viernes, 31 de diciembre de 2010

Nuevo año

De joven no entendí nunca las fiestas
Veía absurdo que toda la gente
bailara a un mismo son
y descorchara
botellas al unísono
ese día en que decimos
con certeza que hace frío
y con dudas que comienza un nuevo año

Ahora que ya no soy joven
y sé que no es nada fácil
que se reúna la gente
encontrar ese hueco y esa excusa
que los convoque a todos
entiendo que hacen falta
esos momentos
marcados, programados, apuntados
en el orden pactado
de los días
para bailar, cantar, darnos la mano

Sé que hace falta que disparen
el corcho que inaugura la carrera
en ese tonto trámite que dice
que lo pasado es parte del pasado
y que ahora empieza un nuevo día
que es el día primero de un nuevo año
que todo puede ser una vez más
que es el mismo combate pero distinto asalto
que aún nos queda el aire suficiente
para volver a intentarlo
para poder seguir
respirando
mientras nos lo permitan
respirando
mientras no nos ahoguen
respirando
mientras no nos disparen
respirando
mientras las hipotecas y los bancos
y las guerras y los asesinatos
los corruptos y los seres depravados
las caídas de la bolsa y del estado de ánimo
no nos quiten el aire que aspiramos

porque todo es posible
mientras tanto


                                    De "Decoración de interiores" (Ed. Amargord, 2010)

martes, 28 de diciembre de 2010

Crónica de una muerte anunciada

La primera década del siglo XXI termina con el mundo sumido en otra gran depresión. La década del gran espejismo. Los especuladores y los banqueros nos hicieron creer que nosotros también podíamos participar en su juego para terminar dejándonos sin blanca.

España comenzó su andadura con el gobierno de José María Aznar que, aprovechando la ola de la bonanza económica, se subió a una embarcación fabricada en los astilleros del ladrillo. No era una embarcación muy prometedora, pero navegamos viento en popa mientras los vientos bursátiles soplaron a favor. El cambio de la peseta al euro sacó a la luz un montón de dinero negro que ayudó a propulsar la embarcación a velocidades insospechadas.

Zapatero pudo haber buscado la forma de atracar en puerto antes del desastre, pero se dejó arrastrar por la inercia y terminó creyéndose que aquello podía durar.

Nadie quiso parar. Los que se llenaban los bolsillos con comisiones en B en los gobiernos autonómicos y municipales, de uno u otro partido, echaron toda la leña que pudieron a las calderas para retrasar el desastre. Algunos gilipollas incluso se subieron a la proa del barco y abrieron los brazos para imitar a Leonardo DiCaprio en Titanic.

En Titanic.

No había que ser muy listo para saber que un barco de ladrillo tarde o temprano tenía que hundirse.

A pie de calle todos sabíamos cómo terminaría la travesía. Desde el principio. No es fácil creer que los gobernantes fueran tan ilusos. No sé si es peor pensar que fueron malvados o que fueron estúpidos.

Ahora flotamos a la deriva sin saber qué será de nosotros.

Ha habido épocas en las que la miseria y la desigualdad eran mucho más lacerantes que en nuestro tiempo, pero tenían una hoja de ruta que a nosotros nos falta. En esa hoja de ruta siempre había un punto de destino en el que se nos prometía un mundo mejor.

El problema es que ni las religiones ni las utopías políticas sirven ya para engañarnos. Las hemos visto llenarse de mierda hasta el cuello en el siglo pasado. Ninguna utopía política o religiosa puede salvarnos hoy del escepticismo.

En estos últimos años nos quedaba la fe en la cultura del pelotazo o en la revalorización “ad infinitum” de nuestras inversiones inmobiliarias. Era una fe tan ciega como la de los buscadores de oro. Y era fe porque la razón bien nos decía que todo lo que teníamos delante solo era un trampantojo en el que tarde o temprano terminaríamos estampando nuestras cabezas.

Que nadie se haga el sorprendido. La burbuja inmobiliaria fue tema de conversación desde el principio. En 2000 o 2001 ya hablábamos todos de que no era normal la revalorización desproporcionada que estaba experimentando el mercado inmobiliario, la proliferación de empresas dedicadas a la construcción y venta de viviendas, la multiplicación de sedes bancarias y la locura colectiva que llevaba a la gente a meterse en hipotecas a treinta años o más.

Sabíamos que no era normal. Sabíamos que iba a acabar mal. La especulación estaba condenada a topar con su propio techo. Era de necios pensar que todo el que tenía una vivienda se había vuelto rico de la noche a la mañana.

Lo sabíamos. Todo el mundo lo sabía. Era una partida de póker en la que todos los jugadores iban de farol y además jugaban con cartas marcadas. Lo supimos y aun así jugamos porque pensamos que era una ventaja que te dejaran jugar con tantas trampas.

Mira el saldo de tu cuenta corriente, el importe total de tus ahorros (si es que existen), el valor de los bienes que posees, el importe de las hipotecas y préstamos que no has terminado de pagar, el montante total de los intereses que terminarás pagando… Luego calcula el importe de tus ingresos, de tus rentas o tu nómina (si es que existen). Haz tus propias cuentas y decide si has ganado, si has perdido o si te has ido en tablas.

Si el saldo es negativo, busca algún culpable. Achácalo a tu mala suerte. Maldice tu adicción de ludópata del crédito. Culpa a los políticos, a los empresarios, a los banqueros…

Haz todo lo que haga falta para sentirte un poco mejor contigo mismo. Pero reconoce que nadie te engañó. Solo tú, que creías que ibas a ser más listo que nadie.

Hubo algunos mindundis que ganaron. Ahora comprendes que no eran nada más que señuelos para que entraras al trapo.

No sé si el dinero se crea o se destruye. Sé que cambia de manos y que lo normal es que esas manos no estén encallecidas.

Te queda la autocompasión, el placer de lamerte tus propias heridas, los trabajos de esclavo, las horas extras, el dinero negro y el fraude fiscal. También te han dejado el desquite de la piratería, el placer de robar a los artistas. ¿O es que esos capullos pacifistas –que se pasan la vida protestando y cuestionando a los políticos y al sistema, o que, mucho peor, siguen siendo comunistas- pensaban que tanta chulería les iba a salir gratis?

La política casi siempre es una cuestión de economía. Y la economía siempre es de derechas. Las compañías telefónicas que cobran tu ADSL son de derechas. Los bancos a los que les pagas esas desmesuradas comisiones son de derechas. Las compañías petrolíferas son de derechas. Las empresas que te suministran el agua, el gas y la luz son de derechas. Ellos siempre han sabido hacer política. Porque bailan al son que marcan en cada momento. Porque pueden hacer que los políticos bailen el sol que ellos marcan.

Echa todas las cuentas que quieras, pero no digas que no lo esperabas.

Te lo digo solo para que paladees el fracaso con delectación. Tendrás que acostumbrarte a su sabor a hierro oxidado. Te va a acompañar durante mucho tiempo.

No quiero que hagas nada más. Sé que esto no le va a servir de escarmiento a nadie. Sé que no hemos aprendido nada después de todo. Si todo empezara otra vez, volveríamos a hacer lo mismo.

Los que llevan las cuentas del dinero que debemos también lo saben.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Cortinas de humo

A mí me llaman mucho la atención las coincidencias léxicas o temáticas. No sé si os habrá pasado alguna vez. Las coincidencias léxicas suceden cuando de repente tropiezas con una palabra cuyo significado ignoras -pongamos “superchería”, “ominoso” o “estólido” - y en un mismo día o en pocos días llegas a escucharla varias veces en diferentes contextos.  Lo mismo sucede muchas veces con los temas, que aparecen por arte de birlibirloque en distintos foros que, en principio, no mantienen ninguna conexión. Son corrientes subterráneas del pensamiento que uno no sabe bien de dónde vienen.
En estas últimas semanas empecé a darle vueltas al tema de las cortinas de humo porque apareció como uno de esos temas recurrentes. El primero en mencionarlo fue un compañero de trabajo: toda esta presencia de los controladores de vuelo en los medios no es nada más que una cortina de humo para no hablar de los problemas importantes. La verdad es que no me convenció porque hablar de los problemas importantes no suele solucionarlos y además puede conducir a la depresión.
Un par de días más tarde me llegó un mailing en el que Noam Chomsky exponía las distintas maniobras que los poderes fácticos llevan a cabo para aborregar a las masas mediante la manipulación mediática.
Al poco tiempo alguien me comentó que todo esto de Marta Domínguez y el dopaje es una cortina de humo para que olvidemos el tema de los controladores. Ese mismo día otra persona me lo volvió a comentar. Y justo anoche un colega, que es policía, me estuvo explicando que es oportunista que saquen ahora la noticia de Marta Domínguez cuando es un tema que la Guardia Civil investiga desde la primavera. Hoy he entendido por qué tanta gente anda a vueltas con este tema: González Pons, el secretario de comunicación del PP, ha aparecido en el telediario acusando al gobierno de que el tema de la Operación Galgo es una cortina de humo. Acabáramos.
Es vergonzoso que un secretario de comunicación de un partido político sea tan cínico. Ellos, los que manejan en la sombra la imagen pública de los partidos políticos, son los que elaboran y planifican las estrategias de comunicación de los telediarios. Hay mucha gente contratada solo para eso. Y es normal. No todas las informaciones pueden ser noticia en el mismo momento de producirse. Los datos de una investigación policial, por ejemplo, no pueden salir a la luz hasta que se lleven a cabo todas las diligencias. Y es normal que una empresa, un partido político o un gobierno estudie cuándo es el momento más oportuno para publicar una información. Algunas veces por cuestiones éticas, otras por ominosos intereses particulares, claro. Los medios de comunicación también magnifican o ningunean las noticias por intereses, unas veces políticos, otras económicos. Es normal que se dé transcendencia a una noticia que consigue lectores, oyentes o telespectadores. ¿O es que alguno de nosotros de verse en una coyuntura similar actuaría de otra manera?
No hay nada raro en todo esto. Lo único raro es que haya todavía gente que alucine con que el mundo funcione así. Nos encanta pensar que hay una conjura que nos impide ver la realidad como es.  La realidad no  es de ninguna manera. La realidad es lo que tú quieres que sea. Esfuérzate por crear una realidad única y personal. Lee entre líneas las noticias. Piensa no solo en lo que te cuentan, sino también en por qué te lo cuentan. No te dejes deslumbrar por la noticia que abre el telediario. Piensa también por qué es esa y no otra. Sigue las noticias que te interesen. Discrimina el resto. Construye tu propio mundo de intereses. Déjate influenciar culturalmente solo por los medios afines a tus gustos. A mí no me influyen en absoluto Los 40 Principales porque no los escucho. Ni la revista Qué leer porque no la leo. Ni el todopoderoso Corte Inglés porque nunca compro allí ni tengo su tarjeta de socio. La diversidad de medios de comunicación y de cultura gratuita o a muy bajo coste de la que se puede disfrutar ahora nos permite diseñar una realidad a nuestra medida.
Siempre habrá unos medios de comunicación que querrán influir en nosotros, incluso recurriendo a la superchería. Pero qué es si no la comunicación humana. El lenguaje es en gran medida persuasivo, en gran medida interesado. Las motivaciones que nos empujan a comunicarnos no son siempre altruistas. Nosotros también, por ejemplo, esperamos el mejor momento para comunicar una noticia importante o preocupante a una persona a la que apreciamos. No solo es importante lo que se dice sino encontrar el momento idóneo para decirlo. Nosotros también ocultamos algo que nos perjudica o mentimos por interés.
No hay conjuras. Solo estrategias de comunicación que trasladan a la comunicación de masas lo que hacemos en la limitada esfera de lo particular.
Pensar que hay conjuras es una postura estólida que solo sirve como excusa para no esforzarse en comprender la realidad. Una postura cómoda que además queda muy bien en los mentideros que se crean alrededor de las barras de los bares y que, desde luego, puede ser una buena forma de entretener las comidas de empresa y las reuniones familiares navideñas.

                                               “¿Para qué quieres la información si no la usas?”
                                               Kiko Veneno

sábado, 11 de diciembre de 2010

Presentación de la colección "Hecho en Lavapiés" en Bodegas Lo Máximo

¿Pensaste que era idiota el día que te enteraste que presentaba "Decoración de interiores" al mismo tiempo que televisaban un partido de España? ¿Ese día te venía mal porque era laborable? ¿Estabas resfriado y hacía demasiado frío?

Tranquilo, la vida siempre da una segunda oportunidad.

Este domingo varios poetas de la colección "Hecho en Lavapiés" os ofreceremos lo mejor de nuestro repertorio en Bodegas Lo Máximo, en Lavapiés, por supuesto.

Obviamente también estáis invitados aquellos que ya habéis venido a alguna presentación y no habéis tenido suficiente.

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Decoración de interiores" en Villafranca (Toledo)

El sábado 4 de diciempre haremos una presentación de "Decoración de interiores" en Villafranca de los Caballeros, mi pueblo. Será a las 20 horas en el Café Bar Cao. Me acompañará Hipólito García "Bolo", poeta, amigo y director de la colección de poesía "Hecho en Lavapiés" de Ediciones Amargord.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Froilán

Hace unos días se celebraban los 35 años de reinado de Juan Carlos I, también conocido en algunos foros simplemente como Juancar, por lo majete, cercano y campechano que es. 35 años son casi mi vida entera. Desde que tengo uso de razón he sido súbdito de la Corona. Y hay que reconocer que Juan Carlos I lo ha hecho bien. Se ha ganado al pueblo español. Simplemente no haciendo nada. Que eso es lo que más se destaca de su actuación como Jefe del Estado, que no se haya metido en política. “El rey republicano” le llaman algunos. Otros dicen que es el mejor embajador de España. No sé si es verdad. Lo que sí es cierto es que debe de ser el embajador mejor remunerado del planeta.

No quiero enrollarme mucho hablando de las virtudes de su majestad. Voy al grano y sin esconder la realidad: Juancar nos ha ganado la batalla a todos los que tenemos sentimientos republicanos. Los que pensamos que la monarquía es una institución absurda, costosa y obsoleta nos quedamos sin argumentos cuando alguien nos pregunta qué ganaríamos derrocando al rey. Solo algo de dinero, acertarían a contestar los más optimistas. Este país, desengañémonos, amigos republicanos, sigue sin ser monárquico, pero es juancarlista hasta la médula. Y Juan Carlos I ha aleccionado tan bien a Felipe que tenemos juancarlismo para rato.

Así que podríamos resumir diciendo que Juan Carlos ha defendido tan bien su puesto de trabajo que se ha convertido en un monarca moderno y actual del siglo XXI, con lo que eso supone de anacronismo.

Aunque no todo ha sido tan moderno y actual como pudiera parecer. Hay un tema que sitúa a la monarquía española en los tiempos del absolutismo más rancio. Me refiero a la suerte de ley sálica que mantenemos aún. Se llama, por lo visto, sucesión agnaticia y no impide totalmente reinar a las mujeres, pero sí las relega a un segundo puesto si entre los hijos del monarca hay algún varón. Esa fórmula de sucesión es la que arrebató la titularidad de la Corona a la infanta primogénita, la infanta Elena. ¿Cómo podemos aceptar una discriminación por género tan escandalosa en nuestra época? No podemos estar pidiendo igualdad para la mujer y consentir que el Jefe del Estado no dé ejemplo.

El problema es que Elena, por educación o porque no tenga muchas luces, no reclama la Corona. Sin darse cuenta de que es una decisión que no solo le afecta a ella, sino también a su primogénito. Elena está quitándole a su hijo Froilán el derecho a ser rey de España.

Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón ahora solo tiene 12 años y probablemente aún no es consciente de todo esto. Pero todo llegará. Cuando crezca y se entere es fácil que acabe liándola parda, que todos sabemos que el buen carácter no es una de sus virtudes. Ya lo vimos pateando a una niña en la boda de sus tíos. Todo muy simbólico. Pateó a una niña como manifestación de su futura misoginia. Y lo hizo en la boda de su tío, que es el usurpador que le va a arrebatar su derecho a reinar.

Froilán es la esperanza de los republicanos. Solo él puede acabar con el buenrollismo de la familia real. Solo él puede hacer temblar los cimientos de la monarquía española.

Dentro de unos años veremos si estas aspiraciones frustradas desembocan en una juventud disoluta y tarambana. El alcohol, las drogas y las mujeres pueden acabar siendo el refugio de este grande de España vapuleado por la adversidad. Veo en su futuro mucho papel cuché, clínicas de desintoxicación, líos de faldas, hijos bastardos, censuras y prevenciones en los protocolos de las ceremonias de palacio…

Los republicanos y los grupos feministas debemos apoyar la causa froilanista. Sólo él puede socavar el crédito de la casa real española. Los republicanos apoyaremos a Froilán de la misma manera hipócrita con que las regiones nacionalistas apoyaron a Carlos, el hermano de Fernando VII. Ellos querían que les devolviera los fueros. Nosotros queremos que nos devuelva la república. No hay que tener miedo. No habrá una reedición de las Guerras Carlistas, que nadie está dispuesto a morir por tan poca cosa. La guerra froilanista será mediática y pancartera. Froilán acabará con la monarquía juancarlista solo por el hecho de reclamar su titularidad.

Republicanos del mundo, mujeres todas, no dejemos que quede impune esta ignominiosa discriminación. La heredera del trono es la infanta Elena. Y en caso de que renunciara a él, el heredero debería ser su hijo Froilán.

¡Viva España! ¡Viva el rey Froilán!

¡¡¡¡VIVA!!!!

sábado, 20 de noviembre de 2010

El 20-N y la puñetera memoria histórica

Vale, ningún problema con la Ley de Memoria Histórica, ni con que se remuevan las tumbas, ni con que se busquen los restos mortales de los desaparecidos, ni con que se señale a los culpables, de uno u otro bando. Qué más da. Si todo eso sirve para que algunos viejos (y no uso este término en tono despectivo, sino con ánimo de evitar el eufemismo) se vayan a la tumba con la conciencia tranquila, bienvenidas sean todas esas medidas.


Actuemos y demos carpetazo de una puta vez a este tema.


Si a mí, que ya tengo una edad y que he estudiado innumerables veces la Guerra Civil, me parece un cuento de viejas, a los jóvenes de hoy les tiene que resultar tan ajeno y lejano como la Segunda Guerra Púnica.


¿De qué sirve remover más esa mierda? ¿De qué me sirve a mí saber de qué lado estaban mis abuelos? Mis dos abuelos lucharon en el bando nacional. ¿Y qué? Nada tengo que ver con ellos. Uno murió antes de que yo naciera y el otro cuando era muy pequeño. Probablemente lucharon del lado de Franco porque eran unos analfabetos imbéciles y pensaron que los comunistas les iban a quitar las cuatro tierrecillas de mierda que les permitían sobrevivir gracias a un sistema desfasado de agricultura de subsistencia. No sé bien qué les reportó ganar una guerra. Creo que simplemente volvieron al pueblo y siguieron labrando las mismas cuatro tierras que tenían antes del conflicto. La verdad: me importa una mierda.

Afortunadamente mi padre y mi madre nunca me dieron el coñazo con esos temas. Y eso que nacieron en el 40. Eran hijos de la guerra. O de la paz, según se mire. Solo sé que pasaron años en los que comían mucho pan negro y daban las gracias por que no les faltara. Que eso era lo que comían los peones que ganaron esa partida de ajedrez.


Cinco años más y los años de democracia serán los mismos que este país tuvo que sufrir de dictadura. Hoy celebramos la muerte de nuestro último dictador, ese fantoche que incomprensiblemente gobernó España durante 40 años. No entiendo cómo el 20-N no es fiesta nacional.


En este día también deberíamos pedirles cuentas a todos los que sufrieron a Franco y no hicieron nada en su contra. Eso también sería un justo acto de memoria histórica. La pasividad y el borreguismo de una nación sumisa son las responsables de ese dislate histórico. Porque si tan malo era Franco, no entiendo que muchos de los que hoy abominan de él no conspiraran en su contra. No todo va a ser pedirles cuentas a los que hicieron la guerra, ¿no? También deberíamos buscar culpables entre los que consintieron sus consecuencias. Me da a mí que ese tipo de revisión histórica no les iba a interesar a muchos de los que aguantaron cuarenta años sin decir ni mu, o mejor, formando parte activa de los mecanismos dictatoriales aunque hoy lo oculten bajo la alfombra con miedo a que el olor a cadáver putrefacto les delate. Por eso lo mejor es dejar de remover la mierda, que la mierda al fin y al cabo puede terminar salpicando a todo el mundo.


Dejemos atrás el pasado. Estoy harto de películas y libros sobre la Guerra Civil. El otro día vi la película de “Soldados de Salamina” y me aburrí soberanamente. No sé si es que la película me pareció mala o es que ya estoy harto del tema. Por eso mismo no quiero leer el nuevo libro de Eduardo Mendoza, aunque sea para mí uno de los más grandes de nuestra literatura.


Hasta los americanos han dejado de hacer películas sobre Vietnam para pasarle el testigo a Irak. Eso deberíamos hacer nosotros: renovar nuestros temas. ¿O es que no hemos estado en guerra desde entonces? Sí, también invadimos Irak y hemos participado y seguimos haciéndolo en todos los conflictos mundiales de mayor calado. Esos acontecimientos deberían ser mucho más significativos para nuestro presente que la Guerra Civil. España ya solo es una comunidad de vecinos dentro de esta barriada en la que se ha convertido Europa. Salgamos de nuestro portal y miremos el mundo que nos rodea. Nuestro pasado reciente puede decirnos más cosas sobre nosotros mismos que una guerra cuyas circunstancias y motivaciones pertenecen a otro mundo.


El tema de la Guerra Civil tiene que ser un tema más de estudio en nuestras aulas. Eso no lo discuto. Yo mismo lo tengo que explicar en muchas ocasiones. Pero ha llegado el momento de considerarlo con la misma pasión -o la misma falta de ella- con la que estudiamos el Imperio Romano o la Revolución Francesa.


Y que nadie se crea esa simpleza de que no debemos olvidar el pasado para no volver a cometer los mismos errores. No sirve de nada. El mundo se repite constantemente y los pequeños detalles nos hacen creer que todo es inédito e insólito. Todos conocemos a alguien que tuvo que emigrar a Francia, Suiza o Alemania en busca de trabajo hace cuarenta o cincuenta años y que, sin embargo, odia a los inmigrantes y dice que lo suyo y lo de ellos no se puede comparar, que no es lo mismo.


No sirve de nada estudiar el pasado si no tenemos una ética y una conciencia crítica que nos ayuden a ser mejores en nuestro presente.

jueves, 11 de noviembre de 2010

"Decoración de interiores" ya está en las librerías

Los libros de poemas se distribuyen normalmente mal. Las tiradas no son muy grandes y muchas librerías ni siquiera los piden. El espacio que las librerías dedican a la poesía cada vez es más pequeño. Por eso me gustaría pediros que si queréis un ejemplar de "Decoración de interiores", lo encarguéis en vuestras librerías habituales.

De cualquier forma, si tenéis problemas para conseguirlo, os recomiendo una librería on line donde no tendréis ningún problema para que os lo manden. Es una de las librerías más prestigiosas de Toledo. Si no podéis pasaros por su tienda, desde su página web os atenderán:




sábado, 30 de octubre de 2010

Halloween

Halloween no ha triunfado por la influencia de las series y películas norteamericanas. La prueba es que otras tradiciones y costumbres que aparecen constantemente en la ficción norteamericana no han tenido ningún eco. Ni celebramos el día de Acción de Gracias, ni nuestros adolescentes se traumatizan por el baile de graduación, ni nos ha dado por el béisbol.
La fiesta de Halloween ha triunfado porque es divertida. De hecho solo nos hemos quedado con la parte que nos interesa: el carnaval siniestro de Halloween. Lo otro -el truco o trato o las calabazas- nos ha dejado totalmente indiferentes.
¿Y qué pasa si todo esto nos ha llegado por el cine y la televisión? No veo dónde está el problema.
No soporto a los que dicen que deberíamos rechazar Halloween por no ser parte de “nuestra cultura y nuestras tradiciones”. ¿A qué llamamos “nuestra cultura y nuestras tradiciones”? Mi cultura no son solo las tradiciones rancias y carpetovetónicas de nuestra piel de toro. Mi mundo cultural y el de casi todos nosotros amplió sus fronteras gracias a las ondas de la radio y a los rayos catódicos. Y en los últimos años Internet ha servido para conquistar nuevos territorios.
Para “mi cultura” es mucho más importante el rock que la jota o el pasodoble. Y aunque no soy de los que desprecian el cine español, tengo una forma de entender el cine condicionada por la factoría de Hollywood, que, a pesar de la morralla, sigue sin tener rival. En literatura, otro tanto de lo mismo. Llevo toda la vida dedicándome a estudiar escritores españoles e hispanoamericanos y, sin embargo, no tienen más peso en mi bagaje literario que los escritores ingleses y norteamericanos.
Bienvenidas todas las influencias foráneas si son divertidas, que vaya mierda de Día de Todos los Santos. No sé cómo es en las ciudades porque es un día que siempre me ha resbalado, pero en mi pueblo las mujeres se van al cementerio a fregar lápidas y las llenan de flores para que la gente no pueda dudar de que todavía siguen queriendo a su difunto/difunta padre/madre, esposo/esposa, hijo/hija… Supongo que el despiporre concluirá con una misa, que no sé, que nunca he ido. Total, un planazo. Para el que lo quiera
Lo que demandamos la mayoría son fiestas laicas, divertidas, con disfraces, verbenas o conciertos, comilonas y borracheras. Al fin y al cabo es lo que solemos hacer en todas las fiestas por mucho que se empeñe en lo contrario nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana,  que la Iglesia Católica no ha tenido nunca ni puta idea de nada, y de fiestas, de lo que menos. Menos "pasión" y más Carnavales. Menos procesiones y más pasacalles. Menos misas y más verbenas. Y no digo “menos vírgenes” por no poner al lado “más putas”.

domingo, 24 de octubre de 2010

En noviembre se presentará "Decoración de interiores" en Toledo y en Madrid

Después de varias lecturas colectivas por los foros más inquietos de Madrid, por fin hemos encontrado un par de fechas para presentar “Decoración de interiores”. La primera presentación tendrá lugar en Toledo. Y la segunda en Madrid. Esperamos que podáis hacer un hueco en vuestras apretadas agendas para la que más os convenga. Hipólito García “Bolo”, director de la colección, me acompañará para presentaros este particular libro de poemas.

Miércoles 3 de noviembre a las 21.00 horas
Broadway
Jazz & Rock Café
Calle Alfonso XII, nº12
Toledo

Miércoles 17 de noviembre a las 21.00 horas
Calvario Bar
Calle del Calvario, 16, metro Tirso de Molina
Madrid


EL NOMBRE EXACTO

Para poder evitar desde el principio
los malos entendidos y las dobles lecturas

para dar forma al humo de mis sesos

para saber contar que el mundo está en peligro
            y que su mecanismo se pudre sin remedio
            desde que el hombre es hombre y vive en su corteza

para reconocer a quien me quiere mal
al que me va a hacer daño

para diferenciar al hijoputa del tonto o el tarado

para saber definir la condición de algo
saber si huele mal, si sabe raro
si no se entiende o está áspero

para poder explicarle a Dios que los sustantivos
siempre deberían referirse a algo

inteligencia, dame de las cosas
el nombre exacto

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cuentos con moraleja: El hombre feo y el espejo

Al dictado de la memoria escribo este divertido cuento oriental:

“Un hombre terriblemente feo caminaba por el desierto cuando creyó ver algo reluciente medio enterrado bajo la arena. Avanzó hasta el objeto que brillaba y se agachó a recogerlo. Era un trozo de espejo. El hombre no sabía qué era aquello. Nunca había visto un espejo y mucho menos se había visto reflejado en uno. Por eso lo miró intrigado y con gran interés. Cuando vio su imagen no pudo evitar un gesto de desagrado:

-Qué cosa más fea –dijo-. No me extraña que lo hayan tirado.

Y sin perder más tiempo, arrojó el espejo y continuó su camino tan feliz.”

Es posible que a alguien el protagonista del cuento le inspire lástima porque vive en la ignorancia. A mí lo que me da es envidia. Personalmente no tendría ningún problema en ser como él.

¿Quién tiene necesidad de que le muestren sus defectos? Yo, a estas alturas, no. No me serviría para nada. No me refiero a esos defectos que uno puede corregir. Por ejemplo, siempre puedes esforzarte más en tener la casa más limpia, en llevarte mejor con los vecinos, en tu relación de pareja o en portarte mejor con tus padres. Lo que no sirve de nada es que te critiquen por algo que no puedes cambiar. A mí me pasa como al protagonista del cuento, que no puedo ser más guapo (no está en mi hoja de ruta pasar por el quirófano de un cirujano plástico). Ni más alto. Ni más listo. Tampoco creo que pueda mejorar como profesor. Ya lo hago lo mejor que puedo y sé. Ni tampoco como escritor. En cada línea que escribo intento dar lo mejor que tengo.

¿De qué me serviría que un capullo viniera a recordarme mis defectos? A decirme que soy un profesor mediocre o que soy un escritor de mierda. Que se meta la lengua por el culo en un alarde de contorsionismo.

Para qué necesito una crítica que solo puede servirme para desanimarme, para dejar todo lo que hago, que es lo que hace que yo sea yo mismo.

Mi amigo Bolo dice que acepta todas las críticas, aunque sean buenas. Yo no. No acepto las críticas que no me van a servir para ser mejor. Ni las buenas ni las malas.

Quizá en otro momento de mi vida sí tuve la necesidad de que los otros me sirvieran de espejo para aprender a verme desde fuera, incluso con otros ojos. Yo era de los que decían sinceramente, por ejemplo con mis creaciones literarias, que quería escuchar las críticas para mejorar. De los pocos que lo dicen en serio. Normalmente la gente que te pide que leas algo suyo no quiere que le digas la verdad. Solo quieren que alguien les haga caso y les aplauda. No todo el mundo que se mira en ti quiere que le muestres la verdad. Probad a decirle a algún amigo que os enseña un cuento o un poema: “Es una puta mierda”. Decidle a una amiga que lleva un nuevo corte de pelo y os pregunta que qué tal que parece un adefesio. Te arrepentirás si haces algo así. Solo quieren tu aceptación y que actúes como un espejo trucado que devuelve una imagen falseada, espléndida, retocada con el photoshop de las mentiras piadosas.

No queremos críticas negativas. Solo aceptación. Por eso ser feo pasa a un segundo término si consigues ligarte a la chica que quieres. En muchas ocasiones llegas más lejos no siendo consciente de tus limitaciones, de tus defectos. Como esos dibujos animados que corren hasta un precipicio y no caen al vacío hasta que no advierten que no hay suelo bajo sus pies.

Por eso no necesito ninguna crítica ahora mismo. Si algún crítico, por ejemplo, pusiera a caer de un burro cualquiera de mis libros me importaría una mierda. No le daría crédito. Pensaría que es un imbécil, que es un espejo deformante que muestra una imagen errónea de mí mismo. Tampoco sería tan raro que fuera así. El desierto está lleno de fragmentos de espejos deformantes, espejos defectuosos que solo podrían servir para confundirte.

No necesito ninguna imagen mía. Ni buena ni mala. No me ayudaría en nada a continuar mi camino. Porque ya estoy en él y marcho hacia delante.

lunes, 18 de octubre de 2010

La colección "Hecho en Lavapiés" en la Tabacalera

Y mañana vamos a presentar los libros de "Hecho en Lavapiés" en la Tabacalera, el foro de moda de Madrid. Otra oportunidad para verme sobre el escenario en plan rapsoda y para conseguir "Decoración de interiores", que todavía no ha llegado a las librerías. Martes 19 de octubre a las 20.30 horas. Calle Embajadores, 53 (metro Embajadores).

miércoles, 13 de octubre de 2010

"Hecho en Lavapiés" en "El vómito de los carruajes" de Neuroarte

El viernes 15 de octubre a las 21.00 horas la troupe de “Hecho en Lavapiés” presentará sus particulares propuestas poéticas en Neuroarte, que está en la calle Eduardo Marquina, número 7, de Madrid (metro Marqués de Vadillo). Será una nueva ocasión para escuchar alguno de los poemas de mi nuevo libro “Decoración de interiores”.

viernes, 8 de octubre de 2010

Lectura de poemas de "Decoración de interiores"

Lectura de poemas de "Decoración de interiores" el día 6 de octubre de 2010 en la presentación de la colección de poesía "Hecho en Lavapiés" de la editorial Amargord. En la sala Triángulo de Lavapiés.



martes, 5 de octubre de 2010

Dos citas para presentar "Decoración de interiores"


Me parece que ésta va a ser una gira intensa. Mañana presento “Decoración de interiores” en la sala Triángulo en compañía de todos los poetas que estrenan libro en la novísima colección “Hecho en Lavapiés” de la editorial Amargord. Y al día siguiente ya tengo la primera invitación en la cita poética que, bajo el sugerente título de “El insomnio de los escombros”, tiene lugar todos los meses en Fotos & Tapas, que también está en Lavapiés, concretamente en la calle Doctor Piga, número 7. Los colegas que por lo que sea no pueden pasarse el miércoles tienen que inventarse otra excusa si tampoco van a poder el jueves. Ánimo. Sé que la poesía cuesta un poquito, pero con esfuerzo termina siendo gratificante.

En cualquiera de las dos citas me alegrará encontrarme con vosotros.


viernes, 1 de octubre de 2010

Poema para presentar "Decoración de interiores"

Ya sabéis que el 6 de octubre se presenta mi libro “Decoración de interiores” en una presentación conjunta porque es parte de una colección de poesía nueva que publica la editorial Amargord. Ese día compartiré con vosotros la emoción de ver el libro impreso por primera vez. Es curioso. No es la primera vez que me pasa algo así. Cuando publiqué “Uno de los dos”, mi primera novela, no la vi impresa hasta que me acerqué a uno de los puestos de la Feria del Libro de Madrid el mismo día en que la íbamos a presentar. Tampoco fue una presentación al uso. Ese día estrenaba la editorial Inéditor con Germán Temprano y Susana Veiga. Ella, por cierto, es la que ha tenido la generosidad de prologar la edición de “Decoración de interiores”. Hoy Germán y Susana siguen formando parte de mi vida. Espero que la presentación del miércoles sea otro de esos momentos que a uno le gusta recordar y que muchos amigos os paséis por allí para compartirlo conmigo.

A modo de aperitivo os dejo uno de mis poemas favoritos de “Decoración de interiores”:

PISO COMPARTIDO

Como unos miserables vivimos todos juntos
en la enana república que aloja mi pellejo
Vivimos hacinados entre los flojos muros de mi carne
que sustentan estos óseos pilares cada vez más cansados

Aquí vivimos todos, los que ya fui y seré
el sabio y el idiota
el recto y el perdido
el lúcido suicida y el infausto inmortal
el duro y el sensible
el cruel homicida y el misericordioso
el loco peligroso y el sabio consejero
el más leal amigo y el infame traidor
el místico, el ateo
el misántropo, el hombre prometeico
el amante, el misógino
el sacrificado humanista que consagra su vida al estudio
o el alucinado que incendia los fondos de la Biblioteca Nacional

Todos tienen su sitio, su turno de palabra
y unas normas comunes para la convivencia
A veces se las saltan, discuten y dan voces
y en muchas ocasiones llegan a darse de hostias

Sin embargo, al final, siempre vuelve la calma
se firma un armisticio y reina la concordia
y hay abrazos incluso y vuelven las palabras a servir a la vida

Hace frío ahí afuera y es mejor vivir juntos
que salir a la calle a morir congelados

Las incomodidades no tienen importancia
si uno tiene un refugio donde sentirse a salvo
y una ventana al mundo para ver lo que pasa



El miércoles 6 de octubre a las 20.00 se presenta la colección de poesía “Hecho en Lavapiés” de la editorial Amargord en la Sala Triángulo. Entre sus primeros títulos estará mi libro “Decoración de interiores”.

Más adelante se hará una presentación exclusiva de “Decoración de interiores”. Os mantendré informados.

La Sala Triángulo está en la calle Zurita, número 20, en el barrio de Lavapiés de Madrid.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Qué bien pensado está el mundo: el Estado de Israel

Con una sección dedicada a todo lo que hay en el mundo bien pensado y bien hecho, tarde o temprano tenía que hablar del Estado de Israel. Porque pocas cosas se han hecho tan a gusto de todo el mundo, o de casi todo el mundo. Evidentemente a los palestinos no les gustó. Y a muchos árabes, por lo que tiene de retroceso para la jihad, tampoco. Pero dejando a un lado males menores, hay que reconocer que satisfizo a muchos países, los que nos interesan a nosotros, los de la ONU, que fueron quienes decidieron que había que crear un estado para los judíos en compensación por los padecimientos que sufrieron en manos de los nazis. Hay gente mal pensada que piensa que fue también, en parte, una forma de quitárselos de encima. Porque mucho “pobrecitos judíos”, pero nadie los quería en su casa. Y es que a los judíos, gente estudiosa, trabajadora e industriosa, nunca nadie los ha querido. Por envidia, supongo, que el ser humano muchas veces no perdona el éxito ajeno. De ahí que ya los niños manifiesten una clara animadversión por los empollones de la clase.

Lo del odio a los judíos ha sido casi un deporte histórico. Ya lo practicaban los romanos, que los persiguieron a lo largo y ancho del Imperio. Castilla y Aragón continuaron con la tradición en la Baja Edad Media para terminar expropiándolos y expulsándolos en 1492. ¡Chúpate esa, Hitler!, que nosotros nos anticipamos en más de 400 años a tu gran idea. Para que luego digan que siempre hemos ido al rebufo de la Historia. Que si llegamos tarde al Renacimiento, que si casi no llegamos al Romanticismo, que si la Revolución Industrial empezó en España tarde, mal y nunca… Pues mira, en esto de perseguir a los judíos fuimos pioneros. Hitler tuvo que ser más cruel e hijo de puta supongo que para hacerse notar y superar los logros del pasado. Pero aquí el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, que a los judíos también los han echado de Francia, de Inglaterra, de Rusia, de Ucrania…

Por eso, antes de que llegara la moda de las esvásticas, allá por la segunda mitad del siglo XIX, cuando -desnortados y sin saber a dónde ir- los judíos cayeron en la cuenta de que en su libro de cabecera Dios, nada más y nada menos, les había dicho que les prometía la tierra de Israel, pensaron que ya era hora de que cumpliera su promesa y empezaron a emigrar a aquella zona.

Por entonces, muchos judíos también se fueron a Estados Unidos, que era un lugar donde iban personas de todas las nacionalidades, razas y credos. Supongo que los poco prejuiciosos americanos de aquella época tuvieron que decir: por qué no, pues no dejamos venir hasta a los negros. Y ese fue el gran acierto del perseguido y masacrado pueblo judío. Desembarcaron en el país de las oportunidades, el que estaba destinado a ser el nuevo gran imperio. Como se podía prever, los judíos no tardaron en meter las narices en la banca, las finanzas, la usura, la industria y la cultura, para terminar controlando gran parte del emporio. Los judíos de Israel siempre se han beneficiado de tener unos primos lejanos tan poderosos.

Yahvé, que es lento pero obstinado, terminó de cumplir su promesa en 1947, cuando la ONU decidió dividir Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. En 1948 el Estado de Israel declaró su independencia y los judíos de todo el mundo quisieron volver a la Tierra Prometida. Los estados árabes, siempre contumaces, no lo aceptaron e iniciaron una serie de guerras que acabarían perdiendo y que solo servirían para reforzar cada vez más a los judíos, que irían ganando territorios paulatinamente.

Los palestinos -aunque ahora Mahmud Abbas está dispuesto a contentarse con que reconozcan la existencia del Estado palestino y se marquen las fronteras de forma clara- siguen sin aceptar que el airado Dios de la Torá haya vuelto armado hasta los dientes para imponer su santa voluntad. Y es descorazonador porque nos da la justa medida de la capacidad de comprensión del pueblo árabe. Tanto tiempo leyendo el Corán no les ha servido para mejorar sus capacidades hermenéuticas. Bien clarito que lo pone en el Antiguo Testamento, que, no nos engañemos, es la primera parte de la trilogía que cierra El Corán: El Antiguo Testamento, El Evangelio (de esta parte Dios nunca llegó a estar muy satisfecho y por eso escribió cuatro versiones con cuatro evangelistas diferentes; ignoramos cuál es su preferida) y El Corán. Eso es un éxito literario y lo demás tontería. La trilogía no tiene nombre, pero bien podría ser El libro de Dios y venderse en un pack.

Los musulmanes no tienen excusa pues reconocen que el Antiguo Testamento también es libro sagrado para ellos, o al menos lo fue para su profeta. Si Dios escribió lo que escribió en el Éxodo por algo sería, que Dios no da puntada sin hilo. Y más valiera que no hicieran caso de todas las prevenciones que hay en El Corán en contra de los judíos, que probablemente más que a la inspiración divina se deben a la animadversión personal del profeta Mahoma hacia los judíos de Medina, que no quisieron reconocerlo como profeta y le hicieron pillar un berrinche descomunal. Algunos listillos dirán que a lo mejor lo de la Tierra Prometida tampoco fue inspiración divina, que es justo sospechar que los copistas del Altísimo pudieron meter alguna que otra morcilla en el borrador por intereses particulares. No sería extraño, dicen estos escépticos, que esa idea de la Tierra Prometida más que de la época de Abraham fuera de la del rey David, que apoyándose en una supuesta revelación divina habría intentado legitimar las aspiraciones territoriales de los israelitas.

Esta historia me parece fascinante porque demuestra el poder que tiene la palabra escrita a poco que llega algún iluminado y la sacraliza. Muchos pueblos o colectivos marginados del mundo podrían aprender mucho de la historia de los judíos y su Tierra Prometida. Por ejemplo, los gitanos, ahora que los están echando a patadas del país de la egalité, la libegté y la fgaternité. O los homosexuales y las lesbianas de los países donde todavía son perseguidos. O los obesos, que nunca encuentran ropa de su talla en las tiendas donde va todo el mundo ni caben en los minúsculos asientos de los aviones.

La receta para conseguir una tierra prometida es bien sencilla. Lo primero que deben hacer los pueblos o colectivos oprimidos es escribir un libro en el que se diga claramente que Dios les regala un terrenito. Es inteligente a la hora de elegir parcela buscar un país no muy desarrollado, con pocos recursos y pocos aliados poderosos, que siempre será más fácil de derrotar. Algunos países asiáticos, los sudamericanos y los africanos parecen más vulnerables. Este es el paso más difícil y hay que meditarlo bien antes de realizar la elección.

Una vez el libro esté preparado, debe comenzar la campaña de marketing. En la promoción del libro se tiene que hacer hincapié en su origen divino. Esto no va a colar en las primeras generaciones, pero tú dale un par de siglos y ya veremos qué pasa. En cuanto los primeros fanáticos reconozcan el carácter divino y revelado del libro, deben dejar que el producto fermente durante unos 3.000 años (en esta especie de microondas histórico en el que damos vueltas a toda velocidad es posible que no haya que esperar tanto). Cuando vean que todo está preparado para la invasión, es muy importante que luchen por ganarse la simpatía de la nación más poderosa del planeta. No pasa nada si hay que recurrir al soborno o al chantaje. Conseguir que miembros del colectivo adquieran cargos de responsabilidad en esta nación puede ser decisivo. En el amor y en la guerra todo vale.

Con una receta como esta no sería un disparate imaginarse a todos los gitanos dentro de unos siglos viviendo felices y contentos, pongamos, en Senegal, a todos los obesos en Ecuador, o a todos los homosexuales en… En este caso sería más difícil encontrar un país que pudiera acoger a tantos millones de personas, pero nadie ha dicho que no puedan ser tres, cuatro, cinco países los que Dios regale al colectivo si la densidad poblacional del mismo lo merece.

Los palestinos podían hacer algo parecido o escribir la cuarta parte de El libro de Dios. En esa cuarta y última parte de la saga bien podría suceder que Dios, harto de los desafueros y atrocidades de los israelíes, decidiera expropiarlos de la tierra que un día les prometió a sus ancestros y devolvérsela a los pobres palestinos, que soportaron todos las adversidades y sufrimientos con la paciencia estoica del santo Job. Al menos todos aquellos que no se volaron por los aires embutidos en un traje de explosivos en busca del paraíso musulmán.

La idea de que toda minoría perseguida debería tener un sitio en el mundo donde vivir en paz es tan bonita que todo sacrificio es poco si el fin último es llevarla a cabo. A la ONU así le pareció cuando apoyó la ocupación de Palestina por los judíos. El único reproche que se les puede hacer es no haberles dado un trocito de Europa, la Bretaña francesa o el Estado de Baviera mismamente, para hacer gala de su generosidad. Pero ya sabemos todos que una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Presentación de la colección de poesía "Hecho en Lavapiés"

El miércoles 6 de octubre a las 20.00 se presenta la colección de poesía “Hecho en Lavapiés” de la editorial Amargord en la Sala Triángulo. Entre sus primeros títulos estará mi libro “Decoración de interiores”. Siempre es muy emocionante participar en proyectos nuevos. Espero que os animéis a venir y que seais los primeros en estrenar el libro. Más adelante se hará una presentación exclusiva de “Decoración de interiores”. Os mantendré informados.
La Sala Triángulo está en la calle Zurita, número 20, en el barrio de Lavapiés de Madrid.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La ley del péndulo

Sí, les vamos a dejar que saquen adelante la reforma laboral. No vayas a la huelga general. No respaldes a los sindicatos. Que se hundan con su conformismo y sus verticalidades y sus regalías políticas. Todo huele a caducado, a podrido, y nosotros queremos otra cosa. Por eso llevamos a nuestros hijos a los colegios privados. Para darles algo mejor. Por eso acudimos a la sanidad privada. Para que el médico que te trataría a patadas en su consulta de la Seguridad Social lo haga como solo tú te mereces. Por eso vamos a votar a los partidos que no malgastan el dinero del erario público en servicios que solo benefician a los zarrapastrosos y a los inmigrantes.

Todo lo que se consigue fácilmente deja de tener interés. Y esto de los derechos sociales y del estado de bienestar ha llegado a aburrir, por manido. Habrá que perderlos para poder valorarlos otra vez.

Perderlo todo es el primer paso para poder luchar por recuperarlo.

Todo va y viene constantemente, como las modas. Por eso han vuelto las camisetas rosas, la minifalda, la xenofobia fascista o la guerra santa. Siempre con algún detalle diferente para despistar o con un nombre distinto con que disfrazarse de algo novedoso.

Cuando el capitalismo feroz controle por fin todo el sistema, llegará alguien que dirá que los trabajadores deberían tener ciertos derechos, que las escuelas públicas deberían ser la máxima prioridad, que hay que defender la sanidad pública para que sea más fuerte y eficaz que la privada, y lo miraremos fascinados y aplaudiremos como focas. Nuestra falta de memoria es pasmosa y gracias a ella podemos vivir una y otra vez las mismas cosas como si nunca antes pudieran haber sucedido, como si nuestras ocurrencias fueran algo insólito que solo una sociedad tan avanzada como la nuestra hubiera podido alumbrar.

Hace tiempo que el péndulo avanza con decisión hacia su lado derecho. Démosle un fuerte empujón entre todos para que llegue cuanto antes hasta ese extremo. Solo así podrá iniciar el camino inverso.

martes, 31 de agosto de 2010

Mundos perdidos: De La Parada de los Monstruos al Bar de Beni

(Si os parece largo, lo leéis en tres veces).
El descubrimiento

Tuvo que ser en el año 1999 cuando descubrimos La Parada de los Monstruos. No más tarde. Recuerdo que era por aquella época cuando mi amigo Jesús y yo nos dedicábamos a cerrar bares en Madrid de martes a jueves. Una de aquellas noches, a eso de las tres o las cuatro de la noche, decidimos entrar a aquel bar. La iniciativa fue de Jesús, que ya había estado allí unos meses atrás en unas circunstancias muy parecidas. Había salido de un concierto, era tarde y tenía mucha hambre. Así estábamos nosotros cuando decidimos franquear la puerta de aquel extraño establecimiento.

Había que ir un poco perjudicado para entrar en un sitio así sin poner objeciones. Era un bar cutre, no muy grande, con las paredes pintadas de blanco y una decoración parca en la que destacaba como un puñetazo en el ojo un póster de Leonardo Dantés. En la barra el ornato no mejoraba mucho. Lo más llamativo era una colección de bolígrafos baratos y de promoción tipo Taller Mecánico Manolo que había sobre una cornisa en una serie de vasos de plástico alineados.

Pasamos no sin cierta reticencia, dimos las buenas noches a los pocos parroquianos que había –un par de pelanduscas cincuentonas, un par de borrachos y algún friki solitario- y buscamos en la pared algún listado de raciones o bocadillos. Tres o cuatro carteles destacaban algunas especialidades del establecimiento (algo así como patatas bravas, bocadillo de calamares, tortilla española…), pero por ninguna parte se podía ver un listado completo. Por eso me dirigí al hombre que había detrás de la barra –todavía no sabíamos que se llamaba Benito- y le pregunté con mucha amabilidad si tenía una carta con todas las raciones. Tengo que decir que su tono no fue muy simpático y que, por otra parte, no me extrañó dadas las horas intempestivas y nuestro estado a todas luces lamentable. Esto fue lo que me espetó: “Mira, chaval, aquí no hay carta. Aquí vienen siempre los mismos y ya saben lo que hay. Y si quieres, yo te digo lo que te puedo hacer ahora mismo y ya está”.

Nos ofreció de viva voz un surtido de bocadillos y raciones de lo más típico y, para terminar, algunos platos sorprendentes para las horas que eran. A eso de las cuatro de la mañana estaba comiéndome unos macarrones con tomate que me supieron a gloria.
Lo mejor estaba por venir. Después de dar cuenta de la opípara cena y de algunos botellines para que no se atascara por el camino, tuvimos que pagar un precio que nos pareció ridículo. Recuerdo que pensé que nunca más iría a los chinos de la Gran Vía sabiendo que existía un sitio así.

No recuerdo con exactitud los precios, pero los botellines no llegaban ni de lejos a las cien pesetas, los bocadillos no valdrían más de doscientas y el precio de los cubatas no sería mucho más alto.

Por supuesto que volvimos. Al principio espaciando las visitas. Finalmente con una asiduidad que rayaba la obsesión. Nos dimos cuenta de que en ningún sitio estábamos tan a gusto como allí ni comíamos y bebíamos tan barato. Además estabas como en casa. La cámara con los botellines estaba fuera de los dominios de la barra. Beni te daba un abridor y tú te ibas bebiendo los que te daba la gana cuando te apetecía. Para los refrescos se usaba la misma técnica, pero con la ventaja de que no hacía falta abridor. Todos eran de lata. Solo para los cubatas había que molestar a Benito, que tenía que escanciar el licor en un vaso para que pudieras hacer la mezcla. Cuando el grupo era grande, la cuenta de los cubatas la llevaba echando moneditas en un vaso. Cada cubata, una monedita. Aunque muchas veces ni se molestaba en contarlas. Siempre estaba de acuerdo con lo que tú declarabas haberte bebido.

A Beni lo que más le interesaba era la cocina. Se pasaba el rato haciendo pinchos y te los ponía cuando a él le daba la gana y en la cantidad que él creía conveniente (siempre en exceso, por supuesto). No andaba emparejando pinchos y botellines. No importaba el número de botellines que bebías. Su referente era el tiempo que pasabas allí y el hambre que pudieras tener.

No recuerdo que nunca nadie le engañara en el número de botellines consumido (otra cosa muy distinta es si algunas veces el exceso de alcohol equivocaba la cuenta). Nadie engañaba a Benito. Benito era noble, honrado y generoso y haberle hecho algo así hubiera sido de una inmoralidad imperdonable. Nunca se coló por allí gente despreciable porque Benito era intransigente con la chusma. Si entraba alguien que no le gustaba, lo trataba mal para que se fuera. O lo echaba directamente. Estoy hablando de casos excepcionales. Recuerdo ahora mismo que una vez echó a un carterista y otra a un asqueroso que quiso propasarse con su hija.

En aquellos primeros tiempos íbamos a La Parada de los Monstruos hasta a cenar. Te preparaba la mesa como si estuvieras en un restaurante de verdad y te hacía unas cenas cojonudas. “¡Como los reyes!”, gritaba Benito desde la barra cuando sabía que ibas a alucinar con el plato que te había preparado. El precio de estas cenas sí lo recuerdo: 500 pesetas. Daba igual lo que hubieras comido o las bebidas que hubieras consumido. A Benito le parecía inconcebible que una cena pudiera valer más que eso. Tampoco menos.

Pero sin duda las cenas que más nos gustaban eran las que nos ofrecía a altas horas de la noche, como el día que arribamos a su bar por primera vez. Siempre nos sorprendía con algo especial, como aquella noche en la que nos preparó un cocido extraordinario.

Al principio llamábamos al bar La Parada de los Monstruos porque la fauna era muy parecida a la que nos encontramos en mi primera visita. Para colmo descubrimos que el póster de Leonardo Dantés no estaba allí por alguna extraña desviación del dueño del establecimiento, sino porque era uno de los clientes habituales. Él y Paco Porras se dejaban ver por allí con mucha asiduidad. También era normal encontrarte allí a toda la familia de Benito. Su mujer, María José, le ayudaba fuera de la barra a recoger un poco los cascos y las latas vacías. Y sus hijos, Lorena y Benitín, le ayudaban a ocupar las mesas para que nadie pudiera sentarse en ellas. No era raro encontrarte a Benitín en bata y zapatillas haciendo la tarea en una mesa y a Lorena jugando al parchís o a algo por el estilo con su madre en otra. Si tenemos en cuenta que el local solo tenía cuatro mesas, nos podemos hacer una idea de la situación. Era una familia tan peculiar como el establecimiento.

Mis colegas Jesús y Salva y un servidor, que éramos los más fanáticos del sitio y que trabajábamos por entonces en la Fnac, pronto conseguimos que mucha gente de nuestro curro se pasara por allí. La gente alucinaba tanto con el sitio que no era raro que unos días más tarde repitieran arrastrando a todo su grupo de amigos. Por eso en muy poco tiempo el bar empezó a convertirse en un sitio de moda. En un extraño sitio de moda. No puedo decir que nosotros lo hiciéramos famoso, pero sí que participamos en ello. Los actores y demás currantes jóvenes del teatro Lope de Vega, que estaba al lado, también lo descubrieron y lo popularizaron entre sus amistades. No tardaron mucho tiempo las hordas de estudiantes y de jóvenes de precaria situación económica en aparecer por allí y darse cuenta de que era mucho más rentable pasar allí las noches que irse a hacer botellón. El éxito mediático de Paco Porras y Leonardo Dantés también fue muy importante, pero, desde mi punto de vista, no fue la mejor promoción. Había veces que el local estaba tan lleno que no se podía estar allí. Ellos mismos, Paco Porras y Dantés, dejaron de ir. Pero no me quiero adelantar, que eso sucedió mucho más tarde. Ahora quiero recordar lo bien que lo pasamos en el bar de Beni, que ya no era La Parada de los Monstruos, durante cuatro o cinco años.

El momento de máximo esplendor

La decoración del bar se convirtió en uno de los elementos más importantes. Supongo que cuando Benito vio que la gente joven empezaba a ir a su bar, pensó que tenía que ofrecerles una decoración acorde con sus expectativas. Un buen día llegamos al bar y había llenado las paredes con fotos de cantantes y actores famosos. Muchas de ellas estaban firmadas y dedicadas a Beni. No sé si alguna que no fuera la de Leonardo Dantés era auténtica. La mayoría estaban firmadas con la misma dedicatoria, la misma letra y el mismo rotulador.

Más tarde comprendió que lo mejor que tenía el bar eran sus clientes y empezó a hacerles fotos para colgarlas al lado de las celebridades. Era todo un homenaje estar retratado en una de sus paredes. Sobre todo al principio. Antes de que literalmente empapelara todas las paredes y los techos de fotos. También le gustaba mucho aparecer él en las fotos, sea con algunos clientes destacados o bien haciendo alguna gamberrada. La que más me gustaba a mí era la foto en la que estaba retratado con un burro dentro del bar.

Había otros motivos decorativos, como las banderas que se ponen en las fiestas populares u otros adornos del estilo de la feria de abril, que el primer día siempre pensábamos que los había puesto de forma provisional (una fiesta, un cumpleaños, la Navidad…) y, sin embargo, se quedaban allí normalmente hasta que se caían.

Hasta la bajada a los servicios estaba llena de fotografías y pósters. No voy a extenderme mucho en el tema de los servicios porque merecería un capítulo aparte. Sobre todo porque la limpieza no era exactamente el punto fuerte del negocio. Circulaban leyendas que aseguraban que había clientes que habían bajado al servicio y habían desaparecido para siempre. La verdad es que la leyenda la inventamos nosotros para amedrentar a los novatos que iban por primera vez. Probablemente no estaba mucho más sucio que los servicios de otros bares supuestamente más enjundiosos. En el servicio lo que sí hubo a veces fueron asuntos turbios, algunos incluso que rayaban el acoso sexual, y que me voy a callar para respetar el tono panegírico de este texto.

Llegó un momento que había tanta gente en el local que Beni se vio obligado a rebajar la oferta culinaria. Dejó de lado los platos caseros y se especializó en bocadillos y raciones. Famosas eran sus raciones de venao (aunque todos dudamos de que en verdad lo fuera) y sus raciones de pollo flambeado al ron, que salían de la barra con el plato totalmente en llamas.

En varias ocasiones, algunas revistas o páginas webs que hacían críticas de los bares de tapas de Madrid reseñaron el establecimiento de forma muy positiva. Era Benito el que, orgulloso detrás de la barra, nos enseñaba los recortes. Siempre destacaban la abundancia y calidad de las tapas, el ambiente singular y excéntrico del establecimiento, y el buen humor del dueño y anfitrión.

Algunas veces le eché un poco la bronca a Benito porque no contrataba a nadie que le ayudara. No podía entender que con el bar hasta los topes no tuviera ningún tipo de apoyo dentro de la barra. Él siempre me respondía con la misma gracia: “Pero ¿has visto tú un bar con más camareros que este?”. Y en cierta manera tenía razón. Incluso en los momentos de mayor éxito, cuando toda la calle se llenaba de gente bebiendo porque no cabía un alfiler en el bar, el suministro de bebidas se hacía como en los primeros tiempos. Solo que siempre había alguien por ahí preguntando si teníamos un abridor. Benito estaba muy orgulloso porque el repartidor de la cerveza le había dicho que era el que más pedía de toda la zona.

Como ya dije antes, no creo que el éxito de Leonardo Dantés y Paco Porras beneficiara mucho al local. Pronto Cárdenas aguzó su olfato de rastreador de frikis y dio con él. El día que vi el bar en Crónicas Marcianas me puse de mal humor. Lo que menos necesitaba el local en ese momento era más publicidad. Y menos que intentaran reírse de Benito. Benito podía parecer a primera vista un friki, pero no era un idiota ni quería hacerse famoso. El reportero de frikis no le engañó. El mismo Beni nos contó que le había hecho preguntas para reírse de él y que no le había seguido el juego. Cárdenas quedó inmortalizado en una foto con Benito en una de las paredes, pero ya no volvió más.

A Benito terminaron denunciándolo. Supongo que los vecinos protestaron por el escándalo que había en la calle. No me parece extraño. A veces había dos o tres veces más clientes por las aceras que en el local. Beni tuvo que pagar numerosas multas. También por no respetar la hora de cierre. Antes había sido un local tranquilo que pasaba desapercibido. En aquellos tiempos, sin embargo, se convirtió en objetivo prioritario de la policía local. Al final Benito, incapaz de asumir tantas sanciones, terminó cediendo. Un día llegamos y ya no nos dejaban estar en la calle. Tampoco podíamos estar dentro por la cantidad de gente que había. Ni siquiera nos podía quedar el consuelo de pasar a última hora. A las tres o incluso antes Benito, a su pesar, echaba el cierre y se iba a casa.

Antes de aquella tremenda popularidad que no le dejaba parar ni un minuto pudimos conocer al hombre que había creado aquel bar tan excéntrico y singular. Benito era básicamente un hombre bueno, generoso y simpático. Le gustaba la gente y el sentido del humor. En los primeros tiempos raro era el día que no te contaba un chiste. También le gustaban las fotos, como ya he dicho. Tenía algunos álbumes de fotos dentro de la barra y de vez en cuando nos los enseñaba. Sobre todo las fotos de su juventud, de la época en la que llegó a estar presente en el único concierto de los Beatles en España, aunque, como él mismo explicaba, no le gustaban. O de las de su noviazgo con María José. Siempre estuvo muy orgulloso de que su mujer fuera mucho más joven que él y de habérsela podido ligar a pesar de la diferencia de edad. También nos hablaba de su pueblo, un pueblo de Extremadura al que algún día, cuando se jubilara, volvería como un triunfador después de haber conquistado Madrid. De los únicos sitios que hablaba era de su pueblo y de Benidorm, donde pasaba unos días todos los veranos. Es posible que esa sea la razón por la que estoy escribiendo esto ahora. Este verano fui al Low Cost a Benidorm y nada más llegar y ver las letras horteras con el nombre del municipio que te dan la bienvenida del primero que me acordé fue de Benito. Y fue un recuerdo triste porque en ese momento caí en la cuenta de que ya nunca más podría volver allí ni regresar a su pueblo, como un indiano de otra época, a disfrutar de una jubilación que él, más que nadie, se merecía.

Los últimos años
En los últimos años fuimos poco. No se podía respirar dentro del local y no aguantábamos. Había demasiada gente y el sitio era cada vez más claustrofóbico. Ya no había ningún hueco más para poner fotos y Benito las dejaba caer en cascada desde el techo. Desde la parte de arriba de la barra caían tantas ristras de fotos que a Benito casi ni se le veía. Solo a través de algunos huecos que había dejado podía asomarse de cuando en cuando mientras se afanaba con la plancha y la freidora. Siempre que sacaba alguna ración de pollo flambeado al ron por uno de aquellos huecos yo pensaba que era el fin, que se prendería alguna de aquellas tiras de fotografías y pereceríamos todos atorados en la puerta mientras nos devoraban las llamas.

A veces nos pasábamos por allí para probar suerte, pero lo normal es que no hubiera sitio y que nos termináramos yendo. Siempre, de todas formas, pasábamos a saludarle y le explicábamos por qué nos íbamos. A él le dolía porque, como siempre nos decía, él no olvidaba que nosotros empezamos a ir a su bar antes de que se convirtiera en un sitio de moda. A algunos hasta nos dio el título honorífico de sobrinos adoptivos de Beni: Jesús, Nacho, Álex (que era yo) y sobre todo Juanma, que en aquel bar incluso encontró al amor de su vida. A mí, aunque siempre me demostró su cariño de forma especial, normalmente me llamaba Álex. Yo no le corregía. Era una costumbre que tenía desde que nos habíamos conocido y hasta me gustaba. Eran cosas nuestras.

El triste final
Benito murió creo que hace ya tres o cuatro años. Ya he dicho que no soy bueno para las fechas. Sí recuerdo que para darme la funesta noticia me llamó mi amigo Nacho. Algo simbólico, pues nuestra amistad se fraguó en el bar de Beni. Me dejó hecho polvo, aunque no me sorprendió demasiado. Sabíamos que estaba mal. Poco tiempo antes de su muerte estuvo muy grave. Lo ingresaron en el hospital y creo que incluso llegaron a operarle. Después de superar aquel trance el bar volvió a abrir sus puertas y una noche su mujer nos contó que las condiciones en las que trabajaba no eran buenas para su salud. El ambiente de aquel bar, con tanto calor y tanto humo, resultaba muy pernicioso para lo que fuera que padeciera. Pero Benito no sabía vivir de otra manera y no supo parar. Él solo se sentía bien trabajando día y noche. Muchas veces su mujer nos contaba que el día que libraban todo le aburría y no quería hacer nada.

Todos sabíamos que el bar desaparecería con él porque él era el bar. No había sustituto posible. La fachada del bar se llenó de coronas, de ramos de flores, de poemas, de cartas y de dibujos para despedir al hombre que tan generoso había sido con todos nosotros. De todos los epitafios y elegías que se amontonaron en aquella fachada me quedo con el dibujo que había en una cartulina. Se veían las puertas del Cielo y un camino que conducía a ellas. Ese camino se bifurcaba poco antes de llegar al final y aparecía un pequeño sendero que conducía hasta el bar de Benito, que estaba en una de las nubes aledañas al Paraíso. No hace falta decir que ese era el camino que la gente elegía al llegar al otro mundo.

Esta es la historia -mi historia- del bar que empezó siendo la Parada de los Monstruos y terminó siendo el bar de Beni, aunque él siempre mantuvo en la puerta el nombre original, que no era otro que bar Gran Vía, a pesar de que estaba en la calle Isabel la Católica, una de las calles que unen la Gran Vía y la plaza de Santo Domingo. En Facebook todavía podéis encontrar una página dedicada a su memoria. Si os apetece echar un vistazo, buscadla como Bar Benito “Beni”.

Muchos de los que conocimos a Beni todavía esbozamos una estúpida sonrisa cuando nos acordamos de él. El recuerdo tiene su punto amargo cuando comprendemos que es muy difícil que volvamos a encontrar un sitio así. Nos queda la satisfacción de poder decirle a todos los que solo han conocido este bar por referencias y comentarios que nosotros sí estuvimos allí.