lunes, 2 de febrero de 2009

Qué bien pensado está el mundo: los políticos

Con los políticos sucede muchas veces que los árboles no nos dejan ver el bosque. Como somos malintecionados y retorcidos, nos gusta cebarnos con ellos. Solo vemos todo lo malo que hacen y nunca valoramos todo lo que nos aportan. Somos unos desagradecidos. El mundo sería un caos sin los políticos. Y además mucho más aburrido.

Imaginaos un mundo sin nadie que se quisiera hacer cargo de poner un poco de orden. A los amantes de la anarquía se les pasaría la tontería en cuanto un par de capullos les patearan el culo. Es estupendo y transgresor ser anarquista en un mundo aburguesado, pero no lo sería en un mundo sin normas. Como lo de ser apolítico. Está muy bien serlo cuando el mundo funciona. Pero si dejara de llegar el agua a nuestras casas, si nos asaltaran impunemente en mitad de la calle, si nos despidieran sin ningún tipo de indemnización empezaríamos a preocuparnos por la política. Porque los seres humanos no podemos ser buenos porque sí. Somos como los niños. Necesitamos que alguien nos vigile y nos amenace con castigos terribles para que hagamos las cosas bien: conducimos correctamente si nos quitan el carné o nos ponen una multa morrocotuda, trabajamos solo si nos vigila el jefe o si nos pueden despedir, no nos peleamos para que no nos lleven a juicio... Mano dura es lo que necesitamos para que el mundo funcione. Y para eso hace falta alguien que ponga en marcha los funcionamientos represores del Estado que evitan que no nos jodamos los unos a los otros.

Los políticos son los que nos salvan de nosotros mismos. Los políticos por elección democrática o los políticos que ocupan el poder de forma dictatorial. Eso da lo mismo. Los resultados muchas veces pueden ser muy similares. El caso es que haya alguien que ponga un poco de orden y, sobre todo, que nos libere a todos los demás de la responsabilidad de tener que decidir algo.

¿Y cómo les pagamos a estos esforzados individuos que se sacrifican por el bien de la comunidad? Cuando somos generosos, con el desprecio más absoluto. Lo normal suele ser que nos riamos de ellos, les insultemos y les hagamos responsables de todo lo malo que pasa. Les responsabilizamos incluso de las gilipolleces que hemos hecho nosotros. Que has pedido más préstamos de los que podías asumir y no puedes pagarlos, la culpa es del gobierno. Que te han despedido porque eres un incompetente y en lo único que destacabas era en el arte del escaqueo, la culpa es del gobierno. Que no te preocupas por tus hijos y no consiguen sacarse la ESO, la culpa es del gobierno. Y si eres seguidor acérrimo del partido que está en el gobierno, pues puedes responsabilizar a la oposición por sus maniobras desestabilizadoras o al gobierno de la anterior legislatura. Solo blasfemar reduce el estrés tanto como cagarte en los políticos y en la madre que los parió.

Y no nos olvidemos de la aportación que hacen los políticos al show business. Son ellos los encargados de amenizar los telediarios. Lo que nos reímos de sus cabreos, de sus rencillas personales, de sus intrigas, sabotajes, golpes bajos, conjuras y putadas. La que liamos cada vez que dicen algo inapropiado y un astuto periodista lo saca de contexto y lo magnifica. O lo a gusto que se queda uno cuando ve que un político tiene que dimitir por su propia incompetencia o por la de su camarilla.

También podemos tomarnos todo esto de la politica de forma competitiva y vivirlo con la misma emoción que la liga de fútbol. Afiliaos a algún partido político o simplemente haceos simpatizantes y disfrutad de las grescas y los enfrentamientos con los partidos rivales. No se trata de tener ideas, sino de defender siempre a los tuyos por más disparates que propongan y de cuestionar siempre las opiniones y los actos de los otros, independientemente de que puedan haber hablado o actuado de forma juiciosa.

Ser político en democracia no es fácil. Tiene mérito. Incluso los políticos más queridos tienen a casi la mitad de la población que los odia o los desprecia. Cada día les evaluamos su trabajo. Saben que pueden ser cesados en cualquier momento. Nunca les hacen contratos indefinidos ni les renuevan por más de cuatro años. Y se puede pedir su cabeza a modo de dimisión por cuestiones tan inexorables como que nieve más de la cuenta o como que algún capullo arroje una colilla y el monte eche a arder.

Viendo la puñetera vida que llevan esos esforzados ciudadanos que sacrifican su tranquilidad personal por el bien común, comprendo perfectamente que muchos terminen utilizando sus cargos para robar o para benficiarse del tráfico de influencias. Qué menos después de tantos desvelos. Si no tuvieran esos emolumentos extraordinarios dudo que mucha gente quisiera dedicarse a una profesión tan procelosa. Solo algún idealista con tendencia al sadomasoquismo podría querer un trabajo así sin tener ningún extra, que no digo yo que no haya nadie así.

Sea como fuere, el caso es que de momento se dan hostias -metafóricamente hablando- para ocupar los asientos del Congreso. El mundo está a salvo. Deberíamos sentirnos afortunados por tener a tantos hombres y mujeres que se dedican a la política y que malgastan su tiempo intentando poner orden en esta cosa caótica y absurda que generosamente llamamos vida.

3 comentarios:

Birubao dijo...

Esta claro que si no vales para otra cosa ser político es lo mejor. Nunca tienes que afrontar la realidad y está bien pagado. Sólo hay que chupar el culo adecuado y eso no es nada fácil.

Jairo Rojas dijo...

Comparto con usted eso de que los políticos, en el fondo, son el móvil de muchas obras, por ejemplo algunos temas musicales. Sin políticos no existirían temas como éste http://www.youtube.com/watch?v=e6lnSz2zDTg o cualquiera de Ska-p y eso es un vacio inconcebible. Y, obviamente, ellos no son culpables de todo, pero a alguien hay que echarle la culpa.

Félix Chacón dijo...

"Sr. Cobranza" de Bersuit, gran tema, sí señor, y gran vídeo. Trabajaba yo en la Fnac cuando se publicó en España y pude conseguir el vídeo promocional en VHS. Todavía lo conservo. Aunque ahora con Youtube está a disposición de todo el mundo. Pasen y vean si no lo conocen.