernos entretenimiento de la forma más fácil y cómoda sin que importe demasiado la calidad del mismo. Tan sencillo como darle a un botón y dejar la mente en blanco. Un pesebre lleno de pienso barato sin el mínimo esfuerzo antes que tener que mover el culo para salir a buscar prados más jugosos.

No seré yo quien critique la televisión si es verdad que cumple una función social tan encomiable.