jueves, 1 de octubre de 2015

El pequeño fascista que me habita

El pequeño fascista que me habita
tiene esas cosas que tiene cualquiera
dice esas cosas que todos pensamos
aunque las escondamos en nuestro propio infierno

El pequeño fascista que me habita
es un pepito grillo hijo de puta
que jamás ha tenido la desdicha
de enfrentarse a ese ángel que le pare los pies

Me acorrala a menudo e intenta persuadirme
de que con mano dura se arreglan los problemas
que las respuestas tibias son propias de cobardes
que el orden mundial se impone a base de hostias
y que con las medidas que él pondría en marcha
en veinticuatro horas todo se enmendaría
la avalancha de moros que vienen en pateras
la invasión de sudacas que nos está anegando
la insubordinación odiosa de los jóvenes de hoy
las execrables masacres de tantos terroristas
o el incordio constante de los nacionalistas periféricos

Me dice que debieran restaurar las torturas
que siempre funcionaron en casos de excepción
que el vulgo echa de menos las siempre edificantes
ejecuciones públicas, o los desollamientos
o las lapidaciones, o la Ley del Talión
La gente echa de menos las leyes sin dobleces ni oscuros subterfugios
reclaman sin descanso que vuelvan cuanto antes
los juicios sumarísimos, los justos linchamientos
que son más eficaces que el tardo mecanismo de la justicia de hoy

El pequeño fascista que me habita
varias veces me ha dicho que aprenda a fabricar explosivos caseros
que habría que volar el Congreso, el Senado o cualquier edificio del Gobierno
Debería, me dice, conseguir un buen rifle y dar clases de tiro
Con un solo disparo en el punto de mira de un francotirador
se elimina de un soplo a un político indigno

El pequeño fascista que me habita
no siempre trabaja en estos ambiciosos proyectos de estado
Acostumbra también a hablarme de mi vida
para que no me olvide de lo mal que la llevo
Me dice que debiera no dejar cabos sueltos
y ajustar esas cuentas que aún tengo pendientes
Sabe que hubo traidores que dejé sin venganza
Sabe que ahora me atacan y que no me defiendo
Mi pequeña conciencia justiciera me dice que ha llegado
la inaplazable hora de la dulce venganza
que hay formas de hacer daño
que son como accidentes que no provoca nadie
y que me ayudaría a preparar las trampas
y a limpiar toda huella que pudiera implicarme

Al pequeño fascista que me habita
termino casi siempre callándole la boca
sacándolo a patadas del zaguán de mi mente
Pero él nunca se rinde y espera con paciencia
al lado del umbral de mi cabeza
para meter su zarpa en cuanto me descuide