lunes, 8 de diciembre de 2008

Que se vayan todos los inmigrantes

Pues sí, después de darle muchas vueltas al problema de la crisis creo que lo mejor sería que se fueran los inmigrantes. Todos. Paradójicamente, acabo de llegar a la misma conclusión que el más cazurro de España. Sin embargo, mis razones van más allá de las del cazurro, que echa la cuenta de la vieja y piensa: "Si hay casi tres millones de parados y los inmigrantes tienen casi dos millones de puestos de trabajo, que se vayan todos y así reducimos el paro". No es tan simple.

Yo quiero que se vayan para que se callen de una vez todos los que no paran de pedir que se controle más la inmigración. Curiosamente suelen ser los mismos políticos que se llaman a sí mismo liberales y que pregonan a los cuatro vientos las virtudes del mercado libre. Mercado libre: libertad de comercio, libre competencia, arbitrio de las leyes de la oferta y la demanda, estado no intervencionista... Lo que no entiendo es por qué luego quieren que el estado intervenga para que controle la inmigración. No podemos creer en las leyes del mercado sólo cuando nos conviene. Si es verdad que el mercado se autorregula mediante la oferta y la demanda, no sé por qué no confían en él para que se autorregule la inmigración. Si se necesita gente para trabajar, vendrán inmigrantes. En caso contrario, dejarán de venir. ¿Por qué hay que vigilar entonces las fronteras?

En este punto además los defensores del libre mercado cuentan con el apoyo de casi toda la población. ¿Por qué? Porque nuestras perturbadas mentes de primer mundo con alardes de nuevo rico nos conducen a todos a tomar una postura intermedia que nos deje la conciencia tranquila cuando vamos a dormir: "A mí no me importa que vengan los inmigrantes, pero que vengan sólo los que hagan falta". Lo que traducido a un lenguaje más sincero e hiriente quiere decir: "Que vengan sólo los inmigrantes que necesitamos para abusar de ellos, para explotarlos y pagarles una miseria por trabajos que no quiere hacer ningún español". Pocos inmigrantes trabajan fuera de la construcción, la hostelería y el servicio doméstico. Pocos ganan un buen sueldo. Ya dice el refrán que ni sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió.

Por todo eso quiero que se vayan todos los inmigrantes. Para no tener la sensación de que somos unos miserables y unos explotadores que se aprovechan de las miserias ajenas. Yo preferiría que se abrieran todas las fronteras del mundo y vinieran todos los que quisieran, pero como eso no lo van a permitir, que no venga ninguno. ¿Cuál es el criterio moral para permitir que unos vengan y otros no? O todos o ninguno. Demasiado arbitrario, demasiado injusto, si no es una redundancia decir que algo es injusto cuando ya es arbitrario.

Así que ya está: que se vayan todos. El populacho celebrará la medida y las personas con escrúpulos dejaremos de sufrir inútilmente. Pero vamos con calma, que esta operación no es tan sencilla. Hay que organizarse primero antes de tomar medidas apresuradas y de impredecibles consecuencias. Estamos hablando de unos cinco millones de inmigrantes. No podemos hacerlos desaparecer de la noche a la mañana sin tomar ciertas precauciones. Debemos pensar, antes de nada, en las consecuencias buenas y malas de esta decisión.

Entre las consecuencias buenas destaca sobre todo que nos van a dejar un montón de puestos de trabajos por cubrir, tanto legales como ilegales. La mayoría de los trabajos que desempeñan pueden realizarlos perfectamente los españoles: albañilería, hostelería, limpieza... Seguro que hay muchos españoles deseando ocupar esas plazas. Sólo en algunas profesiones echaremos de menos a los inmigrantes. Se me vienen a la cabeza dos: el fútbol y la prostitución.
Supongo que en el fútbol no tendremos ningún problema para rellenar las vacantes con las figuras nacionales que normalmente se ven relegadas a equipos de tres al cuarto por culpa de la inmigración. Lo de las prostitutas va a tener peor arreglo. Tendremos que hacer algo así como lo que hacían en la película "Amanece, que no es poco", que votaban quién iba a ser la puta del pueblo en las elecciones municipales.

En el lado negativo hay que contar de antemano con la desaparición de muchos puestos de trabajo. Muchos de nosotros tendremos que renunciar a nuestra profesión de forma altruista por el bien de la patria. Si se van cinco millones de personas van a sobrar profesores, médicos, arquitectos, agentes inmobiliarios, abogados... También habrá que cerrar algunos negocios, sobre todo tiendas. Muchas probablemente no tengan que cerrar, pero tendrán que reducir sus plantillas. Y en las fábricas pasará algo parecido.

Lo primero que se tendrá que decidir es el número de profesionales que van a tener que dejar sus empleos y el número de negocios que tienen que cerrar. A continuación, habrá que pedir voluntarios que quieran cesar en sus puestos por el bien del país. Estoy seguro que un montón de patriotas se sacrificarán de forma altruista. Qué importa tener que dejar un trabajo de arquitecto y trabajar de albañil si así salvamos España. O dejar la tiza y la pizarra para servir cañas detrás de una barra. Pensemos en el país antes que en nosotros mismos.

En el momento que estén claras las listas de renuncias por profesiones y el número de autónomos que van a cerrar sus negocios, podremos poner en marcha el plan de deportación masiva de inmigrantes. Y la repatriación será forzosa y sin excepciones.

Todo esto hay que estudiarlo bien antes de dar ningún paso. Yo me he erigido en consejero áulico, pero tiene que ser el gobierno el que con gente más preparada que yo desarrolle el proyecto.

Algunos puntos flojos que habrá que revisar:

1.¿Qué pasa con los inmigrantes ilegales? ¿Cómo impediremos que entren nuevos inmigrantes si muchos aprovechan un viaje turístico para atravesar nuestras fronteras? ¿Cómo impediremos que los delincuentes internacionales utilicen estas mismas vías para entrar en nuestro país? Pues habrá que estudiar la posibilidad de prohibir el turismo. La gente piensa que es fácil controlar la inmigración, pero no lo es mientras los extranjeros tengan derecho a atravesar nuestras fronteras con la excusa de ir de vacaciones.

2.¿Y qué pasa si la gente se niega a dejar su empleo voluntariamente? Pues que no podría llevarse a cabo el plan. En tal caso, insto al gobierno a que abra de par en par las fronteras, porque, como decía al principio, es injusto y poco ético permitir la entrada a unos y negársela a otros. Esa es la situación discriminatoria que tenemos en la actualidad y hay que poner remedio. Aunque solo sea por el respeto que le debemos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Aquí dejo mi idea sin derechos de autor para quien la quiera aprovechar. Contribuyo así de forma altruista y desinteresada a subsanar los males de mi patria. Si se pone en marcha, espero que se abstengan de preguntarme si me presento voluntario para dejar mi trabajo. Creo que mi contribución a la causa es ya más que suficiente. Y además acabo de aprobar una oposición y no me parece lógico, después de tanto esfuerzo, poder disfrutar de mi puesto de funcionario tan poco tiempo.