jueves, 7 de marzo de 2013

La vida es como IKEA


Por lo que sea, el IKEA siempre me ha resultado muy inspirador. Y no me pasa con todos los establecimientos comerciales, que el shopping nunca ha estado entre mis aficiones ni mi vena creativa se deja normalmente influenciar por los machacones reclamos publicitarios. De hecho, soy inmune a la pegadiza musiquilla del Mercadona o al eslogan manido y simplón del Media Mark, que a tantos humoristas ha inspirado.

A saber por qué IKEA siempre captó mi atención. En mis poemas se pueden rastrear algunos versos contagiados del espíritu de aquel anuncio de “la república independiente de tu casa”. Incluso su catálogo estuvo, de alguna manera, detrás del título y de la estructura que le di a mi libro de poemas Decoración de interiores. Ahí tenéis mis fuentes eruditas.

Un día de esos en los que me pongo lírico y transcendente hasta llegué a decir que la vida era como un mueble de IKEA: te dan todas las piezas desmontadas, unas instrucciones incomprensibles o inexistentes y nadie puede ayudarte porque nadie tiene ni puta idea. Esto no recuerdo haberlo escrito, así que tuvo que ser una de esas ideas de barra de bar hasta el culo de copas a las tantas de la mañana.

El IKEA también viene a simbolizar esas lecciones crueles que da la vida. Porque la vida muchas veces te trata como a esos fabricantes de muebles que creyeron que tenían que esforzarse para mejorar sus productos, utilizar maderas de calidad, arriesgar en modelos más sofisticados y mejorar la logística y el reparto a domicilio para ser más competitivos. No se dieron cuenta de que no se trataba de eso hasta que llegaron unos suecos, pusieron tres o cuatro tiendas y consiguieron que la gente hiciera cientos de kilómetros para llevarse en el maletero, así un poco de mala manera, una mesa deconstruida, una lámpara de pie tipo Lego, un felpudo estilo Bienvenido y una escobilla de váter de las que se encuentran en todos los chinos. Y es que a veces es cierto eso de que en esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso.

Pero esto no debe de ser solo suerte. Me da que los suecos son unos tíos listos donde los haya. Hasta en nuestra cultura popular aparecen como esos avispados que se hacen los tontos para eludir los problemas. En las novelas de Henning Mankell no parecen mucho más listos que nosotros, pero ahí lo tienes a él, a Mankell digo, que ha conseguido entrar en el disputado olimpo de los escritores de novela negra, otrora dominio absoluto de escritores americanos como Raymond Chandler, Dashiell Hammett o James Ellroy. Y luego está Stieg Larsson, que no sé si pasará a la historia de la novela negra, pero al menos cuenta con el mérito de haber escalado, a título póstumo, varios ochomiles en las listas de ventas de un montón de países. No sé ahora mismo si los suecos destacan en otros campos creativos o científicos, aunque no hay que olvidar que son ellos los encargados de decidir cada año desde Estocolmo quién merece el premio Nobel de lo que sea, que ese, Alfred Nobel digo, también era sueco. Y grupos de música suecos no conozco, pero suecos son los dueños de Spotify, que no solo han conseguido que deje de comprar discos, sino también -y eso es, si cabe, más meritorio- que deje de piratearlos.

Sí, ya sé que me estoy enrollando mucho y todavía no he hablado de la mierda, que –confesadlo- es lo que estáis esperando. Estoy llegando, pero no creáis que voy a criticar a unas mentes tan industriosas y creativas, que, hasta en su momento de mayor descrédito, los suecos han venido a inspirarme un nuevo símil, porque ahora mismo no puedo dejar de pensar que el Estado español es igual que una tarta del IKEA. Llevamos más de treinta años tragándonos que es una democracia y ahora hemos comprendido que no es más que una mierda.

5 comentarios:

Antonio Díez dijo...

¿no conoces a los ABBA???

Félix Chacón dijo...

Anda, es verdad. No había caído. Supongo que porque no son santos de mi devoción. Estaba pensando en grupos de rock.

Pero, ves, otra genialidad de los suecos. Después de más de medio siglo de Eurovisión, ABBA es uno de los grupos que más se recuerda, se baila y se radia. Lo dicho, unos cracks.

ohma dijo...

Soy de las que les gusta los productos de Ikea porque me parecen que son muy prácticos. Los diseñadores me parecen geniales, :)
Pero aún así estoy de acuerdo contigo en algunos puntos y tampoco recorrería 100 km para ir a comprar a sus almacenes.
Bien la entradita,muy irónica.
Saludos.

Orion dijo...

Como ya te comenté una vez, soy bastante negado para el bricolaje: cualquier chapú por insignificante y simplón que sea deviene en un engorro. Mi mala relación con las herramientas y los tornillos provoca que no me sienta muy cómodo en sitios como Ikea. Por supuesto, si hay que ir se va, pero si puedo escaquearme, mejor.

Lo bueno que tiene Ikea es que puedes encontrar muebles diferentes, con un diseño original y a un precio razonable. Como la calidad deja bastante que desear, puedes cambiar la decoración pasados unos años, sin cargo de conciencia. Precisamente, ese era el mensaje de los anuncios de la república independiente de la casa, ¿no? Los niños botando encima del sofá, arañando los muebles con los juguetes...

Caer en gracia también tiene su arte. Yo creo que hay gente que tiene el don de encandilar a los demás y conseguir salirse con la suya casi siempre. En el terreno laboral he tenido compañeros que no daban un palo al agua y, sin embargo, contaban con el aprecio de los jefes, los cuales complacían todos sus deseos y peticiones.

Los suecos tiene a Mankell, pero nosotros no nos quedamos cortos, nosotros tenemos a Carlos Ruíz Zafón, en opinión de algunos, el nuevo Charles Dickens :-O

Pues sí, todos nos hemos llevado un chasco con la tarta, digo, con la democracia. ¡Qué decepción! Tu frase final me ha hecho recordar una tira de la revista el Jueves, donde aparecía Chiquito de la Calzada. Sobre la caricatura, un rótulo que decía: si no quieres que te decepcionen, ve al cine a ver las películas de Chiquito, pues parecen una mierda y son una mierda.

Por cierto, las albóndigas de ternera del Ikea, ¿serán también de caballo?

¡Saludos!

Félix Chacón dijo...

Mejor no preguntar lo que comemos, Orion. Conformémonos con que sea bonito el envase, que la comida también entra por la vista.

Muy bueno lo de Chiquito. Si lo llego a ver, lo pongo de cita en este texto.

Un saludo